Muchos de los temas críticos de nuestra economía aún no se resolvieron. Es cierto que hubo una "pesada herencia", pero algunos se agudizaron.

El salvavidas del Fondo Monetario Internacional, los cambios en el Banco Central y en el Ministerio de la Producción, y la recategorización de País de Frontera a País Emergente no alcanzaron para frenar la constante devaluación del dólar o la pérdida de cotización de los títulos y acciones de empresas nacionales.

El descontrolado desorden cambiario y financiero que vivimos a partir de principios de año fue generando un crecimiento de las tensiones e incertidumbre que tuvieron su pico durante mayo y junio. Y los augurios son desalentadores: a partir de este mes comenzará a sentirse un pronunciado impacto sobre el nivel de actividad, en un esquema de recesión.

El crecimiento de la economía será prácticamente nulo en este segundo semestre, ya que los precios acompañan a la inflación y los salarios no lo harán en la misma proporción, incluyendo los ajustes exigidos para disminuir el déficit fiscal, financiero y comercial. Es previsible: nos llevará mucho más de seis meses controlar todas estas variables.

Autocrítica

Hay preocupación en el Gobierno por un posible corte de la cadena de pagos como consecuencia de estas devaluaciones; ya existe un llamado de alerta porque los bancos anunciaron el aumento en la cantidad de cheques rechazados, especialmente en las pymes.

El presidente Mauricio Macri, haciendo una seria autocrítica, encabeza un cambio de rumbo que admite en los hechos el fracaso de la política económica de gradualismo utilizada al inicio de su gestión. El mercado fijó una dinámica diferente; y ahora, con los lineamientos fijados por el Fondo Monetario Internacional, podemos afirmar que se inicia una nueva etapa, con todo lo que esto representa.

La cadena de pagos

El ministro Dante Sica afirmó que frente a ese panorama "la prioridad es trabajar en los próximos meses sobre la cadena de pagos especialmente de las pymes, ya que muchas de ellas, además, son proveedoras o clientes de grandes empresas".

El presidente Macri prometió que implementará rápidamente a través de un decreto beneficios para las pymes, especialmente las ubicadas en zonas de frontera.

Bajar la inflación y las tasas de interés, aumentar la actividad y mantener un tipo de cambio competitivo serían los objetivos más importantes en esta etapa del Gobierno y del Banco Central de la República Argentina.

La tarea no será nada sencilla, porque no existen demasiadas herramientas adecuadas para tales fines y menos aún un plan que fije los objetivos en el mediano y largo plazo para generar confianza.

Estanflación, intereses y dólar

Son muchas las interpretaciones que podemos realizar en un intento por explicar esto que parece una vorágine. Por una parte, subió la cotización del dólar y se precipitó la inflación subiendo las expectativas (negativas). Si la suba generalizada de precios de 2018 supera el 32%, que hasta el momento es la meta, y si como consecuencia se cae el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el problema para nuestro país no será menor.

Como sabemos, en cada devaluación los precios se acomodan a los porcentajes de esa caída, generan mayor inflación; en un esquema de recesión (estanflación) se torna indispensable frenar la corrida en el precio del dólar, como la ocurrida en estas últimas semanas.

La preocupación que es, en este caso, cómo frenar estas corridas, sabiendo que el FMI pidió que usemos una parte del dinero que nos prestó US$7.500 millones (el 15% de los US$50.000 millones) para abastecer la demanda de dólares que permanentemente está comprando el mercado, llamado también para "financiar la fuga". Aún con esta estrategia, y aumentando la cantidad de dólares que se venden diariamente en el país, no se logró bajar la cotización de esta moneda y su actual nivel se muestra inestable.

­No hay caso!

Bajar el precio de la moneda norteamericana, buscando que baje, tendría que ser prioridad en estos momentos. Nos preguntamos si las licitaciones programadas por el BCRA para vender US$100 millones todos los días son positivas ya que ahora pasaron a US$150 millones, y sigue la demanda para comprar, la lectura sería: "Con una tasa de interés alta (más del 40%), no se logra tentar a los inversores; en este caso se tendría que volver a aumentar la tasa de interés para que los tenedores de títulos no compren dólares y así poder bajar el precio de la divisa; es una realidad que tasa no se puede subir más, así que la consecuencia es que se seguirán vendiendo más dólares".

Hay una crisis de fondo, y es de confianza: vender dólares para que no suba su cotización, con las altas tasas de interés que se ofrece en el mercado y no convence a los inversores que pasan sus carteras a esta moneda es un dato objetivo que habla por sí mismo.

Todos los inversores especuladores están optando por pasarse a dólares, ya sea por las restricciones que está imponiendo el BCRA después del acuerdo con el FMI, además de que en los EEUU aumentaron la tasa de interés, volcándose a las llamadas "inversiones seguras".

Entonces, la pregunta que nos hacemos es: si todos los tenedores de títulos públicos de nuestro país deciden pasarse a dólares, ¿no solo perderíamos el dinero prestado por el FMI sino que también nuestras reservas se verán seriamente disminuidas? Y esto sin considerar los exorbitantes intereses que debemos pagar.

­Manos a la obra!

Sería interesante que, con una férrea decisión política, nuestros títulos públicos que devengan altísimos intereses (40% y 47%), fueran sustituidos por otros en moneda constante y por plazos de varios años, garantizando en igualdad de condiciones el pago de intereses del mercado internacional hasta que iniciemos el tan esperado crecimiento de nuestra economía, dándoles confianza y garantizando a los tenedores de estos títulos el cobro de sus intereses.

De esta manera podremos utilizar el préstamo del FMI para incentivar las inversiones sustentables y de infraestructura que tanta falta nos están haciendo. Con esta medida se podrá aumentar rápidamente las exportaciones, hacer crecer el mercado interno, disminuir la pobreza, generando nuevas fuentes de trabajo genuino, incentivar a las pequeñas y medianas empresas, tentar a los capitales especialmente de argentinos a que inviertan en nuestro país, mejorar la educación y salud entre las prioridades, vaya una propuesta y quizá una forma de aplicar una política de shock en una economía sin rumbo.

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