Aún hay muchas barreras para que Salta sea accesible

¿Qué tan lejos está Salta de ser una ciudad accesible, en el medio físico, para toda la población? Más allá de la accesibilidad para las personas con discapacidad, ahora se promueve el diseño universal. Esto es el diseño de productos y entornos para ser usados por todas las personas, al máximo posible, sin adaptaciones o necesidades de un diseño especializado. Construir pensando en las personas que se manejan en silla de ruedas, con muletas, andadores o bastones blancos, en las embarazadas, mamás con coches, obesos y adultos mayores. Si bien en los últimos años hubo un avance, todavía hay muchas barreras arquitectónicas para derribar. Hay personas que incluso se aíslan en sus casas para evitar la carrera de obstáculos en las veredas y calles salteñas o esperar dos horas un colectivo adaptado o querer entrar a un baño público y no poder porque no cuentan con espacios acondicionados para todos y todas.

María Cecilia Gramajo, por ejemplo, nunca pudo asistir a ninguna de las tantas actividades que se realizan en Mitre 23, en el salón América, por la cantidad de escaleras imposibles de subir con su silla de ruedas. Tampoco pudo el otro día contarle a los diputados provinciales los problemas que atraviesan las personas con discapacidad porque en el palacio legislativo no anda el ascensor. "En esas circunstancias me siento una ciudadana de segunda", le dijo a El Tribuno. Gramajo es coordinadora de la Comisión de Inclusión de las Personas con Discapacidad de la Universidad Nacional de Salta, donde lideró batallas para superar múltiples dificultades tanto en lo arquitectónico como en otros aspectos.

La docente comparó su indignación con la que seguramente sienten las personas con otros tipos de impedimentos: "Una persona sorda que no tiene subtitulado o la interpretación en lenguas de señas en los noticieros de la televisión, que no los tenemos y por eso no se enteran de las noticias le debe pasar lo mismo que a mí; o el ciego que tiene un software que le permite navegar por internet libremente, pero se encuentra con páginas web inaccesibles que los sofware no pueden leer también se debe sentir un ciudadano de segunda".

El "traca traca traca" del ruido de su silla de ruedas andando por los adoquines del centro de la ciudad o cuando tiene que esperar hasta dos horas por un colectivo de piso bajo para poder viajar también la hacen sentir pésima y de segunda.

Bolardos, antiaccesibles

Alejandro Capparelli, director del Movimiento Social y Cristiano Salta Ciudad de Bendición, cuestionó hace unas semanas en un plenario sobre accesibilidad en el Concejo Deliberante la colocación de las "bolas de acero", dado que considera que estas perjudican a los adultos mayores y personas con discapacidad. "Muchos tuvieron diferentes accidentes y muchos de ellos gravísimos. Ahora, la pregunta es ¿quién se hace cargo de las personas que sufrieron serios golpes al tropezarse con estas esferas?", planteó. Para Capparelli está en riesgo la seguridad en la vía pública, especialmente de aquellas personas que no ven por lo que pidió la eliminación de los denominados "bo lardos".

Entonces, el secretario de Obras Públicas y Planificación Urbana municipal, Wanny Caramella, aseguró que los bolardos se construyeron de acuerdo a la normativa y que "su instalación busca proteger a los peatones, ya que al hacer desaparecer el desnivel entre el cordón de vereda y la calzada es necesario colocar una barrera física para impedir que los autos avancen fuera de su zona".

Explicación que fue rebatida por la coordinadora de la Comisión de Accesibilidad al Medio Físico del Colegio de Arquitectos de Salta, María Ibáñez, quien observó que en accesibilidad universal los bolardos tienen que ser de 75 centímetros, bastante más chico de lo que son actualmente. Instó a los profesionales a diseñar con responsabilidad para evitar accidentes futuros y contribuir en la autonomía de las personas con discapacidad.

En la misma línea, su colega, María Martha Fonzalida, dijo que si se planearan viviendas adaptables no habría necesidad de destinar un cupo para quienes posean alguna discapacidad, ya que con pequeños cambios "todos los hogares serían aptos".

Remises y taxis

Aparte de la escasa frecuencia de los colectivos adaptados, la necesidad de más rampas y el acondicionamiento de veredas preocupa la situación del transporte impropio. La concejal Nora Pussetto recuperó una ordenanza vigente que obliga a las empresas de remises y taxis a contar con vehículos acondicionados para transportar a personas con sillas de ruedas sin que estas deban pagar una diferencia, por lo que se pidió al municipio informe al res pecto.

Por su parte, María Cecilia Gramajo, no pierde las esperanzas de que Salta se transforme un poquito en Barcelona, su lugar en el mundo, por lo inclusivo, claro. Allí "el diseño universal es una realidad", dijo, recordando que en una ocasión pudo recorrer sin inconvenientes cada rincón del museo nacional pese a los cientos de escalones que tiene. "Solo falta una decisión política y que se invierta como debe ser, una visión de promoción e inclusión real de todas las personas", finalizó.

 

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