Opinión
La ceguera

Lo ocurrido en la Cámara de Diputados no contribuye en absoluto a resolver cuestiones de fondo y que están en la "agenda de la gente".

La pobreza de Salta no es consecuencia del destino, sino del subdesarrollo humano. Los legisladores de ambas cámaras han contribuido a que esto suceda. Mientras que los problemas de la macroeconomía dificultan la producción en todas las provincias, hay cuestiones que dependen de la decisión soberana de la provincia: el desarrollo rural se estancó por una decisión que tomaron las autoridades provinciales; el declive del proyecto turístico, lo mismo.

Pero hay algo que señalan todos los potenciales empleadores y en lo que coinciden los padres de familia de todos los barrios: falta un proyecto educativo sólido y consistente que prepare a los chicos de todos los estamentos para salir adelante en la vida.

El fundamentalismo de pañuelo verde se obsesiona con un formato de educación sexual y el fundamentalismo de pañuelo celeste le opone una cruzada. Nadie se ubica en que las escuelas deben ofrecer educación para la convivencia, que exige educación sexual, educación en la tolerancia y educación en la democracia real, representativa y plural. Ninguno de los fundamentalismos se preocupa por responder a esa necesidad.

La escuela no está preparando para la vida, que además de convivencia requiere capacidad de desenvolvimiento en una cultura tecnológica que modifica las relaciones humanas. Y, también, debería centrarse en la capacidad real de los jóvenes para manejar instrumentos productivos en esa cultura. Retirar el crucifijo es el capricho de una pequeña burguesía que solo atiende los intereses del círculo; un capricho alimentado por legisladores que no se animan a contradecir a quienes se pretenden revolucionarios y que toleran la arbitrariedad sin medir las consecuencias.

Las ideologías y las religiones, cuando actuaron con sabiduría, han servido para construir la paz, el progreso y el saber; los fundamentalismos ideológicos o religiosos, siempre, terminan en despotismo y genocidios.

Los diputados y senadores salteños tienen mucho que hacer al respecto.

Es de esperar que sepan cómo.