Wichis y un exitoso taller textil

Los trajadores textiles de la comunidad San Ignacio de Loyola caminan hace cinco años a contramano de la miseria y de las negras profesías de los detractores del indigenismo. Son 27 creativos que con la ayuda de la Fundación Molinos Cañuelas, presidida por Aldo Navilli, le pusieron alas a los sueños de progreso, en un norte vedado para el éxito de los indios. Definitivamente son el espejo en el que gobiernos y ONG deberían mirarse para sostener tantas manos desocupadas y hambrientas en forma contundente, estimando y no subestimando, alentando el trabajo en vez de subsidiando la miseria.

El fruto de este increíble emprendimiento de la comunidad wichi San Ignacio de Loyola, ubicada en el kilómetro 1.837 de la ruta nacional 81, en Embarcación, es la marca de ropa "Lhaka" (que en lengua wichi significa "Nuestro"), que cada vez se impone más por sus diseños y su calidad en el mercado nacional. Incluso este año iniciaron la venta de indumentaria por mayor a los supermercados.

Por eso ayer, como lo hacen hace cuatro años, celebraron el Día del Trabajo y la Dignidad Wichi. Hubo desfile de ropa, comida, juegos, y el broche de oro lo puso con sus canciones el popular Chaqueño Palavecino, quien brindó su show en forma gratuita para una nutrida concurrencia del Chaco salteño que cantó, bailó y aplaudió.

Lejos de querer seguir en la miseria, unos 400 wichis de numerosas comunidades de la ruta 81, de Morillo, Dragones, Hickman, Padre Lozano y Embarcación, acudieron a la invitación de la comunidad San Ignacio de Loyola para celebrar y brindaron por el éxito del taller textil de sus hermanos. Catalina Rojas, trabajadora social y coordinadora del proyecto que busca mejorar la calidad de vida de esta comunidad wichi, dijo: "Todos se muestran muy interesados y con esperanzas de poder emprender algún proyecto que los saque de la pobreza. Ojalá todos pudieran lograrlo, la clave es tener un método. La Fundación Molino Cañuelas pone todo de sí para que la comunidad tenga productividad y una red de venta del producto. Encontramos la manera de que los wichis puedan producir, y representa una solución para las próximas generaciones, un plan que ayuda a toda la sociedad, porque tener comunidades que se autosustentan es una solución para toda la sociedad. Todos se entusiasman cuando ven los frutos del taller textil, pero hay que ponerle metodología al entusiasmo para que prospere".

Dino Salas, el cacique de San Ignacio, dijo: "Esto demuestra que hay un camino posible para superar la pobreza y la dependencia de los subsidios. Ese camino es el trabajo. Con el apoyo de la Fundación hoy nuestro taller textil nos llena de orgullo,y nos muestra que se puede progresar".

Hace cuatro años la comunidad San Ignacio celebra el camino que emprendió para construir un destino nuevo. De la mano de la Fundación Molino Cañuelas se propusieron superar la pobreza a través del trabajo. El proyecto, liderado por la licenciada en Trabajo Social Catalina Rojas, al frente de un equipo interdisciplinario de profesionales, trabajó con presencia permanente en la comunidad, en las áreas de salud, nutrición, educación, desarrollo social y comunitario. "La recompensa de nuestro trabajo no es lo que obtenemos, sino en lo que nos convertimos".

 

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