Horror en la “laguna maldita”

Salta ha sido escenario de dolorosas tragedias y como todas quedaron grabadas como una impronta en la memoria de la ciudadanía, sobre todo en el corazón de los familiares de las víctimas. 

De esos terribles sucesos el que más laceró las entrañas de los salteños ocurrió un día como hoy, hace 28 años, en el departamento Anta, donde 18 niños, cuyas edades oscilaban entre los 4 y 13 años, murieron ahogados. Dos hombres mayores también perdieron la vida el mismo día, como desencadenante del trágico naufragio de una lancha. 

Fue el 23 de septiembre de 1990 en el paraje Santo Domingo, ubicado a pocos kilómetros del pueblo de Las Lajitas. La finca era de propiedad de los hermanos José Miguel y Orlando Cano y Enrique y Matías Martínez, quienes habían recibido a 21 niños para que disfrutaran de una jornada de picnic por el festejo de la primavera. Se trataba de los hijos de los peones del emprendimiento ganadero que explotaban las dos familias. 

Los chicos acamparon alrededor de las “mansas” aguas de la profunda laguna y se emocionaron con el espectáculo que ofrecían las bulliciosas aves multicolores que poblaban el atractivo espejo de agua de 300 metros de largo por 80 de ancho. Era una mañana soleada que invitaba a disfrutar de una jornada épica. La emoción se apoderó de los niños cuando vieron el recorrido de una lancha que el administrador de la finca, Matías Martínez, utilizaba como esparcimiento. 

La embarcación, de fabricación casera, contaba con un motor fuera de borda de 35 HP y capacidad máxima para transportar a tres personas como máximo. Una de las sobrevivientes contó que la semana anterior a la horrorosa tragedia había disfrutado de esta experiencia junto a su hermanito menor y que ambos se quedaron con el deseo de volver a navegar.

Matías Martínez, soltero, de 44 años, era un apasionado de la navegación y fue el principal impulsor de la fabricación de la lancha prototipo. Le gustaban los niños y se conmovió al advertir en los ojos de los chicos el deseo de disfrutar de un paseo en la embarcación. El hombre se sintió desbordado por la contagiante emoción de los menores y como al parecer tenía poco combustible cometió la irresponsabilidad de subir a todos en la precaria lancha, que no contaba con ningún sistema de seguridad.

La vuelta fatal

Con Sergio Fabián Escobar, el más pequeño del grupo, de apenas de dos años, la lancha partió aguas adentro en medio de la algarabía de los inocentes chicos. Ninguno llevaba salvavidas ni nada que los protegiera. Dieron tres vueltas y cuando Martínez dijo “esta es la última”, el motor se paró cerca de unas totoras, a unos 40 metros de la orilla. Todos se asustaron, los más chicos lloraron. El hombre trató de tranquilizarlos, les pidió que se fueran para atrás, que no se movieran, que nada pasaría. 

Matías Martínez tiró varias veces de la cuerda para accionar el motor, y como no arrancaba el pánico se apoderó de la tripulación. Algunos se movieron, otros se pararon y por falta de equilibrio la lancha se dio vuelta.
Felipe Parada tenía 34 años. Estaba en la orilla de la laguna cuando observó la vuelta campana de la lancha. No sabía nadar, pero se arrojó al agua para salvar a Félix, su hijo de 10 años, y murió ahogado junto al pequeño. 

Walter Fernández, peón de la finca, escuchó los gritos de auxilio y llegó a toda velocidad y se encontró con una escena desgarradora. Mientras la mayoría de los chicos desaparecía de la superficie el joven de 20 años advirtió que Sergio Fabián, el más chiquito, daba los últimos manotazos. Se arrojó al agua vestido como estaba y logró rescatar al pequeño de dos años. 

Fabián Martínez, en tanto, apenas pudo poner a salvo a Analía Mejillón, de 10 años, con la ayuda de Nelson Galván, de 11, el tercer sobreviviente. Ambos se aferraron a una cuerda de la lancha y se salvaron.

Los 18 niños restantes murieron ahogados en la “laguna maldita”. Nelson perdió a la mayoría de sus hermanos y Analía al más pequeño de la familia, Roberto Mejillón, de 8 años. Cuando Martínez tomó conciencia de la irresponsabilidad que había cometido salió a la orilla de la laguna y pidió a los gritos que lo mataran de un escopetazo. Nadie escuchó sus gritos y en un acto suicida se arrojó a las turbias aguas para él también morir ahogado. 

Por unos minutos un espeso y lúgubre silencio se apoderó del lugar, pero en seguida el monte se estremeció con los desgarradores llantos de las madres que abandonaron sus casas alertadas por la terrible noticia. La tarea de rescate de los cuerpos se dificultó por la turbiedad del agua. Muchos cadáveres fueron sacados con robadores y eso le agregó más dramatismo a la tragedia.

Familias devastadas

Rosendo y Graciela Galván perdieron a 5 de sus 8 hijos, el menor de 4 años y el mayor de 10. En la lancha iban seis hijos de esta pareja y el único que se salvó fue Nelson, de 11 años. 

El matrimonio Martínez, que llegado de visita desde Las Lajitas, tenía tres hijos varones, de 7, 9 y 10 años, y perdió a los tres. 

La tragedia también segó la vida de otros tres niños de la familia Toledo, todos varones, de 6, 12 y 13 años.

Sabido es que estas tremendas historias remueven heridas, pero el hecho de recordarlas ayudan a la reflexión, sobre todo en estos tiempos cuando ocurren tantas tragedias que pueden evitarse. Impericia, la negligencia e imprudencia son las principales causas de episodios tan dolorosos como el que sucedió hace 28 años en finca Santo Domingo, en la “laguna maldita”.

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