“Cuando escuchamos que la sentencia decía 11 años, casi nos morimos”

Ely Tarifa tiene 47 años, es madre de cuatro hijos y esposa de Héctor Raúl Ramírez (48), uno de los detenidos por los actos de tortura hacia dos menores, que tuvieron lugar hace seis años en el patio trasero de la comisaría Nº 11 de la ciudad de General Güemes, hecho que fue registrado por uno de sus compañeros con una cámara de video de un teléfono celular. 
Ely nos recibió en su casa del barrio Los Olivos y con cierta dificultad, atribuibles a la estresante situación por la que está atravesando, pudo contarnos cómo vivió ella estos años en que su marido se halla en el encierro. 
Ayer se conoció un fallo negativo de los jueces Rubén Arias Nallar y Pablo Mariño, quienes no hicieron lugar a los recursos de casación de las defensas de los policías Roberto Augusto Barrionuevo, Matías Eduardo Cruz, Marcos Gabriel Gordillo, Alberto Eduardo Ontiveros, Leonardo Serrano y Héctor Raúl Ramírez. 
En abril de 2016 los jueces de la Sala III del Tribunal de Juicio condenaron a Gordillo a la pena de doce años de prisión de ejecución efectiva, por encontrarlo culpable del delito de imposición de torturas, y a Ramírez, Serrano y Eduardo Cruz les aplicaron once años por imposición de torturas. 
En tanto que a Barrionuevo lo sentenciaron a tres años de prisión condicional por omisión de denuncia del delito de tortura. 
También los magistrados les impusieron a los imputados la inhabilitación absoluta y perpetua para el ejercicio de la función pública.
Desde que la tortura tomó estado público y actuó la Justicia sobre los responsables, la vida de Ely y su familia fue un infierno de supervivencia.

¿Cómo fue ese primer año de no contar con tu marido en casa?
Fue un año terrible, en los primeros meses tenía la esperanza de que todo iba a salir bien, que no sería llevado a prisión, fueron días de viajes constantes y de mucho dolor, también nos vimos afectados económicamente, me tuve que hacer cargo de toda mi familia, por suerte tenía el título de maestra e ingresé a trabajar en el ámbito privado, me apoyé mucho en mis hijos, ellos tenían 10 la menor y sus tres hermanos 11, 16 y 17. Si no fuera por ellos no se qué habría hecho.

¿Y cómo afectó esta situación a tus hijos?
Ellos lo supieron asimilar, saben muy bien lo que es su padre, que no es nada de lo que dicen, sentían mucha impotencia por no poder hacer nada, fueron parte de la fortaleza para él y para mí. 

¿Cuándo llegó la resignación de que deberían esperar por la condena?
No estoy segura, creo que a los tres años, yo bajé los brazos y le dije que teníamos todo en contra, el Gobierno no quería que quedaran libres, pero al menos pensaba que le darían seis años u ocho como máximo; cuando escuchamos la sentencia que decía 11 años casi me muero, fue otro golpe durísimo.

¿Como fueron tus días entonces?
Me volví a refugiar en mi trabajo y en mis hijos, por suerte nos encontrábamos bien económicamente, todo mi dolor era en lo afectivo, asistí a todas las visitas de los jueves y domingos, intentábamos estar en familia, pusimos nuestras esperanzas ahora en una apelación, eso fue hace tres años, creía que podría salir antes de cumplir con el total de la condena, tal vez luego de cumplir los ocho años.

Pero hoy se enteraron de que no será así.
Es cierto, fue otro mazazo pero ya estoy acostumbrada, es difícil decir ahora cómo me siento, él ya cumplió más del 50% de la condena, tal vez pueda comenzar a tener algunos beneficios, teníamos algunas esperanzas de que saliera en dos o tres años, deberé volver a equilibrarme emocionalmente para seguir adelante.

En seis años de encierro, ¿como afectó eso tu relación de pareja?
Nos unió mucho más, siempre intenté estar lo mejor posible para que él no se vea afectado, su único deseo es recuperar la libertad para recuperar también a su familia, hoy sus hijos tienen 17, 18, 22 y 23 años, los dos mayores tuvieron que trabajar mientras estudiaban y aún lo siguen haciendo, lamentablemente se perdió seis años de la vida de sus hijos, eso no podrá recuperarlo, yo conseguí trabajo en la escuela pública y tengo menos tiempo, ya no puedo ir los jueves, pero es necesario para seguir adelante.

Cuando salga será un desocupado con 54 años, ¿cómo crees que enfrentará esa situación?
Bueno, él era sargento ayudante pero eso no le servirá de nada, sin embargo nunca se quedó quieto en prisión, se capacitó en el arreglo de motos, está haciendo un curso de tallado en madera y este año inicio la carrera de Licenciatura en Periodismo que dicta la UNSa en contexto de encierro, creo que está invirtiendo bien su tiempo.

¿Cómo es la relación con los otros detenidos por la misma causa?
Siguen siendo amigos, no hay rencor entre ellos, lo que pude notar por lo menos en mi marido es que ha cambiado mucho para mejor, era una buena persona, algo que continúa siendo, pero creo que ahora mira la vida desde otra perspectiva.

¿Lo que pasó sigue siendo un tema de conversación?
Ya hablamos mucho sobre eso, preferimos no hacerlo, queremos mirar hacia adelante aunque las cosas no estén saliendo como las soñamos, porque el sueño de libertad algún día será una realidad, él saldrá y lo estaremos esperando, hablaremos del futuro dejando el pasado atrás.
 

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