Literatura
Marcial Gala: “Cuba debe reconstruirse, no tras un ideario vacío, sino tras un reencuentro”
Marcial Gala nació en La Habana en 1965, vive entre Buenos Aires y Cienfuegos. Es narrador, poeta y arquitecto, autor de libros como “La Catedral de los Negros” (Premio Alejo Carpentier) y “Sentada en su verde limón”, que Ediciones Corregidor editó recientemente.

 

Marina Cavalletti 
El Tribuno

“La música, el sexo y las drogas son los tres aparentes temas del relato, pero en realidad la muerte es el verdadero eje alrededor de esta historia”, se anuncia en su contratapa. Para analizar los acontecimientos por los que pasó la isla, el silencio y la literatura, entre otras cosas, El Tribuno dialogó con Gala quien, desde un bar porteño destacó la hermosura de Salta.
Esta novela se editó en Cuba en 2004 y el año pasado en la Argentina. A pesar del paso del tiempo, ¿puede leerse en clave actual?
Cuba no ha cambiado demasiado desde 2004 hasta ahora. Además, la novela está muy centrada en los personajes que viven sumergidos en una burbuja de la cual no hay salida y cuando sienten la necesidad de salir vuelven a ese sitio; son personajes que viven de acuerdo a las palabras de Nietzsche: “Es necesario tener un caos adentro para engendrar una estrella danzarina”
Kirenia, Harris y Ricardo son personajes desahuciados, casi sombras de la geografía que recorren. ¿Por qué era necesario ese tríptico de la joven, el músico y el pintor, en “Sentada en su verde limón”?
Cuando llegó el período especial en Cuba todo se detuvo, el país tocó fondo y durante un tiempo los cubanos anduvimos como zombis, si esa condición implica una especie de déjà vu eterno, un continuo preguntarse qué es lo que salió tan mal. Luego hubo una especie de implosión y de ese viaje por las simas propias y ajenas, el cubano descubrió una forma de vivir en un eterno presente, aprendió a agonizar con una sonrisa en los labios y, claramente, los personajes también tienen su base en la realidad. Stendhal lo decía: “La novela es un espejo que se pasea por la realidad”. Yo le agregaría que ese espejo distorsiona la realidad a su vez.
El contexto detrás de la historia es el Período Especial, la crisis económica que desencadenó el colapso de la Unión Soviética en Cuba. ¿Qué lo llevó a seleccionar esta coyuntura?
“Sentada en su verde limón” es una novela de aprendizaje, desesperanza y también de desgarro, es casi como una triste canción, casi como un intento de verle las espaldas al tiempo, de sentir lo que es. Los personajes viven en un phatos (sufrimiento y experiencia), en una violación de las certidumbres que los hace desgraciados y a la vez conscientes de su propio e insoportable ser. A la vez son libres si lo comparamos con lo vivido en Cuba en los 80, años de la más cerrada ortodoxia comunista, patriarcal y homofóbica.
En una entrevista usted dijo: “El Período Especial fue una etapa de mucha miseria, pero de vuelta a la libertad. Y empezó a construirse la sociedad civil porque el Estado no podía resolver muchas cosas”. ¿En este sentido, puede o pudo la literatura resolver algunas cosas?
Los escritores cuyas obras salieron a la luz durante el Período Especial son conocidos como los “novísimos”. Pienso que también se les podría llamar “los topos”, pues como ellos cavaron túneles en el silencio, la desidia y la falsedad de la literatura oficial, suplieron la falta de información, cosa esta no del todo aconsejable pues lastró a veces la calidad de las obras. Rescataron la tradición de grandes narradores y poetas cubanos que hasta entonces eran muy pocos conocidos e hizo que Cuba se volviera de pronto un país vibrante de literatura y arte. Esta es una parte de la historia. La otra cara de la moneda es que muchas de estas obras, tanto de poesía como de narrativa y ensayo, no llegaron al público lector pues apenas había papel y las ediciones eran muy reducidas.
Kirenia, la más joven de sus personajes aspira a ser poeta y ensaya sobre un género que usted conoce. En 2009 publicó el poemario “Moneda de a centavo”. ¿Cómo se vincula hoy con la poesía y a qué nombres actuales lee o rescata?
Hace poco publiqué mi segundo cuaderno de poesía, en la editorial Booker, se llama “Un extraño pájaro de ala azul”. Además, imparto clínica de poesía acá en la Argentina y sigo escribiendo poemas. Hay muchos poetas cubanos de gran valor, tanto jóvenes como maduros: Sergio Zamora, Arístides Vega, Victor Fowler, Kryster Alvarez, Jorge de Arcos que vive acá en la Argentina, Damaris Calderón, Sonia Díaz Corrales y muchos otros. Destaco a Manuel Díaz Martínez y al recientemente fallecido Rafael Alcides.
Además de la escritura, es arquitecto. ¿Influyó esa formación en su escritura o las temáticas que aborda, pues en los títulos de sus obras aparecen monasterios, catedrales y hasta ha declarado una fascinación por Borges y sus ruinas?
(Risas) Tal vez, aunque mi novela “Monasterio” se llama así por el apellido del protagonista. Y claro, la universidad siempre te da un método, una manera especial de ver las cosas y el espacio, ya sea sugerido o real, es muy importante en la carrera de arquitectura. También, y no menos importante, es que tanto arquitectura como literatura, sobre todo la novela tal vez, te obligan a tener muy en cuenta la estructura. Uno crece siempre a la sombra de algo, ya sea un árbol, una catedral, una montaña, el rumor del mar, lo que sea y ese “lo que sea” nos condiciona, nos hace lo que somos.
El título de esta novela remite a una canción infantil que se vincula con la espera ¿qué es para usted la quietud, el silencio. Los ha tomado como motores creativos?
En este mundo marcado por el ruido de autos, de “algo que se parece a la música”, de propaganda mentirosa, el silencio es el privilegio de unos pocos y yo soy de una ciudad y de un país que es ante todo mar calmo, y aunque Heredia dijo una vez “¡Dulce Cuba! en tu seno se miran en su grado más alto y profundo la belleza del físico mundo, los horrores del mundo moral”, y esas palabras siguen siendo válidas de cierta forma, el cubano es un ser ahogado por la belleza, destripado por ella hasta el punto de que a veces otras realidades nos parecen pálidas. Aunque tal vez esté siendo injusto, porque Buenos Aires es una ciudad hermosa y Salta tiene bien ganado el sobre nombre de “La Linda” y la naturaleza argentina es apabullante.
¿Cómo ve a actualidad de Cuba hoy, desde lo literario y desde lo social?
Cuba sigue teniendo las catedrales en el futuro. Esperemos que en un plazo breve las palabras de José Martí, al que me niego llamar “El Apóstol”, pero que en este caso son válidas, empiecen a tener vigencia “con todos y para el bien de todos” y reconstruyamos Cuba, no tras un ideario vacío, sino tras un reencuentro, una búsqueda de nosotros mismos y un saber que no somos el centro del mundo, pero tampoco abismo, muerte y soledad.