Reapareció Juan Cruz Sanz y con él volvió el ajusticiamiento social 

“Dice que no tiene que explicar los videos y ahí tiene razón, porque entendimos bien los gustos particulares que tiene”, comenta Patricio Ferro. 
“Yo no quisiera estar en sus zapatos, sobre todo si son los de tacos altos en videos íntimos suyos”, bromea Marco Daniel Varela. 
“¿No le hiciste daño a nadie? ¿Y tus hijas? ¡Qué lindo que en la escuela les pregunten si era el papá el que se metía el consolador!”, amonesta Juan José. Todos opinan desde la página web de un medio nacional a propósito de Juan Cruz Sanz (32). 
El periodista político se alejó de los medios de comunicación hace dos meses y medio luego de que se filtraran videos íntimos suyos. Pero reapareció hace un par de días en el programa Hay que ver (El Nueve, a las 17.15), conducido por Denise Dumas y José María Listorti, y reactivó la guillotina mediática y social. 
“Tengo la frente en alto, la pasé muy mal, me levanté y creo que el enfrentamiento no lleva a nada. Los videos no tengo que explicarlos. No hice daño a nadie, no le hice nada a nadie. Las redes sociales que digan lo que quieran”, afirmó.
El escándalo había estallado cuando Natacha Jaitt (40) subió el material, dos fotos y tres videos, a Twitter.
Él, dos meses de licencia psiquiátrica mediante, terminó renunciando a Cortá por Lozano (Telefe, lunes a viernes a las 14.30). Y calificó que la experiencia lo había dejado “muerto en vida”. 
El Tribuno dialogó con la Lic. Carina Salas, directora del Centro de Psicoterapia (CePsi), quien evaluó que el caso se relaciona con los conceptos de ciudadanía digital y de convivencia digital. 
“Las mismas cosas que sucedían en el barrio y que la gente comentaba y observaba hoy son públicas a un nivel masivo. A veces hay personas que no respetan aspectos éticos, como tampoco los respetan en su comunidad, en su barrio, en su institución de pertenencia, y la ciudadanía digital hace referencia a eso: a las normas éticas que deberían regir los ámbitos donde nos movemos”, destacó. 
Añadió que las personas tienden a experimentar curiosidad acerca de la vida íntima de otros y que esa inclinación eso trae aparejada una responsabilidad de trabajar intensamente con los jóvenes y adultos en psicoeducación. “Cuando alguien muestra algo de lo íntimo en un concepto de confianza está expuesto si la relación o el trato se termina y hay rencores de por medio, como le pasó a este periodista”, apuntó. También puso sobre la mesa el concepto de grooming, es decir, el asedio que debe soportar alguien -por definición estricta un niño o adolescente- cuando en un espacio de intimidad se filma o fotografía y envía esos contenidos a otra persona y luego queda presa de la voluntad de este, lo que constituye un delito. 

Recursos emocionales 

Además, señaló que cuando a alguien lo sacuden estos remezones el cerebro pone en marcha mecanismos de adaptación. “En la psicología hablamos de resiliencia, que es la capacidad de afrontar situaciones adversas y salir fortalecido de ellas, y aunque no todos tienen esa capacidad, la buena noticia es que puede ser enseñada y se aprende”, expresó. Analizó que “cuando algo de esta naturaleza toma estado público y tiene consecuencias de tamaña envergadura -está en riesgo su trayectoria profesional, su mirada social, su reputación- económicas y sociales también traerá consecuencias emocionales. Entonces la persona puede poner en marcha mecanismos de adaptación y si tiene una red de sostén y no es juzgado en su persona va a poder salir adelante de la situación, ojalá que con un aprendizaje”. 
Sin embargo, advirtió que si esto no ocurre “puede ser aniquilante. Puede generar trastorno por estrés postraumático, depresión, ansiedad, y creo que no solo la persona tiene que aprender de esto, sino la sociedad también”. Sobre esta responsabilidad que le compete a la sociedad, Salas indicó que “salvando distancias, esto es también como el bullying: existe una agresor, un agredido y testigos”. Así, bajo su perspectiva, si los contenidos se comparten y viralizan en el mismo movimiento se validan este tipo de expresiones en la sociedad, en este caso catalizadas por Natacha Jaitt. 
“La intimidad debería quedar en ese plano. No tenemos derecho alguno de entrar en las casas de nuestros vecinos y estamos interpelados a crecer en este sentido, a tener códigos y no participar de este modo de la vida íntima de las personas”, definió. Luego apuntó que tampoco le compete al espectador encaramarse en el sitial de justiciero ante la presunción de un delito (a Sanz la mediática lo involucró en el caso de los abusos a menores en el club de fútbol Independiente).
“La Justicia determinará si hubo o no un delito, nosotros no podemos”, dijo, tajante, Salas.

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