María Cristina Fernández: “El peregrino es un misionero de la paz”

María Cristina Fernández “El peregrino es un misionero de la paz”. 

Su autora, María Cristina Fernández, es docente y recogió durante años testimonios de quienes no solo iniciaron esta peregrinación, la más grande que llega a Salta para el Milagro, sino también de muchos que la continúan hasta hoy.
La Municipalidad del pueblo asumió la edición del trabajo y no será vendido, sino entregado a instituciones y a los propios protagonistas. “Mi intención fue dar a conocer esta peregrinación desde adentro, especialmente a tanta gente que la espera y contribuye con ella año a año. Y para mí significa hacer una ofrenda a este pueblo que tanto me ha dado mientras viví allí. Fue un arduo trabajo, con decenas de entrevistas que fui recopilando y el resultado se verá cuando todos puedan compartir el libro”, explicó Fernández a El Tribuno horas antes de emprender vuelo hacia Salta para la presentación, ya que vive actualmente en Buenos Aires, donde se sigue desempeñando como profesora del nivel terciario.

Hoy sos parte de las peregrinaciones, te sumaste y decidiste dejar registrada esa historia...
En esto tuvo un papel fundamental el intendente de San Antonio, que me animó a concretar el libro. Y tomé la decisión de escribir a partir de mi experiencia como peregrina desde 2011. Es desde ese lugar que se puede comprender en profundidad el sacrificio que implica caminar 160 kilómetros en plena Puna, dormir en el suelo, adecuarse al frío, a veces no comer, pero siempre acompañados por la oración. 
El libro registra los 30 años que tiene esta marcha puneña. ¿Quiénes fueron los primeros?
Efectivamente y de allí el título. Me comuniqué con los que la iniciaron, algunos que ya no caminan y otros que ya no viven en el pueblo. Esta peregrinación nace de un gendarme y dos enfermeros que trabajaban en el hospital zonal. Se trata de Pedro Siquila y Catalino Mamaní, y el ahora exgendarme Antonio Díaz.

Sos salteña, pero te fuiste a enseñar a San Antonio un tiempo...
Trabajé cuatro años allá, desde 1987. Al año siguiente se inició esta peregrinación que hoy es multitudinaria. Muchos de los que se animaron entonces fueron mis alumnos. Pero debe quedar aclarado que el grupo inicial era de unas 30 personas, entre ellas una mujer a la que recuerdo perfectamente y de quien también tomé su testimonio: Teófila Olmos. Ella caminó esa primera vez con una criaturita de un año. También hizo la travesía una embarazada, que tenía una promesa por ese hijo en su vientre; había unos adolescentes a los que les costó muchísimo llegar y, a modo de ejemplo, hoy uno de ellos es remisero y otro es gendarme. Mi intención fue recoger sentimientos, adentrarme en la profundidad del espíritu de estas personas y comprender la razones que las llevaron a peregrinar.

Entonces esta peregrinación no surgió de la Iglesia, sino de la misma gente...
Exacto. Fue un movimiento laico y eso es algo para destacar. No salió de la iglesia sino de charlas entre la gente y así comenzó.

¿Qué es lo que más te impactó a medida que ibas recopilando testimonios?
Tengo una pequeña historia que vivencié, hace unos cuantos años, y resume todo: un jovencito de unos 16 años llegó con el grupo hasta Ingeniero Maury (paraje sobre la ruta nacional 51, a 60 kilómetros de la capital) completamente agotado. Se tiró a la vera del camino y dijo: “Yo no puedo seguir más... aquí me quedo”. Una señora mayor del grupo se le acercó y tranquila y pausada lo miró en el piso, y le dijo: “Alza tu cruz y camina hacia el Señor”. Ese fue un instante mágico. El chico tomó unas ramas, hizo una cruz y con ella llegó a la Catedral; inclusive fue uno de los primeros en entrar. 

¿Y qué es lo que los moviliza?
Mientras escribí este libro he llorado muchísimo de emoción por los testimonios. La gente de la Puna vive envuelta en el silencio y se expresa a través del silencio, pero cuando hablan derramás lágrimas. La pregunta siempre giró dentro de mí: qué es lo que los moviliza, qué es lo que hace que 4 mil personas caminen por esa zona para llegar a Salta. Es tan fuerte la fe que queda demostrada cuando ingresan a la plaza 9 de Julio cantando a Dios. Realmente es conmovedor. Por eso esta peregrinación marca un hito en la historia y en la fe. Y es tan así que actualmente miles de personas caminan desde todos los parajes y pueblos. Cada vez somos más y allí está la respuesta: el peregrino es un misionero de la paz, de la solidaridad y de la justicia. Y caminar con tanto sacrificio, lastimarse los pies, agotarse, es una forma de búsqueda de esos valores.
 

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