El árbol de la verdad se inclinó hacia  un posible doble homicidio

Entre la mañana y la tarde de ayer la rama de una añeja morera y su microespacio volvieron a ser noticia, tal cual hace más de cinco años, cuando pendiendo de una de sus ramas se hallaron los cuerpos sin vida de Luján Peñalva y Yanina Nuesch.

Esta vez la claridad de un día primaveral hizo posible que cada movimiento de la reconstrucción sea advertido por peritos, familiares y jueces.

Fueron horas de una interminables confrontación entre las partes: por un lado la familia Peñalva, sola, más su perito de parte y una investigadora de los EEUU que fue admitida como veedora en una medida garantista otorgada por la jueza Mukdsi para transparentar una investigación reabierta hace pocos meses y que durmió el sueño de los justos en el archivo del Poder Judicial durante más de cinco años.

Pocos son los elementos que se filtraron de la pericia ordenada por la Justicia y entre éstos está una controversia por la altura real de la morera, la soga utilizada y las policías femenina que debían emular los trágicos momentos vividos por las infortunadas adolescentes.

Para los familiares presentes los peritos oficiales del CIF no respetaron las medidas establecidas en el expediente, además de utilizar un soporte para reforzar la seguridad de la rama peritada, lo que motivó una airada queja de la querella.

Según Marisa Peñalva, participante de la diligencia judicial al árbol le aumentaron 35 cm de altura, que ninguno de los peritos presentes pudieron explicar el porqué. Pero lo sorprendente -dijo la fuente- fue que ni aún así pudieron establecer parámetros científicos que demostraran la posibilidad de un doble suicidio.

La fuente explicó que las fotografías tomadas hace más de cinco años muestran a los cuerpos en una posición casi sentada y a uno de ellos tocando la superficie de la tierra, pero con las piernas flexionadas.

En la reconstrucción con las policías que personificaron a Yanina y Luján se observó primeramente que ni siquiera pudieron ponerse las respectivas lazadas en el cuello, y cuando el peso de las misma traccionó la rama esta cedió hacia abajo haciendo que los pies de las policías tocaran el suelo lo que echa por tierra la hipótesis de que pudieran asfixiarse en esa posición.

La pericia solo incluía el microespacio donde se produjo al doble muerte y así lo consideró la jueza Mónica Mukdsi.

Focalizado solo en la mecánica y el microespacio la diligencia judicial dio lugar primeramente a los peritos del CIF para que conmovieran a la jueza, pero llegada la tarde sin poder probar lo escrito en el expediente el turno pasó a la querella. En pocos minutos tanto el abogado de la familia Pedro García Castiella junto al perito de parte Carlos Párraga y acompañado por la detective Ninoska Martínez pusieron sobre los presentes una hipótesis de muerte contraria a la establecida en el expediente sorprendiendo a propios y extraños la exactitud y los basamentos científicos de su hipótesis de trabajo, que mostró a las claras que lo expuesto por la querella, otrora una locura, se acercó peligrosamente a la verdad real, demoliendo elípticamente no solo la carátula de la causa sino abriendo interrogantes que rozan lo escandaloso como lo doloso.

Horas interminables epilogaron en un acta rubricada por las partes que dejó a la familia Peñalva y a sus peritos e investigadores exultantes, no de alegría sino de haber presenciado junto a la jueza de la causa la caída estrepitosa de un edificio montado sobre la base de argumentos que ayer se mostraron insostenibles.

Esta hipótesis, que fundamentó un fallo brutal (hoy en tela de juicio) en su profundidad destruyó sin ningún pudor el honor de dos adolescentes, a quienes les había imputado pos mórtem el "delito" de haberse causado su propia muerte. Los detalles de la diligencia judicial solo los conocen los expertos y para el común de la gente no tiene ninguna importancia.

Ayer, por primera vez en más de cinco años el sentido común, la humanidad y la justicia inclinaron la rama de la morera. Tal parece para el lado de la esperada justicia.

 

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Sección Editorial

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