Salta, la tierra negada de Julio Cortázar

Víctima de una grave enfermedad, el 12 de febrero de 1984, moría en París el escritor que más había influido en los jóvenes de las décadas de los 60 y 70: Julio Florencio Cortázar, nacido en Bruselas, de padres argentinos, el 26 de agosto de 1914. En 1915, en Zrich, pues la familia se había trasladado a Suiza por causa de la guerra, nació su hermana Ofelia (Memé). Cinco años mayor que Eva Perón, de la misma edad que Bioy Casares y menor que Sábato por sólo tres años, Cortázar parecía eternamente joven. Descansa en el cementerio de Montparnasse, cerca de Baudelaire y César Vallejo, otro hijo de nuestra América que murió también en Paris.

Los hitos de la vida de Julio Cortázar son muy conocidos, su nacimiento en Bélgica, a causa de que en ese momento su padre, el salteño Julio José Cortázar, trabajaba en la Embajada Argentina; el retorno de la familia a la Argentina cuando él tenía solamente 4 años, su temprana afición a la lectura y a la escritura, su vida en Banfield, junto a su madre y a su única hermana, quienes lo sobrevivieron, ya que María Herminia Descotte de Cortázar falleció en 1991 y Ofelia Cortázar en 2000. Se crió y educó en el ámbito de una familia de clase media, descendiente de inmigrantes, con una ajustada economía, sostenida por el trabajo de Herminia, una mujer culta, que hablaba varios idiomas y daba clases particulares, y que de ese modo pudo superar el abandono de su marido.

La familia Cortázar era una típica familia pequeñoburguesa, lo que puede leerse en su literatura y en sus declaraciones: clase media, Colegio Nacional, (como él mismo alude en "Un tal Lucas"), una tía soltera, la abuela, la hermana ("mundo de mujeres", diría el escritor alguna vez), y siempre la tristeza y la soledad que tan bien se recrean en ese cuento magistral que es "Final del juego". Como casi todos los niños argentinos de la época, Cortázar cursó los estudios primarios en una escuela pública de Banfield, el secundario en la Escuela de Profesores Mariano Acosta de Buenos Aires, donde se recibió de Maestro Normal y Profesor en Letras. Luego vino el ejercicio de la docencia primaria y secundaria en pueblos de la provincia, como Chascomús, y posteriormente en la Universidad de Cuyo donde dictó literatura francesa. De esta manera el hijo mayor de la familia Cortázar-Descotte se convertía en el sostén principal de la casa, lo que se mantuvo aún cuando se fue a Europa, ya que disponía de una parte importante de sus ingresos como traductor de la UNESCO para enviar a su madre y hermana que habían quedado en Buenos Aires.

La elección de vida

Un primer libro de poemas con el pseudónimo Julio Denis, "Presencia", en 1938 anunciaba su elección definitiva por la literatura. Aparecen los primeros cuentos: "Casa tomada", publicado en 1946 en la revista Anales que dirigía Jorge Luis Borges que luego formaría parte de "Bestiario" de 1951. Y los relatos imprescindibles e inolvidables de "Final del juego", "Las armas secretas", la novela "Los premios", "Historias de cronopios y de famas". A principios de la década del 50 se trasladó a París, junto a su primera mujer, la traductora Aurora Bernárdez. Las traducciones, la vida en Europa, un período en Roma, los libros de cuentos, el éxito de "Rayuela" de 1963, su visita a Cuba y su apoyo a la revolución cubana, los reiterados viajes que hiciera luego a la isla donde fue jurado del Premio Casa de las Américas, los nuevos libros, fragmentarios, revulsivos, transgresores, desafiantes del orden establecido, combates lúdicos, provocación a los lectores marcan una inflexión en su posición política y en su escritura : "Todos los fuegos el fuego", "La vuelta al día en ochenta mundos", "62/Modelo para armar ", "Ultimo round", "El libro de Manuel", "Un tal Lucas", "Deshoras", "Queremos tanto a Glenda", "Pameos y Meopas" (poesía), "La prosa del observatorio" (poesía), "Octaedro", "Deshoras", "Salvo el crepúsculo" (poesía),que fueron cuidados en su traducción y distribución en Europa y los Estados Unidos, por su pareja, la escritora lituana Ugné Karvelis, editora de Gallimard.

"Los autonautas de la cosmopista"(1983) merece particular atención. Escrito con su segunda esposa, la traductora y fotógrafa norteamericana Carol Dunlop, anuncia la enfermedad y la muerte, primero la de ella, en 1982 y luego la de él, en 1984, a los 69 años.

Como Rayuela

El lado de allá, el lado de acá, de otros lados, lo que está y lo que no está, Buenos Aires, París, La Habana, Salta.

Julio José Cortázar, el padre de Julio, había nacido en Salta en 1884. Era hijo de doña Carmen Arias Rengel y Tejada y el inmigrante vasco Pedro Valentín Cortázar Mendioroz que murió en 1912. Carmen y Pedro tuvieron siete hijos, entre ellos Julio José Cortázar Arias y Octavio Augusto Cortázar Arias, quien sería el padre del gran estudioso y folklorólogo Augusto Raúl Cortazar (que optó por el apellido sin acento por cuestiones filológicas) nacido también en Salta.

Numerosos familiares de Cortázar por esta rama coinciden en señalar la difícil relación del escritor con esta ciudad ya que le evocaba el abandono del padre que se trasuntó en negación, la negación del padre, desde donde surgirán los textos displacenteros de fobias, personajes y aconteceres siniestros de sus primeros cuentos como "Carta a una señorita en París", "Circe" o "Bestiario", en los cuales los animales domésticos, los insectos, las bestezuelas de los cuentos infantiles, se cargan de eso que Freud llama en alemán "unheimlich", antónimo de "heimlich" que es lo familiar.

"Unheimlich" sería lo familiar que se torna (o retorna) como perturbador y extraño, no domesticado, en suma: lo siniestro. Desde la falta del padre, el deseo del hijo intenta saldar una cuenta pendiente y, para ocupar ese lugar vacante, construirá una novela familiar que será la novela literaria de Julio Cortázar: sus cuentos, sus poemas, sus novelas. A partir de su particular neurosis (fobias, hipocondría, etc.) Cortázar elaborará esa novela familiar y modelará sus fantasías en forma de textos literarios.

Unas pocas cartas muestran la relación de Julio Cortázar con su padre, una relación truncada y defectuosa que deja al descubierto muchos interrogantes. “Mi abuelo era uno de esos vascos que emigraron a la Argentina y que en una de las provincias del norte, en Salta, se dedicó a la agricultura y tal vez un poco a la ganadería. No lo sé bien. Nunca me interesó el árbol genealógico (...)”, dijo Cortázar en una entrevista en 1977. Lo cierto es que Pedro Valentín Cortázar fue empleado del Banco Hipotecario Nacional, sucursal Salta. La familia Arias Rengel, tal vez por cierto recelo ante los extranjeros, no vio con agrado el matrimonio de Carmen con el español. Los ascendientes de Julio Cortázar en América se remontan a los siglos XVI y XVII de la conquista y la colonia, (que remiten a los Reyes Católicos y a los Habsburgo), a Lázaro Arias Rengel y Aguirre, vinculado con los fundadores de las ciudades del noroeste y casado con Juana Diez Heredia, padres de José Félix Arias Rengel y Diez Heredia, casado a su vez con Gregoria Hidalgo Montemayor y Arias Velázquez, padres del Maestre de Campo Francisco de Borja Arias Rengel Hidalgo Montemayor, casado con Petrona Escobar y Arias Velázquez, padres de José Félix Arias Rengel y Castellanos, casado con Ángela Justina Sánchez Palacios Frías, padres de Desiderio Santiago de Arias Rengel y Sánchez, casado con Benjamina Tejada Moldes, padres de Carmen Arias Rengel y Tejada, abuela de Julio Florencio Cortázar.

Presencias y ausencias 

Sin duda, podemos leer en la escritura de Julio Cortázar una red de presencias y ausencias o de presencias que son ausencias, como en todo sujeto humano. Por eso no es equivocado pensar que en el mapa que construye desde sus textos, está Salta, no dicha, oculta como el inconsciente, pero que habla desde su atávico misterio, promoviendo una búsqueda infinita y dolida, en las fobias de la infancia, en lo familiar tornado tenebroso, en el nombre del padre portado casi como un castigo y una culpaà Salta es lo no dicho, lo reprimido y negado, lo que se manifiesta en la torrencial producción de este gran escritor de paradojas y contradicciones como él mismo lo dice en una carta al presidente de Casa de las Américas de Cuba, Roberto Fernández Retamar: “¿No te parece en verdad paradójico que un argentino casi enteramente volcado hacia Europa en su juventud, al punto de quemar las naves y venirse a Francia sin una idea previa de su destino haya descubierto, después de una década , su verdadera condición de latinoamericano?” (Carta a Fernández Retamar del 10 de mayo de 1967).

Porque Salta es Latinoamérica, es el padre, el origen del cual Cortázar intentó huir, del que huyó (como Edipo), para buscar incansable en las torres de Europa y en “el libro de Mallarmé”, su destino y que encontró (reencontró) en La Habana y en Nicaragua, en la palabra de Tomás Borge, el luchador sandinista, de Neruda, que murió también a los 69 años, en los encuentros con Mario Benedetti y Roa Bastos, con Carpentier y García Márquez, con Ernesto Cardenal y Roberto Fernández Retamar, Roque Dalton, Haydée Santamaría, Fina García Marruz, Cintio Vitier, Juan Gelman y Lezama Lima.

Su genealogía latinoamericana, enraizada allá lejos, en los años de la conquista y la colonia, remite al mestizaje de este continente del sur, dicho no solamente en castellano, sino en quechua y guaraní, donde “murmuran” negros esclavos, indios y mestizos y también conversan ingleses y españoles, guerreros, sacerdotes y patriotas en medio de las guerras por la independencia, y gauchos y letrados de las guerras civiles, como señala Sábato a propósito de Alejandra Vidal Olmos, descendiente de Trinidad Arias de Salta, en “Sobre Héroes y tumbas”. En ese entramado híbrido y multicultural que es nuestra América, surge el escritor. Allí está. Es Julio Cortázar. 

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