El adiós a Farid Salim, su historia y legado seguirá en cada ring 

La última campanada sonó para Farid Salim. La vida de una de las grandes glorias que tuvo el boxeo salteño se apagó ayer a los 81 años en nuestra ciudad. Marcó una época, fue campeón argentino de los medianos entre 1960 y 1962, se convirtió en un referente nacional y hasta se dio el lujo de realizar varias presentaciones en el mítico Madison Square Garden de Nueva York. 
En 2012 brindó su última nota a El Tribuno. Allí contó que comenzó a boxear a los once años, con solo 45 kilos, guiado por los conocimientos de Héctor, uno de sus 12 hermanos. “Como amateur pagaban bien. Había que hacer algo; éramos 12 hermanos y cada uno se dedicaba a alguna profesión”, recordó Salim sobre sus primeros pasos arriba de un ring.
Entre los amateurs realizó aproximadamente 65 peleas, logrando ser campeón argentino en un par de oportunidades, reinó a nivel Latinoamericano, fue campeón militar y rioplatense. Cumplidos esos objetivos pasó al campo profesionales, donde la primera pelea terminó siendo trágica. 
“En la primera pelea contra Santos Galván, antes del debut me vendaron las manos con un vendaje muy distinto al que te hacen cuando sos amateur, porque el puño queda como con un yeso. Me acuerdo que le dije a mi mánager, cerrando la mano derecha, que si le pegaba con esa mano lo podía matar. Y me dijo que a mí me podía pasar lo mismo. Por supuesto, nunca imaginamos que algo así podía pasar. Gané por nocaut en el primer round. El se levantó y cuando estaba bajando del ring cayó, algo se le había reventado en la cabeza”, recordó Salim.
Después de ese duro momento no quiso volver a pelear. “De esa forma no me gustaba. Encima en esa primera pelea gané mil pesos, cuando siendo amateur ganaba cinco mil. Mis hermanos y amigos, después de unos meses, me convencieron para volver”, agregó Farid.
Uno de sus días de gloria se dio el 20 de enero de 1960, cuando venció por decisión unánime a Juan Carlos Durán en el Luna Park, el templo del boxeo argentino. Ese triunfo le valió ser campeón argentino de los medianos, cetro que retuvo hasta 1962. Por ser campeón recibió un premio de 25.000 pesos y una vez que superó el millón de pesos de ganancia se retiró, como se lo había propuesto. 
Salim estuvo ranqueado entre los 10 mejores del mundo y eso lo llevó a enfrentarse con los grandes de la época. En su foja de combate aparecen Rubin “Huracán” Carter, un boxeador estadounidense que estuvo 20 años preso injustamente y tras su liberación recibió el título del mundo; a él se suman Joey Archer, Joey Giambra, Ted Wright y Yama Bahama. Según el registro del sitio Box.rec, Salim realizó cuatro peleas en el Madison Square Garden, venciendo en 1961 a Wright y perdiendo contra Bahama (1961), Wilbert McClure (1962) y Archer (1963).
En una de esas visitas a Estados Unidos conoció Bárbara Hennessy, su esposa y compañera por más de 50 años; fruto de esa relación nacieron Carolyn y Farid.
Tuvo la oportunidad de ser manejado por Ernesto “Tito” Lecture, que pretendía catapultar su carrera hacia el campeonato del mundo, pero Salim se opuso. “No quería que me manejasen desde Buenos Aires, tenía desconfianza. Uno de los que se ofreció a manejar mi carrera fue Tito Lecture, pero no acepté”, contó Salim sin arrepentirse de aquella deci    sión. 
Farid cerró su carrera profesional con 46 victorias, cinco derrotas y tres empates. Pero su legado va más allá de los números y seguirá vigente en cada ring en Salta. 

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