Crisis en Facebook
Zuckerberg fue al Congreso para mostrar que puede seguir siendo el CEO de Facebook 
Por Martiniano Nemirovsci, Télam 

Fue para mostrar que puede seguir siendo el CEO. Pidió perdón, aseguró que su empresa no asumió a tiempo la responsabilidad que debió haber tenido por la relevancia política del caso y se hizo cargo de (una parte) del asunto. Nada más. Mark Zuckerberg pasó por el Congreso estadounidense sin aportar novedades relevantes sobre ninguno de los escándalos internacionales que atraviesa Facebook.
"Yo inicié Facebook, lo dirijo y soy responsable de lo que sucede aquí". El joven CEO repitió esa frase en sus dos apariciones, como si fuera un mantra. Palabras que ya había adelantado al Congreso el lunes en un texto del cual prácticamente no se movió, pese al zarandeo de senadores y diputados. 
Con frases como "no estoy al tanto de eso", "lo desconozco" y "mi equipo se contactará con usted para seguir el tema", Zuckerberg esquivó durante las dos jornadas las preguntas más comprometidas. En cambio, se limitó a confirmar prácticas que ya eran un secreto a voces, como que la red social recolecta información incluso de personas que no son usuarias de la plataforma, o a describir una serie de medidas que la empresa ya había anunciado tras el inicio del escándalo con Cambridge Analytica. 
Entre estas, que la compañía viene limitando desde 2014 la cantidad de datos personales que los desarrolladores de aplicaciones pueden extraer de la plataforma. Hasta ese momento, Facebook brindaba la posibilidad de que programadores externos recogieran a través de una API -una interfaz de programación- información de las personas que descargaban la aplicación, y la de sus amigos. Ese tratamiento de la información personal fue el que le permitió al profesor Alexandr Kogan obtener los datos de 87 millones de usuarios de la red social, pese a que su app había sido descargada por 270 mil personas, y luego supuestamente vendérselos a Cambridge Analytica. De ahí que en todo este escándalo no se hable de "robo" ni de "filtración" ni de "hackeo", sino de "uso indebido" de datos. Porque nadie le robó datos a Facebook: fue la propia empresa la que los puso a disposición durante años.
Pero Zuckerberg no respondió la pregunta del millón: cuántos (o cuáles) desarrolladores usaron esa API hasta 2014. Porque la app de Kogan es solo una de las cientos o miles (o millones) que pudieron echar mano a ese recurso invaluable: los datos personales de los usuarios de la red social más usada del mundo. Agencias de inteligencia, laboratorios médicos, fuerzas policiales, hackers y todo tipo de empresas pudieron haberse hecho de esa información. 
Así como Cambridge Analytica, entre otras menos resonantes, usaron esos datos personales para desarrollar un software electoral, el próximo gran escándalo bien podría tener como protagonista a una firma de venta de medicamentos que con esa (big) data creó perfiles de personas con tendencia a la adicción, para venderles un remedio.
Zuckerberg no aclaró ese punto turbio. Más aún, por momentos rozó el cinismo: el joven CEO que en solo 14 años amasó gracias a la venta de publicidad la quinta fortuna más abultada del mundo -según el ranking que elabora la revista Forbes-, repitió otro mantra. "Mi máxima prioridad siempre ha sido nuestra misión social de conectar a las personas, construir comunidad y acercar el mundo. Los anunciantes y desarrolladores nunca tendrán prioridad sobre eso mientras yo esté al frente de Facebook". 
Sin embargo, además de no aportar novedades ni siquiera se comprometió a modificar las configuraciones de privacidad por defecto, para que usar Facebook sea más seguro. Y tampoco se mostró favorable a tocar su exitoso modelo de negocio, basado en la venta de publicidad gracias a la segmentación de la audiencia en función de sus intereses. De hecho, tras sus apariciones las acciones de la compañía repuntaron en la Bolsa de Nueva York.
Quizás sea aquí donde esté el sentido de su visita al Congreso, donde se presentó voluntariamente. De forma inusual, se vistió con saco y corbata. Fue correcto, calmo. Pidió perdón, asumió su "error", su responsabilidad, y contra la opinión creciente de que debe dar un paso al costado, el joven de 33 años quiso mostrar que él es el indicado para seguir siendo el CEO de Facebook.