Leonel Rajal, otro soñador  riverplatense de estos pagos

La historia de Leonel Rajal se escribe todos los días desde las 5 de la mañana. Este salteño madrugador toma el tren en San Miguel, provincia de Buenos Aires, para desembarcar una hora y media después en el estadio Monumental. Allí alimenta sus ganas de ser algún día un profesional del fútbol. Vivir del deporte más popular. Él asegura ya estar viviendo su sueño.
Leonel es uno de los tantos salteños que forjan su futuro en el fútbol grande, lejos de sus orígenes; y River Plate le abrió las puertas hace ya tres años. 
Nacido el 13 de enero de 2000, este joven se desempeña en la quinta división del millonario y recibe órdenes directas de un reconocido ex-jugador de la banda: Juan José Borelli. “Yo ya estoy viviendo mi sueño, ojalá algún día pueda triunfar en Primera”, dice ilusionado en El Tribuno. “Se que todo es sacrificio y solo me mentalizo en trabajar duro”, agrega.
Una vez que llega al mítico estadio millonario, y después de un desayuno en manada, Rajal se mezcla entre tantos otros jóvenes que buscan ser las futuras estrellas del club de Nuñez; y se suben al colectivo hasta la zona de Ezeiza.
Ya en River, la motivación es otra. Las inferiores del millonario comparten el predio con los top. Leonel cuenta de los permanentes contactos con los jugadores de primera. “Son muy buenos, te saludan todos, nadie te hace sentir menos y una vez llegue a entrenar con Arturo Mina (el defensor ecuatoriano que tuvo poco rodaje en el principal equipo que dirige Marcelo Gallardo)”, recuerda. Por supuesto, le sobran las fotos con Leo Ponzio o con Andrés D’Alessandro.
Leo es delantero, enganche o media punta. También se adapta a jugar por las bandas, contra las cuerdas. Y, lógicamente, tiene a Lionel Messi como ídolo. También admira a Neymar y a Cristiano Ronaldo. Quiere ser como ellos. “Tengo la característica de encarar, meterme en el medio, gambetear o buscar una descarga”, se autodefine.
¿Pero cómo es que llegó este salteño a uno de los clubes más poderosos del país? Hay que retrotraerse en el tiempo. 
Leonel se fue de Salta cuando tenía apenas 3 años. A su padre Erik, de profesión militar, lo mandaron al sur. 
En la pequeña localidad de 28 de Noviembre, en Santa Cruz, jugó por primera vez a la pelota. A los 11 (en el 2012), volvió a sus pagos. Se inscribió en el Club Los Cachorros, pero él vivió en el barrio Santa Lucía, a donde vuelve siempre en las vacaciones para compartir sus días con sus abuelos Pedro y Elena. “Ahí están mis amigos, todos los años vengo a verlos, me preguntan cómo es el Mundo River y yo les cuento todo”.
Siendo parte de las inferiores del tricolor, jugó en el tradicional torneo Los Cachorritos ese año. Luis Pereyra, de Argentinos Juniors, que había participado en el certamen infantil, lo observó. Tres días más tarde Leo ya estuvo en La Paternal, negociaciones mediantes con los padres, por supuesto. Mamá Erica también debió dar el consentimiento. 
Rajal conoció un nuevo mundo. Había otras razones para crecer y soñar. Pero también hubo momentos de dudas, un bajón. Por aquellos años, Argentinos entró en una profunda crisis económica que lo obligó a ceder el presupuesto de su cantera, cerró pensiones y Leo debía mantenerse solo, sin ayuda del club. En aquellas vacaciones de julio su representante, Hernan Berman (es el manager Jonathan Maidana, Gabriel Mercado, Kranevitter y Ariel Rojas, entre otros), entró en acción para acercarlo a River. Una semana y media de prueba fue suficiente para formar parte de la familia millonaria.
El delantero salteño recordó también una gran diferencia con la preparación de inferiores que recibió en Salta, con respecto a la de los clubes de Buenos Aires: “Acá es como poner la pelota en el piso y jugar, hacer partidos, divertirnos. Cuando fui a Argentinos eran cosas más serias, tareas tácticas, hacer velocidad con fuerza. Mis padres se preguntaban, ¿cómo me pueden hacer correr tanto? Yo quería jugar al fútbol, pero ahí nos pedían otra cosa”.
Volviendo a los tiempos actuales, Leonel no solo corre detrás de la pelota y de un sueño. También estudia. Lo hace en el colegio virtual del club millonario aprobado por el Ministerio de Educación de la Nación. “Los exámenes finales son presenciales”, aclara el salteño. Allí trabajan con tutores que apuntalan el trabajo pedagógico y académico de los jugadores-estudiantes. Leo espera recibirse en el 2019. Y, claro está, también se imagina lo otro.
A las clases las toma luego de duras mañanas de entrenamientos y el almuerzo. A las 18 ya está en casa otra vez y descansa junto con su familia que recién este año pudo ir a vivir con él. Y otro capítulo de la vida y los sueños de Leo se escribe al día siguiente...

 

  • Cerca de la U de Chile

Cuando Leonel Rajal jugaba los campeonatos infantiles, mientras vivía en la localidad 28 de Noviembre, emisarios de la Universidad de Chile lo observaron y le hicieron una propuesta a los padres para trasladar su residencia a la capital chilena. Inclusive le ofrecieron trabajo al papá. El salteño llevó a probarse en la U, pero fue en ese momento cuando su padre fue transferido a Salta. Allí tuvo que abandonar el sueño de jugar en uno de los grandes clubes trasandinos. 
 

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