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Libres del perfeccionismo

¿Por qué mucha gente logra todo lo que se propone en la vida? Tal vez alguna vez te hayas hecho esta pregunta. Por lo general, son personas que trabajan con un poco más de inteligencia que el resto de la gente. Esto no significa que sean mejores o más capaces que otros; sino que deciden voluntariamente actuar sabiamente y, si es necesario, aprenden lo que no saben y/o delegan en quienes saben más que ellos.
¿Cómo actúa alguien inteligente?
Fundamentalmente tiene claro que no es infalible. Sabe que es humano y puede cometer errores. Por esa razón:
-Establece metas que sean fáciles de lograr.
-Reconoce sus errores porque no cree que equivocarse sea sinónimo de fracaso
sino de aprendizaje.
-No busca que la gente lo acepte porque se ama y se acepta a sí mismo.
-No va detrás de la perfección.
-Siempre está conforme con lo que hace porque da lo mejor de sí mismo.
-No siente que no es como él o ella cree que debería ser.
A diferencia del inteligente, mucha gente se autoexige y les exige a otros, ya sea que se trate de familiares, amistades o empleados. Esto se debe a que los mueve el deseo de ser perfectos. No se dan cuenta de que tal actitud en realidad los aleja de sus objetivos, pues nunca están conformes con lo que hacen ni se felicitan a sí mismos. Aun cuando otros les hagan notar sus capacidades y logros, se niegan a verlos y se autocastigan mentalmente.
Para ser libres del perfeccionismo tóxico que nos detiene y obtener resultados, necesitamos desarrollar la “mentalidad de conquista”.

¿Cómo empezamos?
Reconociendo y valorando lo que tenemos. Por muy mala que sea nuestra situación actual, todos contamos con habilidades internas y recursos externos de los que podemos hacer uso. También distinguiendo entre lo que es superfluo de lo que es importante en nuestras vidas. Esto puede variar de persona en persona. Un conquistador no se lamenta ni les echa la culpa a otros por lo que le falta. Por el contrario, se pone de pie y toma la decisión de aprender lo que no sabe y de esforzarse para crecer cada día un poco más. Volvemos al comienzo: un conquistador se mueve con inteligencia...

¿Qué impulsa al perfeccionista a actuar como lo hace?
El deseo de ser el mejor en todo. Esto es imposible porque nadie es bueno en todo lo que hace. Todos tenemos fortalezas y debilidades. Nuestra actitud debería ser trabajar para sobresalir en el área donde nos movemos. Para llegar a la cima, no hay que buscar ser perfecto sino superarse a uno mismo (que no es lo mismo que competir con los demás). Para lograr esto, es fundamental fijar hábitos efectivos que nos simplifiquen cada tarea. Estos son los principales beneficios de los hábitos:
-Nos predisponen favorablemente para llevar a cabo una tarea.
-Nos conducen a hacer primero lo primero y a dejar para después lo que no es tan importante.
-Incrementan nuestra productividad y nuestra eficacia.
-Aumentan la confianza en uno mismo.
-Nos empujan a reconocer nuestros logros y a seguir adelante para superarlos y
superarnos (mejora continua).
¿Y cómo hago para desarrollar hábitos efectivos?, tal vez te preguntes. Un buen lugar para comenzar a practicar es ordenar tu escritorio o tu lugar de trabajo a diario. Ver orden a nuestro alrededor resulta altamente positivo y motivador para uno mismo y también para los otros. Otra rutina interesante que se puede transformar en hábito es tomarnos un tiempo cada día para planificar. Algunos creen que es una pérdida de tiempo pero, en realidad, nos puede llevar a ahorrar horas de acciones innecesarias.
Una vez que comenzamos a adquirir hábitos positivos, de a poco, iremos descartando aquellos que nos perjudican, tales como: la informalidad, la impuntualidad, las faltas sin aviso, el posponer, el dejar para más adelante lo que podemos hacer ahora, la inconstancia, etc. No tenemos que ser perfectos.
¡Nadie lo es! Pero todos, si nos determinamos, somos capaces de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.