En 10 de enero se recuerda el Día de las Mujeres Migrantes, a partir de la sanción de la Ley 4.409 de la Legislatura Porteña. Esa fecha se fijó en memoria de Marcelina Meneses, una mujer de nacionalidad boliviana, quien el 10 de enero de 2001 fue arrojada del tren junto con su bebé Joshua tras haber sido insultada. Triste y cobarde suceso, pero oportuno para reflexionar sobre la situación de miles de mujeres que eligen nuestro país para rehacer sus vidas.

Según el informe anual de la Secretaría General sobre el plan Estratégico 2011 - 2017 de ONU Mujeres, en 2016 en todo el mundo, fue el año que más mujeres migraron para mejorar sus condiciones laborales y sociales. Para ellas el proceso migratorio aporta expectativas y posibilidades de una mejor y más digna calidad de vida. Para otras, el hecho de migrar no solo tiene un dejo de esperanza sino que incluye el afrontar riesgos en donde la vida se encuentra en peligro, pudiéndose enfrentar situaciones asociadas a la precariedad laboral y la extrema necesidad de sustentación. Este desamparo conlleva en algunos casos a la explotación en determinados trabajos, la vulnerabilidad ante la violencia o incluso una posible captación para conformar redes de prostitución.

En particular en nuestro país, la realidad arroja algunas cifras a tener en cuenta, según los últimos datos publicados por la ONU en la Argentina hay 2.164.524 de inmigrantes, lo que supone un 5% de la población. La inmigración femenina es superior a la masculina, con 1.168.208 mujeres, lo que supone el 54% del total de migrantes, frente a los 996.316 de inmigrantes varones, que son el 46%.

Si se observa en comparación el ranking de migración, vemos que nuestro país ocupa el 86§ puesto del mundo en porcentaje de inmigración. Los principales países de procedencia de la migración en Argentina son Paraguay con el 34%, le sigue Bolivia en un 21% y Chile con 11%. En los últimos años, el número de inmigrantes que viven en Argentina ha aumentado en 78.222 personas es decir ha crecido en un casi 4%.

Si bien estos datos son significativos las cifras no explican las innumerables historias que hay detrás de las mismas. Superación, esperanza, desafíos, temores y miedos que conforman la realidad detrás de los números. Miles de mujeres que dejan sus familias en los países de origen para emprender una nueva vida en mejores circunstancias.

Al ver estos procesos migratorios no podemos dejar de remontarnos al pasado centenario de la Argentina. En donde millones de personas vinieron a este país a emprender nuevas vidas en un mundo que era totalmente distinto.

Pero en donde las causas que llevaron a las mujeres eran similares: guerras, hambruna, persecución religiosa o política. Pareciera que la historia se repite en las causas y los padecimientos.

Con solo remontarnos a dos o tres generaciones atrás, todos somos descendientes de estas mujeres que eligieron este país, tal vez con el mismo valor y desafío de emprender una vida nueva alejada de sus tierras natales.

Todos nosotros debemos un reconocimiento a ellas como anónimas formadoras de una estructura social de valores, culturas y trabajo que enriqueció y formó nuestro Nación y nos educaron en esos principios.

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