Guillermo Rodríguez tenía 81 años y murió el viernes de un infarto mientras manejaba en Buenos Aires. Oriundo de la ciudad de Caucete, en San Juan, fue el responsable de izar la bandera argentina en las Islas Malvinas tras el desembarco de las tropas argentinas el 2 de abril de 1982.

Según consignó el Diario de Cuyo, Rodríguez viajaba junto a su mujer y a la altura de Chivilcoy sufrió un infarto que lo llevó además a protagonizar un accidente automovilístico. Mientras era trasladado en ambulancia sufrió un colapso y murió.

Aquél día 

En la noche del 1 de abril de 1982 Rodríguez recibió una orden que luego se transformó en el orgullo de su vida. En el hangar del helipuerto del buque Santísima Trinidad, en medio del mar y a horas del desembarco, el comandante de aquel equipo de comandos de la Marina, Guillermo Sánchez Saborots, le dijo: “Mayor, tome este paquete. Hay dentro tres pabellones argentinos, los dos más chicos son para el capitán Giachino y para la patrulla que va a volar el puente. El más grande es para usted, para izar en el primer palo que encontremos cuando tomemos el cuartel”.

Fue así como Rodríguez protagonizó el primer izamiento de la bandera argentina en las Islas Malvinas en la madrugada del 2 de abril de 1982. Y no en cualquier palo, sino en el mástil del cuartel de los Royal Marines.

“Desembarcamos la noche del 1º de abril, a las 23.15 tocamos playa. Todos nos pusimos contentos, porque siempre habíamos estado haciendo ejercicios todos los años y se dio la oportunidad real que era ir a Malvinas”, añadía el veterano. Sin embargo, al llegar al cuartel de la marina inglesa, con un megáfono solicitaron la rendición de las tropas británicas. Pero en el lugar no había nadie y los ingleses ya los estaban esperando.

“Ellos sabían que nosotros íbamos y lo habían desalojado el día 1º a las ocho de la mañana y se fueron a cubrir los puntos estratégicos que ellos consideraban como la casa del gobernador, el aeropuerto, el faro, el puerto y dos o tres más”, recordó en una oportunidad.

Rodríguez integraba un grupo de elite, altamente preparado y elegido especialmente para hacer el primer desembarco. Salieron de Mar del Plata el 24 de marzo rumbo a Puerto Belgrano y días después, hacia las islas. Hasta entonces, creían que era para hacer ejercicios de rutina. Pero después, ya en medio del mar, les dijeron el motivo de la misión.

Una vez que pisaron tierra, en una zona de acantilados, dejaron los trajes de neoprene y se separaron. Un grupo fue hacia la casa del gobernador, otro a un puente clave y Rodríguez, junto a otros hombres, al cuartel de los Royal Marines.

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