Juventud se llenó de dudas tras el implacable 6-0 de Rosario Central

Se torna muy difícil analizar un 0-6 en contra cuando este inapelable e indiscutible resultado obedece a un contexto de disparidad desde el vamos, en una competencia como la Copa Argentina, que pretende ser federal e igualadora, pero que termina mostrando solo la inequidad de fuerzas y la enorme brecha de desigualdad entre la espuma de una sobreabundante Superliga y la postergación de un carente torneo federal donde los clubes indirectamente afiliados no gozan de los beneficios de sus pares metropolitanos.

Eso se sabe. Por ello, reducir el análisis a un simple enfrentamiento entre dos realidades contrapuestas en 90 minutos resulta ingrato, parcial y sesgado, más aún cuando el foco del sometido está puesto en una competencia diferente, donde supuestamente predomina la equidad entre competidores con similares presentes.

Sin embargo, el impacto de haber sufrido un dominio abrumador y la fuerza de una goleada histórica, como la que le propinó Rosario Central a Juventud Antoniana el pasado jueves por la Copa Argentina, no eximen al subyugado a las críticas ni a la sobrada preocupación que genera el rendimiento de algunos futbolistas y también el desempeño colectivo de un equipo nuevo que ante el canalla no supo plasmar una sola idea clara, más allá de la notable supremacía del oponente. Entonces, sin márgenes para análisis y sentencias tajantes a un poco más de un mes para el Federal A, es necesario hacer hincapié en un futuro que es un cúmulo de incertidumbres. ¿Con la pobre imagen evidenciada en Santa Fe, este reformulado equipo tiene capacidad para pelear algo más que la permanencia? 

Un arquero a destiempo (en la jugada del penal que derivó en el gol de Ruben) o sin reacción (en el quinto gol). Una línea de fondo impávida, insegura, con defensores chocándose entre ellos y con la sensación de haber salido a jugar convencidos de su inferioridad. Un mediocampo lento y sin recuperación ni ingenio para intentar aplacar el avasallamiento lógico, que solo apareció en forma esporádica y un ataque sin ton ni son fueron parte de un equipo que deja muchas más dudas que certezas.

Y a la hora de dar nombres propios, lo que sí queda claro es que la idolatría ya no juega y que Juan Pablo Cárdenas, con sus 40 años y las secuelas de su longevidad en cancha ya no es garantía, como tampoco lo fue la temporada pasada ante equipos de menor fuste, como Mandiyú o Guaraní Antonio Franco, que terminaron yéndose al descenso en la campaña en la cual Juventud se salvó de caer al Regional Amateur por muy pocos puntos. Sus compañeros de zaga tampoco dieron garantías y abren otro abanico de dudas.

Gustavo Ortiz, quien dejó Camioneros el año pasado por un conflicto y que había pensado seriamente en dejar el fútbol, también pagó los efectos de la falta de competencia y habrá que ver qué consistencia puede añadirle al mediocampo. Y en ataque, Acosta y Zárate fueron pura intrascendencia. Y aunque este último resultó ser el chivo expiatorio en las redes sociales por su estado físico, no fue lo peor de un Juventud en el que antes de arrancar ya comenzaron los replanteos.
 

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Debe iniciar sesión para comentar

Importante ahora

cargando...