La tormenta inunda  más rápido el norte

En el norte del país la falta de confianza, la estanflación y la inexistencia de un plan económico del Gobierno nacional para hacer crecer la economía pega más fuerte. Aquí, donde el núcleo de pobreza estructural es más duro y las empresas carecen de competitividad, la "tormenta", como define Macri a esta crisis económica, no solo moja sino que ya empezó a inundar a los sectores más vulnerables.

La economía más que nunca está mostrando por qué es una ciencia social. Uno más uno no siempre es dos. Ni el mensaje que brindó ayer el presidente Mauricio Macri calmó a los mercados, tampoco se logró con la dilapidación de las reservas del Banco Central. No hay confianza y, lo más grave, es que eso se traslada a la economía real.

El Gobierno carece de medidas para reactivar el comercio, que en Salta es la actividad que más empleo genera. Con la inflación en niveles récord para los últimos años y paritarias contenidas, todos perdieron poder adquisitivo. A muchas familias les resulta lejano cuando se informa que el dólar llegó a $34,40; claro, recién lo sienten cuando van al supermercado o cargan combustible. El costo de poner la comida en la mesa creció exponencialmente, mucho más los servicios. Nadie discute que los abultados subsidios generaron un fuerte déficit fiscal, pero el Gobierno eligió licuar los esfuerzos de los ciudadanos ante el mercado financiero. Aunque ya empezó el operativo para desactivar las Letras del Banco Central (Lebac), pagaron ganancias que ninguna otra actividad puede dar.

Sin incentivos

¿Qué interés puede tener un inversor en instalar una fábrica en Salta si las Lebac le dan rendimientos superiores al 40%? En el país, el promedio de la capacidad ociosa de las empresas es del 40%. En el NOA hay pocas pymes industriales y los parques que anunciaron en Pichanal, Rosario de la Frontera y Mosconi siguen si cobrar vida.

Desde la Nación y la Provincia abundaron los discursos sobre la excesiva presión fiscal y la necesidad de dar competitividad. Este año, las empresas, el campo, la industria y la construcción pagan más por ingresos brutos. Las pymes, a su vez, perdieron beneficios en las contribuciones patronales, que regían para las zonas más alejadas de Buenos Aires.

Sin programa y con dudas

El Gobierno está más concentrado en atender el problema financiero que en generar trabajo o que haya consumo. Imagínese que en un barrio, el norte del país está en la zona más baja. No hay pavimento, y de ese terreno empantanado es muy difícil que crezca algo. En esto sí, no hay señales del Gobierno para activar a una de las regiones más postergadas.

Nadie habla de cómo se escurrirá el agua. Gran parte del Plan Belgrano está más en carpetas que en obras concretas. Y para el próximo año el presupuesto sería más ajustado y con menos ejecuciones.

Este año el PBI caerá un punto y, si la economía crece en 2019, será más por efecto rebote. Pero para ello es importante que el Gobierno logre confianza entre los actores económicos y financieros. Los fondos del FMI, al parecer, no llegaron para acelerar los motores económicos.

Hasta en los hogares saben que un endeudamiento debe ser para ampliar, para comprar maquinarias para la producción, para crecer...

¿Cuánto durará la tormenta? ¿Se necesitarán más paraguas? ¿Cómo sigue todo después del temporal? A esas dudas nadie las despeja.

El dólar, por cierto, estuvo atrasado en el kirchnerismo, Macri lo liberó, y ahora lo intenta atajar a un alto costo. Este "bimonetarismo" capitaliza la incertidumbre, que tiene un costo: más pobreza.

 

 

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Sección Editorial

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