Andrés Manuel López Obrador recibirá un México aterrorizado por el crimen, con miles de muertos y desaparecidos y más de 200 grupos criminales operativos que han infiltrado todas las fuerzas de seguridad.

El 3 de enero de 2018, cuando todavía era precandidato a la Presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador dijo en un mitin en Izamal, Yucatán, que uno de sus compromisos era enfrentar la inseguridad y la violencia. Ahí, se comprometió a pacificar al país en tres años. "A mitad del sexenio ya no habrá guerra", enfatizó.

Ahora, como próximo presidente de México, tendrá la oportunidad de poner en práctica un nuevo proyecto para terminar con el crimen en el que contempla proponer al Congreso una ley de amnistía para gente involucrada en el narco, en casos específicos hasta un indulto, y presentar una propuesta para la despenalización de la siembra y trasiego de marihuana.

"El objetivo es cerrar el ciclo de guerra, de violencia que vive nuestro país, sin pasar por la impunidad", aseguró el próximo secretario de Seguridad, Alfonso Durazo Montaño.

La pacificación es uno de los 10 puntos que contempla el programa de López Obrador. "El primero es cerrar el ciclo de guerra. El segundo, lograr un punto de inflexión de la violencia criminal en un plazo de 180 días. Número 3: recuperar la confianza de la sociedad en los cuerpos de seguridad. Cuatro: afianzar la estrategia en un plazo de tres años y, finalmente, entregar un país en paz y tranquilidad en 2024".

Entre 2000 y 2005, López Obrador fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México, considerada la más peligrosa del país. Logró estadísticas positivas pero el problema, a juicio de analistas, es que han pasado 13 años y en ese tiempo el crimen organizado ha crecido, se ha fragmentado, se ha diversificado y se ha vuelto más violento.

La tasa de homicidios disminuyó durante su gobierno de 9,01 casos por cada 100.000 habitantes hasta 7,32. La cifra de secuestros, que estaba en 141 por cada 100.000 habitantes, disminuyó a 103 en 2005. El robo de vehículos, los asaltos a transeúntes y la extorsión registran cifras a la baja.

Iván Briscoe, director del Crisis Group para Latinoamérica y El Caribe, consideró que el proyecto AMLO es muy parecido al que implementaron Antanas Mockus, como alcalde Bogotá, Colombia, y Sergio Fajardo, en Medellín: fortalecer procesos de inserción social y medidas para los más pobres, y crear un sentido cívico, lo cual dio resultado en estas ciudades, pero llevó la violencia a otras capitales.

Actualmente, los dos grandes cárteles en el país, Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, mantienen una lucha sangrienta por apoderarse de territorios y su interior enfrentan también violentas divisiones. Hace 13 años en México se hablaba de entre 9 y 11 cárteles, ahora, después de la fragmentación se habla de más de 200 grupos criminales, de algunos ni siquiera se sabe quiénes son los líderes.

Una de las propuestas más polémicas del próximo presidente es la de una ley de amnistía. Según el equipo de López Obrador, esta amnistía podría aplicar para el narcomenudeo, jóvenes, niños y mujeres.

El nuevo gobierno propondrá al congreso la despenalización de la siembra y trasiego de marihuana. Pero a juicio de los analistas, esta medida llega tarde, porque para los grandes cárteles, la marihuana ya dejó de ser negocio, por eso se han centrado en las metanfetaminas, la cocaína y la heroína.

Según los expertos, la legalización no va a resolver el problema. "Si legalizas y aceptas el consumo y la distribución de una droga blanda, de alguna manera sacas el oxígeno de los mercados de las drogas más fuertes como la cocaína y heroína, pero México no es gran consumidor, es traficante es una economía ilícita masiva y no va a tener esos efectos tan importantes que tuvo en lugares como Holanda", dijo Briscoe.

 

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