Señales de tolerancia en medio de la crisis y la grieta

El país sigue viviendo momentos difíciles, porque los problemas estructurales de la economía, el trabajo y la distribución del ingreso son de larga data, no se han resuelto y, por eso mismo, se han agravado. Sin embargo, desde el punto de vista institucional, el reemplazo de Mauricio Macri por Alberto Fernández en la presidencia de la Nación se realizó con una normalidad con pocos antecedentes en nuestra historia.

El discurso inaugural del flamante presidente, despojado de triunfalismos o rencores, también supone un buen augurio. La "grieta" no le hace bien a nadie. El ideologismo dogmático solo sirve para disfrazar intereses mezquinos; erosiona un valor inherente a la república, que es la pertenencia a una patria común, y destruye la pluralidad, sin la cual la democracia es una utopía.

Con el cambio de gobierno, algunas expresiones del sector más radicalizado del nuevo oficialismo hacen temer por la libertad de prensa. Sin información seria no hay democracia posible. El jueves, durante la reunión de Adepa, Alberto Fernández tuvo un gesto notable y alentador: envió al secretario de Medios, Francisco Meritello, con un mensaje categórico donde destaca el rol de "los medios de comunicación y la actividad periodística" y sostiene que "la cultura del diálogo, del encuentro y del respeto es un magnífico compromiso al cual hoy nos convocan todos los argentinos y sin distinción de banderías políticas o partidarias".

Una tarea esencial para cerrar la grieta será la reconstrucción de la imagen de la Justicia. Cuando se habla de "persecuciones judiciales por razones políticas" se está formulando -sin evidencias- una acusación de enorme gravedad institucional, especialmente si se tiene en cuenta de que todos los jueces actuales fueron elegidos por gobiernos de la democracia, con acuerdo del Senado, y sometidos al monitoreo del Consejo de la Magistratura.

Una prisión preventiva injusta es tan nociva para el país como una libertad concedida por influencias políticas o, directamente, por connivencia. Las libertades de procesados por hechos de corrupción dispuestas a partir del 11 de agosto y con el cambio de Gobierno son celebradas por algunos, pero profundizan el descreimiento en muchos otros. Las promesas de reforma judicial no sirven de nada si se asocian con la defensa de los actuales procesados, porque así se mantendría la sospecha de que con el cambio solo se busca una Justicia adicta.

Para los argentinos, el gran interrogante inmediato está puesto en la resolución o agravamiento de la crisis económica. El ministro de Economía Martín Guzmán es un desconocido, con notables antecedentes académicos y definido como "una mente brillante" por el Premio Nobel, Joseph Stiglitz.

La descripción del escenario que hizo el ministro no difiere de los diagnósticos que formulan profesionales de diversas escuelas. La inflación no tendrá resolución rápida, es prioritario salir de la paralización económica y lograr la reactivación de la producción y el empleo. Para todo eso no hay posibilidad de acceder a ningún crédito y, según el ministro, el Estado debe fomentar el consumo y aplicar fondos para impulsar la reactivación.

Según Guzmán, el déficit fiscal está atado al endeudamiento y no existe ninguna posibilidad de más reducción de gastos; la realidad es que, desde 2011, el gasto creció del 24% al 42% del producto bruto interno. No lo dijo el ministro, pero tampoco hay margen para el aumento de la presión tributaria.

El ministro no expuso su plan

La primera medida anunciada fue el envío del proyecto de ley de Emergencia; históricamente, se trata de un régimen que otorga superpoderes al presidente. Entre 2002 y 2017, la Emergencia permitió al Ejecutivo reasignar el presupuesto prescindiendo del Congreso e incrementar la carga impositiva.

Estamos en una encrucijada económica y social.

En sus primeros gestos como presidente, Alberto Fernández brindó señales de tolerancia y convocó a afrontar juntos un proyecto de país. El mensaje no es novedoso ni avanza en acuerdos concretos, pero ese esfuerzo conjunto es imprescindible. La construcción de la democracia y el desarrollo de la Nación prós pera y equitativa es y será difícil, pe ro es tarea de todos.

 

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