Tragedia en El Galpón
Hay indicios claros sobre la tragedia de El Galpón
El fiscal Castellanos informó que todo indica que el auto en el viajaban los cinco policías invadió el carril contrario, lo que provocó el fatal choque en la ruta nacional 16.

La hipótesis de que la tragedia vial del martes último en El Galpón ocurrió porque uno de los vehículos protagonista del choque invadió el carril contrario quedó virtualmente confirmada por la fiscalía que investiga el caso, tal como lo adelantó El Tribuno en sus ediciones del miércoles y de ayer. Se trata del auto WV Gol Trend en el que viajaban los cinco policías que minutos antes habían abandonado sus puestos de servicio nocturno en dependencias de la Unidad Regional N§ 3 de la ciudad de Metán. Cuatro de sus ocupantes perdieron la vida en el acto.

Sergio Castellanos, el fiscal penal de este distrito judicial, anunció ayer a través de la página web del Ministerio Público que un informe preliminar de los peritos en accidentología confirmaría en un alto porcentaje que el Gol Trend se salió de su carril e impactó de frente con el utilitario Renault Kangoo, que circulaba en sentido contrario por la ruta nacional 16, a pocos kilómetros del pueblo de El Galpón. En este vehículo, que cumplía el servicio de remise, también iban cinco personas y cuatro de ellas murieron en forma instantánea, entre ellas otro policía.

El terrible encontronazo se produjo en una recta donde la ruta está perfectas condiciones, sin que el automóvil ocupado por los efectivos haya tenido ningún desperfecto mecánico. La hipótesis más firme es que el suboficial mayor Jesús Valentín Rodríguez, de 52 años, se durmió o que entró en un estado somnolencia por privación de sueño. Todo indica que esto fue realmente así porque los policías regresaban a sus domicilios en la localidad de El Galpón luego de una jornada nocturna de trabajo en Metán. La prueba de que estaban agotados la dio el único sobreviviente de este vehículo, el agente Javier Oliva, quien declaró a este medio que él iba dormitando cuando ocurrió el choque y que por ese motivo no pudo advertir lo que pasó.

Los familiares de las víctimas coincidieron en un ciento por ciento con esta teoría y expresaron su malestar por el trato desconsiderado que sufren los policías por parte del Estado. Dijeron que la mayoría hace "dedo" para ir al trabajo o volver a casa, incluso para llevar o traer expedientes de una jurisdicción a otra. Los más afectados por esta situación son los que desarrollan su labor en horas de la noche.

El caso de la agente Celia Elizabeth Lucena grafica de manera patética este derrotero. La joven de 32 años estaba apostada a un costado de ruta cuando Rodríguez detuvo la marcha y le hizo un lugar en el auto. Minutos más tarde la joven se convirtió en una de las ocho víctimas de la peor tragedia vial del año en la provincia.

La culpa

Dentro del ordenamiento legal, según los expertos, la culpa no está dada en forma taxativa. Muchos hechos delictivos no tienen una motivación de provocar un dolo, como seguramente ocurrió con este lamentable suceso.

Según el Código Penal, las modalidades de la culpa son: impericia, negligencia, imprudencia y la inobservancia de reglamentos o deberes del cargo. Si esto es así ¿cómo se podría calificar la conducta del suboficial Jesús Valentín Rodríguez? Lo más probable, atento a lo que pasó, es que el conductor del Gol Trend haya incurrido en las causales dos y tres. Y la prueba más evidente es que el auto, tras el choque, quedó detenido en el carril opuesto.

Sin embargo ¿quién podría afirmar de manera categórica que el policía procedió con negligencia e imprudencia? Para responder a este interrogante lo primero que habría que analizar es por qué nadie le advirtió que luego de una agotadora jornada nocturna de trabajo no podía emprender el regreso a su domicilio conduciendo un vehículo por dos rutas nacionales de mucho tránsito, como son la 9 y la 16.

Es aquí donde encuentra asidero el reclamo de los familiares de las víctimas, quienes manifestaron que la Jefatura de Policía se desentiende de ellos cuando terminan su labor. "Nadie se preocupa en saber cómo hacen para volver a sus domicilios", se quejó una tía de la agente Lucena. Otro deudo planteó lo siguiente: "Por lo menos, para los que trabajan de noche y viven lejos podrían ponerle un vehículo para trasladarse y si hubieran hecho esto hoy no estaríamos llorando tantas muertes".

Es evidente que a la luz de los hechos nadie puede remediar lo que pasó, pero el reclamo de los familiares forma parte de una realidad cotidiana en el sentido de que muchos policías deben recorrer largas distancias para cumplir con su labor y se exponen sufrir hechos trágicos como el ocurrido el martes pasado en la ruta 16.

El fiscal Castellanos se encuentra a la espera de los resultados de las distintas pericias y de otras diligencias para tratar de determinar de manera fehaciente cómo sucedieron los he chos.