Yarade: “Para los mercados no hubo ajuste y para la gente fue arrasador”

Diagnóstico sobre una crisis que tiene historia, pero con grandes responsabilidades presentes e incertidumbres para el futuro.

Las dificultades que se plantean con la eliminación del Fondo Solidario Federal desnudan incertidumbres en el escenario económico nacional... 
En esta coyuntura adversa, es imprescindible recuperar ese bien público que es la estabilidad, tanto en precios como en tipo de cambio y tasa de interés. Es decir, necesitamos que se restablezca la estabilidad y la confianza, para contar con un horizonte concreto. En otras palabras, el gobierno nacional y nosotros necesitamos tener resuelto el financiamiento del año próximo; que estén asegurados los 20.000 millones de dólares que asegurarían que estamos en condiciones de hacer frente a los compromisos.

¿Se aventaría la incertidumbre? 
Y... estamos hablando del 3,9% del PBI, lo cual no es un monto significativo si tenemos en cuenta que el endeudamiento que se tomó en estos dos últimos años fue algo más de 100.000 millones de dólares, sin contar los 50.000 millones acordados con el FMI; también, que dentro de las posibilidades está anticipar los desembolsos posteriores al 2019 , (recordemos que desembolsaron 15 de los 50.000 millones) para garantizar así el cumplimiento de los compromisos de vencimientos de la deuda externa 2018-2019.

Pero ¿cómo se puede entender tanta incertidumbre? ¿Es un problema del Gobierno, un problema de herencia o un problema de origen externo?
De todo un poco. Es indudable que el gobierno tuvo un exceso de confianza en los mercados que hoy miran con preocupación el rumbo económico y eso se traduce en restricción del financiamiento. Lo que es verdaderamente paradójico es que mientras los mercados entienden que la Argentina necesita “hacer el ajuste”, internamente sentimos lo contrario: que el ajuste es muy grande, que ya se hizo, decididamente sin equidad y que impactó en la clase media y baja. La razón que esgrimen los mercados para percibir esto es que el déficit primario en 2015 era 3,8% y en 2017, un 5% (incluyendo el blanqueo).

¿Hay una salida más o menos accesible?
La situación es compleja, pero no necesariamente irreversible. La volatilidad en el tipo de cambio lleva a incrementar las tasas en las Lebac (que surgieron en 2001 como herramienta de contracción de la base monetaria como consecuencia de la expansión que generaba la absorción de dólares comprados al Tesoro Nacional (producto del endeudamiento ) pero encarece el costo de las tasas a las familias en los créditos prendarios, personales y fundamentalmente al capital de trabajo dañando fuertemente al sistema productivo. El desafío es ir reduciendo coordinadamente las tasas y atendiendo lo que ocurre con la demanda de dinero. El escenario deprime demasiado la actividad productiva y un normal desenvolvimiento a estos niveles.

Esta demora conspira contra la credibilidad de Cambiemos...
Es claro que se perdió nuevamente en nuestro país un tiempo valioso, porque no se tomaron decisiones rápidas para resolver la situación fiscal. Ahora se avanza en esa dirección, como consecuencia del acuerdo con FMI.

¿Fin del gradualismo?
 El gradualismo fue producto de la necesidad de construcción de capital político financiado con endeudamiento más atraso cambiario. Eso desencadenó la situación actual. Hoy los intereses que se pagan por el endeudamiento pasaron de representar el 8,9% al 15,6% de los recursos tributarios; eso va a impactar en la situación fiscal haciendo más difícil alcanzar el equilibrio. 

¿Y ahora?
Tenemos, necesariamente, que sacarnos de encima este problema que es fiscal y de cuenta corriente. Las experiencias no tan lejanas de los años 1975, 1981-83, 1987 y 2001 concluyeron con fuertes ajustes macroeconómicos luego tener picos de inflación, devaluación, y muchos meses con recesión que impactaron en todos los sectores, especialmente, en los más necesitados. Y volviendo a la referencia a la herencia, el Gobierno nacional rivalizó contra el pasado, con éxito en lo electoral, pero agotó la visión en perspectiva tanto interna como externa. Como decía Winston Churchill: “Si planteamos una disputa entre pasado y el presente descubriremos que hemos perdido el futuro”.

Pero hay una historia detrás...
El origen estructural del desequilibrio macroeconómico es la insolvencia fiscal crónica que tuvo nuestro país en los últimos años. Desde 1961 a la fecha salvo entre 2003 y 2008, todos los años terminaron con déficit fiscal, que es de hecho un problema endémico.

¿Y para adelante? 
Se estima que es necesaria una inversión anual de al menos 5% más del PBI en diversas áreas que impactan en el desarrollo económico como transporte, energía, infraestructura en general para permitir un crecimiento sustentable en el largo plazo del 4% por año del PBI que a su vez impacta directamente en un incremento del 1% del empleo. Sin un mercado de capitales consolidado y sin capitales propios para el financiamiento productivo surge la permanente dependencia del ahorro y de la inversión de origen externo que a su vez representa en sí misma un condicionamiento al crecimiento económico de nuestro país.

El esfuerzo de las provincias, ¿cuál será?
Las provincias hemos realizado durante este año un esfuerzo importante para alcanzar el equilibrio fiscal. En el caso particular de la nuestra, con un conjunto de oportunas decisiones con fuerte respaldo político, lo hemos logrado, y nuestra meta es sostenerlo en el tiempo. Es el primer aporte que no solo Salta, sino el conjunto de las provincias debería realizar cómo contribución a la reducción del déficit fiscal consolidado de Nación y provincias. La Nación, a diciembre de 2017, tenía un déficit de 6% del PBI de déficit, con un punto de los seis correspondiente a las provincias.
 

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