Noche caliente y con materias pendientes

El debate del martes pasado en la Cámara de Diputados aportó elementos para el análisis. ¿Puede un diputado o un senador ser sancionado por decir lo que piensa?

La senadora del PRO Gladys Moisés estuvo a punto de ser destinataria de una cuestión de privilegio por los términos que utilizó para evitar una sanción contra su compañero de bloque Andrés Suriani.

"La inmunidad de opinión es el único fuero que debemos tener. Los otros fueros para una persona de bien no hacen falta y, como estamos escuchando, muchas veces las cámaras se convirtieron en aguantaderos por conceder privilegios a los legisladores sobre las personas comunes". La diputada propuso que en una futura reforma Constitucional estos fueros queden sin efecto.

El presidente del cuerpo, Manuel Godoy, ocupó rápidamente una banca y le exigió retractarse: "Usted nos amenazó". La frase de Moisés que lo había irritado fue: "Hay que tener cuidado cuando las proporciones cambien y puedan ser objeto de represalia cuando opinen diferente a las mayorías coyunturales".

En realidad la legisladora pedía que Suriani no fuera sancionado, porque compartía la preocupación generalizada poco proclive a sentar un antecedente de sanción por una opinión. Quienes frecuentan las sesionas saben que en cada una de ellas se podrían iniciar varios apercibimientos, porque abundan los exabruptos.

Alejandro San Millán, a su vez, le reprochó: "Esto no es ningún aguantadero. A mí me puso el voto popular".

La diputada Moisés se retractó en el acto, pidió modificar la versión taquigráfica y no hubo cuestión de privilegio pero a nadie le pasó desapercibido que su discurso había apuntado al corazón de un tema sensible.

El valor de la palabra

En realidad, el dictamen que recomendaba un apercibimiento contra Suriani se había focalizado en un punto: la negación de la homofobia y el femicidio, que son delitos establecidos por leyes de la Nación. En boca de un diputado es absolutamente improcedente, y el texto del dictamen, prolijamente elaborado, no dejó lugar a dudas. Suriani también se retractó y pidió disculpas a los diputados y a las organizaciones que lo denunciaron. Luego se desdijo, pero no corrigió la versión taquigráfica.

Para ser diputado o senador no se exige título. Basta con una serie de condiciones personales, y que lo voten. En cambio, para ser un buen legislador hace falta informarse antes de hablar. En la Legislatura salteña ese es un hábito no generalizado.

Hace pocas semanas, la incorporación de militares en la lucha contra las drogas dio lugar a un ardoroso debate. Durante horas se escucharon diatribas ideológicas sobre una cuestión estratégica y delicada. El único diputado que analizó el decreto del presidente Macri y los antecedentes legislativos fue Guillermo Martinelli.

La diferencia, esa noche, fue notable.

 

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