“Hay piedras con ambición, con deseos de ser más que simples rocas”

Si se observa con detenimiento pueden hallarse mandalas perfectas a orillas del río El Tala, y lienzos amplios y suaves en el curso del Mojotoro. Pero si lo que se busca son duendes lo mejor es el Wierna, y para las lechuzas y los búhos no hay nada mejor que el río Mojotoro.
Lo que para los ojos distraídos de la gente común solo son rocas, para Karina Álvarez son infinitas formas de aves y criaturas fantásticas. Los ríos de la provincia se transforman así, en una inmensa cantera de arte.“El verdadero mérito es de las piedras, que con sus excelentes formas y deseos de ser algo más que una simple roca se muestran en todo su esplendor a orillas de los ríos. Yo solo sigo sus líneas y le doy color”, expresó la artista plástica, que se hizo famosa por pintar cantos rodados.

Las rocas 


Su materia prima se halla en los innumerables cursos de agua que riegan la extensa geografía salteña.
“Aquí cada río tiene su particularidad, en cuanto a piedras se refiere. Solo en Salta encontré cantos rodados con tanta ambición”, expresó esta mujer cordobesa, quien se instaló definitivamente en la provincia hace 28 años.
Todo comenzó como un hobby hace algún tiempo -recordó Álvarez en diálogo con El Tribuno-. “Vi algunas figuras por internet que me llamaron la atención. Luego bajé las imágenes y me animé a adaptarlas a piedras que tenía en casa. Fue así que fui puliendo la técnica a la que llamo simplemente ‘pintura sobre piedra’”. 

Contó que los fines de semana, como quien sale a tomar unos mates en familia, recorre los ríos la provincia en busca de materia prima.

Materiales

En sus obras, Karina usa acrílicos y barnices marinos, entre otros materiales. Al consultársele el por qué de las lechuzas y los búhos, puntualizó: “Observando bien las piedras te das cuenta que sus formas son lo más parecido a las aves y, particularmente, a los búhos y las lechuzas”. 
Aclaró, además: “Los pinto por lo que representan. Por ejemplo, los búhos en el norte son considerados animalitos que dan suerte, pero lo que realmente representan es la sabiduría, ya que era la mascota de la diosa griega Atenea, la diosa de la sabiduría”.
El tamaño no es impedimento a la hora de crear. Las pinturas las plasma en piedras muy pequeñas, de tan solo dos o tres centímetros, hasta rocas de más de un metro de longitud y varias decenas de kilogramos de peso.

“Solo me limita el tamaño y el peso de los materiales, el día que consiga un zamping -autoelevador- voy a trabajar sobre rocas verdaderamente grandes”, contó la mujer mientras sonreía, tal vez imaginando figuras que ya tiene en mente.

Una pasión y un medio de vida

La pasión con que trabaja Karina Álvarez se ha convertido en un verdadero emprendimiento y contagió a muchos entusiastas capitalinos, tanto que ahora brinda talleres de “Pintura sobre piedra”. 
“Este año tengo proyectado enseñar la técnica a más personas, porque es una muy buena fuente de ingresos y hay que aprovecharla. Nuestros ríos contienen gran cantidad de materia prima y el turismo que tiene Salta puede ser el motor para que mucha gente salga adelante”, explicó la artista. Sobre este punto agregó: “Confío en que el deseo y la energía que me incentiva a mí a realizar esto, se convierta en un mensaje para quienes están sufriendo por la crisis del país y que les sirva de estímulo para que aprovechen las oportunidades que les brinda la naturaleza”. 
Dijo estar segura que “con esfuerzo vamos a salir adelante, porque tenemos la capacidad de hacer todo lo que imaginemos”.
Pinta por las noches y durante el día dicta los cursos y atiende su negocio de piedras. Es la rutina que fue moldeando, como las aguas a las rocas, y que la hace sentir plena.



 

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