Duele. Claro que les duele. Y mucho. ¿Cómo no les va a doler a los hinchas de Central Norte si fueron humillados, vapuleados, abochornados en Santa Fe? El país se rió de ellos. El país vio la decadencia del fútbol salteño en el estadio de Colón, el cual alguna vez vio la epopeya de Gimnasia y Tiro; porque ojo, en la cancha del Sabalero, el cuervo representó a Salta no a otra provincia. De este desastre se deben hacer cargo todos en el Barrio Norte. El primero de ellos, el presidente, y luego toda la CD. 

A Central Norte lo hicieron chico estos dirigentes. Era un grande. Un gigante. Un todo poderoso del norte, pero esta nefasta dirigencia cuerva lo redujo a lo que es hoy; un Central Norte pierde finales; un Central Norte acostumbrado a los fracasos en forma sistemática. Un Central Norte que deambula en la última categoría del fútbol argentino. Un Central Norte que deberá esperar hasta febrero de 2019 para volver a “volar”.
Este es un Central Norte “chiquitito”, absurdamente empequeñecido, y testarudamente obligado a vivir este “invierno” futbolístico, y que pese a ello tiene a esos hinchas incondicionales, capaces de hacer 2000 kilómetros por esos colores. Hoy es lo único que le queda a Central Norte. Su gente. 
 
El papelón en Santa Fe sólo tiene un espejo en el cual mirarse y ocurrido en 1985 cuando el cuervo perdió con Argentinos Juniors en los viejos torneos nacionales. Pasaron 33 años para que la historia se vuelva a repetir. Y si esto ocurrió es porque las cosas se vienen haciendo muy mal desde hace mucho tiempo a esta parte. Esta debacle no es por perder con River Plate que es lógica pura. Esta debacle no tiene freno y se viene cimentando desde hace muchísimo tiempo.   .

Entiendo las calentura de Matías Ceballos, cómo no la voy a entender si se le cierra la puerta de un laburo, de la posibilidad de jugar; de llevarle de comer a su familia; entiendo la calentura de que a la AFA le importa un bledo el fútbol del interior, que lo está matando con las reformas que propone; y que miles de jugadores se quedan sin trabajo, y con ellos cientos de personas que viven gracias a que la “pelotita” corre en un estadio.

Ahora, también es cierto que si Central Norte está en un camino sin retorno,  en un camino que lo lleva  a la nada misma, a ninguna parte, y esto culpa de los dirigentes y del plantel del último Federal B que no tuvieron la capacidad necesaria para sacar al cuervo del “sótano” del ascenso y hoy con la reforma de los torneos quedó en el fondo del mar.

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