Cristina Kirchner se sube al “tren fantasma” del moyanismo

En el entorno de la exmandataria Cristina Kirchner ya no disimulan su preocupación por el avance de las causas judiciales en las que está involucrada.

Las que mayor intranquilidad provocan son las referidas a presuntos hechos de corrupción y lavado de dinero mediante la asignación de obras públicas y el posterior “retorno”, aparentemente vía alquileres de propiedades y/o habitaciones de hoteles de la exfamilia presidencial.

A esos dolores de cabeza (léase procesos judiciales) para Cristina y su círculo íntimo se sumó en las últimas horas el escándalo de los cuadernos del remisero Oscar Centeno, autor de puño y letra de un insólito registro de supuestos cobros de dádivas a empresarios entre 2008 y 2015.

“Estamos investigando una asociación ilícita liderada por Néstor y Cristina Kirchner”, sostuvo el fiscal Carlos Stornelli, quien agregó que la Justicia dispone de “pruebas suficientes, sólidas y abundantes” para avanzar con la investigación.

Con el exministro de Planificación Federal Julio De Vido preso desde hace meses y su ex número dos Roberto Baratta nuevamente tras las rejas, el cerco judicial parece cerrarse cada vez más en torno de la figura de Cristina.

En efecto, nunca antes el avance de la Justicia había comprometido tanto a la expresidenta y amenazado su permanencia en libertad como hasta ahora, con esta causa de los cuadernos que impulsa un juez federal como Claudio Bonadio, quien, aparte, da la sensación de que está montado en una especie de “cruzada personal” contra el kirchnerismo.

Centeno declaró como “arrepentido”, figura a la que pidió acogerse también el empresario detenido Juan Carlos de Goycoechea, exdirectivo en la Argentina de la constructora española Isolux Corsán.

Tomando en cuenta las anotaciones del remisero, la Justicia considera que la firma con sede en Madrid pagó a la exfamilia presidencial 12,8 millones de dólares en coimas, de un total de US$ 35.645.000 que habrían aportado los hombres de negocio encarcelados por orden de Bonadio.

Si Goycoechea o alguno de sus colegas empresarios -hasta el momento se han negado a declarar- confirman los registros de Centeno y confiesan el pago de dádivas, complicarían seriamente la situación procesal de Cristina y los demás exfuncionarios del gobierno anterior involucrados en la investigación.

Encuentro en Cañuelas

En los últimos días, la ex jefa de Estado y actual senadora nacional ensayó un puñado de apariciones públicas, en la Cámara Alta y en un sugestivo encuentro con sindicalistas en Cañuelas, donde se reencontró con el líder del gremio de camioneros, Hugo Moyano: ambos sellaron años de enfrentamientos sonriendo codo a codo en una foto de ocasión.

Cristina, de todos modos, se ha mantenido fiel a su estrategia de perfil bajo y continuó sin hablar públicamente, a pesar de que algunos de sus allegados desde hace días que vienen considerando que “la Jefa” debería estar más activa en los medios.

Esas mismas fuentes de su entorno admitieron preocupación por las investigaciones judiciales que se llevan adelante y que han puesto en jaque la libertad de la expresidenta: en rigor, si no fuese por su condición de legisladora nacional, por sus fueros, es de suponer que ya debería haber sido detenida. Incluso Bonadio lo ha solicitado acusándola de “traición a la Patria” por el supuesto encubrimiento del atentado contra la AMIA.

En Cañuelas, en un predio del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), Cristina volvió a mostrarse junto a Moyano, después de que ambos rompieran relaciones tras la muerte de Néstor Kirchner -en 2010- y el líder sindical cayera en desgracia en el universo K.

Incluso “el Hugo” llegó a tildar de “soberbia” a la actual líder de Unidad Ciudadana y hasta abrazó políticamente al ahora presidente Mauricio Macri, al llamarlo “compañero” en la recta final de la campaña electoral de 2015.

Quedaron atrás las chicanas, las medidas de fuerza contra el gobierno de Cristina y las asperezas: unidos por el “espanto” supuestamente, ambos coinciden ahora en cuestionar a Macri por sus políticas de ajuste.

Pero tanto “la Jefa” como el sindicalista saben que pueden terminar contra las cuerdas, e incluso en prisión, si avanzan las causas por presunta corrupción que los involucran. ¿Justo ahora resolvieron “hacer las paces” y fotografiarse juntos?

Da la sensación de que la Justicia ha empujado a Cristina a subirse al “tren fantasma” del moyanismo para tratar de pergeñar una estrategia de resistencia conjunta.

Moyano es un dirigente gremial que no goza de buena reputación en amplios sectores de la sociedad, e incluso ha sabido ganarse desprestigio por su comportamiento veleta en los últimos años.

De todos modos, es innegable su poder de fuego dentro del movimiento obrero y su capacidad de movilización.

Si Cristina pretende “‘resistir con aguante” en las calles la embestida judicial, con el camporismo y la militancia residual es poco probable que le alcance. Indudablemente Moyano y su gente podrían constituirse en aliados perfectos.

Una “bomba de humo”

Así es la política, en definitiva. Algunos van, otros vienen, pero todos van y vienen. Camioneros e integrantes de la agrupación ultra-K La Cámpora se sacaban chispas años atrás cuando se cruzaban en movilizaciones callejeras.

Quizá mañana los encuentre “unidos y organizados”, pugnando por evitar que sus líderes finalicen como el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil. Justamente de su caso charlaron en El Vaticano el papa Francisco y Alberto Fernández durante una reciente visita del ex jefe de Gabinete del kirchnerismo al Sumo Pontífice. Según trascendió a la prensa, también hablaron sobre “golpes blandos” en América Latina...

Alberto Fernández, adalid del Grupo Callao -una especie de “revival” del Grupo Calafate-, es otro que parece haber dejado atrás sus diferencias con Cristina y ahora la quiere como candidata presidencial del peronismo.

Mientras tanto, referentes del arco opositor, incluido Fernández, salieron a cuestionar la investigación judicial que impulsan Bonadio y Stornelli, al considerarla una “bomba de humo” que favorece al Gobierno para desviar la atención pública en medio de las dificultades por las que transita la administración Macri.

Tras una semana intensa, se avecinan más días movidos para la clase política nacional. El miércoles próximo el Senado discutirá el proyecto sobre el aborto, que tiene media sanción en la Cámara de Diputados, pero 24 horas antes ese mismo cuerpo legislativo podría resolver si permite o no al juez Bonadio allanar domicilios de Cristina en el marco del “cuadernogate”.

También el martes está previsto que el exvicepresidente Amado Boudou comparezca por última vez ante la Justicia para defenderse en la causa Ciccone antes de la sentencia.

Y, como si todo fuese poco, se viene una nueva conmemoración del día de San Cayetano, el 7 de agosto, en momentos en los que la crisis aprieta y abundan a diario los pedidos de fieles al Santo Patrono del Pan y del Trabajo.

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