Un niño con autismo construyó con piezas de Lego la maqueta del Titanic más grande del mundo

Brynjar Karl Birgisson de 15 años, quien padece un trastorno del espectro del autismo (TEA) construyó la maqueta del Titanic más grande del mundo con piezas de Lego. El niño islandés, que comenzó su aventura en este proyecto con 10 años, ha conseguido que su hazaña se exponga en un museo de Estados Unidos.

Al comienzo, el niño usó 56 mil ladrillos Lego para hacer la réplica, que mide ocho metros de largo y 1,5 metros de alto. "Aunque después de que se rompiera la parte frontal, tuvimos que comprar más. Llegué a necesitar 65.000 piezas en total", contó Brynjar, quien se reconoce como un gran amante de Lego desde los cinco años, según dijo a la CNN. La empresa le hizo una importante rebaja en sus productos al niño para que consiguiera su objetivo para el que, además, necesitó 120 tubos de pegamento.

La supermaqueta del Titanic ya ha sido expuesta en museos de Islandia, Suecia, Noruega y Alemania y ahora viajará a Tennessee (Estados Unidos). Su creador también asistirá al acto previsto para el próximo 21 de abril. No es la primera vez que Brynjar va a este país. El niño ya estuvo allí para explicar a otros niños su historia con el autismo y la gran maqueta del Titanic.

Brynjar ha explicado que el proceso de construir el Titanic le ha ayudado mucho con su autoestima: "Cuando comencé el proyecto casi no podía comunicarme con los demás y ahora estoy aquí parado, en un escenario, y dando entrevistas. Me ha dado confianza".

Y agregó que al empezar el proceso de construcción "tenía a una persona ayudándome en la escuela en cada paso que daba, pero hoy estoy estudiando sin ningún tipo de apoyo. Mis notas han mejorado y mis compañeros de clase me consideran su compañero. He tenido la oportunidad de viajar, explorar y conocer personas maravillosas. Esta experiencia me ha ayudado mucho con mi autismo", declaró a The Guardian.

El TEA es un trastorno neurobiológico del desarrollo que se manifiesta durante los tres primeros años de vida y que perdurará a lo largo de todo el ciclo vital. Fundamentalmente, afecta la capacidad de una persona para comunicarse y relacionarse con otros, la imaginación y la conducta entre otras cosas. También, está asociado con rutinas y comportamientos repetitivos.

Los síntomas pueden oscilar desde leves hasta muy severos. La incidencia es de unos 60 casos por cada 10 mil niños.

Fuente: El País de España.

 

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