Elena Bossi
“La voz del feminismo es hoy una de las más fuertes en contra de los mandatos”
Entrevista a la escritora y dramaturga  radicada en Jujuy, Elena Bossi

Elena Bossi nació en Buenos Aires, pero vive en Jujuy desde 1980.  Esta noche, a las 20 su adaptación de un clásico de todos los tiempos podrá verse  en el Capec de Tilcara (Belgrano 547). El reestreno de "Bailemos sobre las cenizas... Hamlet"  en Jujuy fue el punto de partida de una conversación donde la escritora y docente universitaria reflexiona sobre los géneros literarios, las nuevas voces del NOA y, por supuesto, la actualidad de Shakespeare.

¿Cómo trabajaste en una versión propia de un texto tan emblemático como Hamlet?

La idea fue de Rodolfo Pacheco, Él me convocó para escribir una versión en forma de monólogo.  Entonces pensé en un actor que repasaba los textos de Hamlet e iba superponiendo el duelo por su propio padre al texto.  Hamlet es un joven que muere joven.  Si un actor mayor está actuando es porque no ha muerto. Este personaje había sobrevivido porque no había escuchado el mandato paterno de venganza. Hay textos del original levemente modificados y el lenguaje barroco se extiende al lenguaje propio del actor cuando se va de la historia de Hamlet para contar la propia, pero  en otros momentos, ese lenguaje se corta de modo brutal. 

Me pareció que la idea del teatro en el teatro,  presente en Shakespeare, aquí podía adquirir una dimensión más porque existen más capas de realidades: un actor que actúa de actor que repasa textos de Hamlet. Entrar y salir de todas esas realidades produce el efecto de la locura. Ricardo Arias, el director, imaginó en la puesta que esas realidades se superpusieran y modificaran sin cortes o guiños para el espectador. 

¿Qué tiene para decirnos esa obra hoy, cómo se actualiza en el tiempo y -si es que también sucede- cómo se actualiza en el continente?

El mandato paterno, social,  cultural,  que manda a morir a los jóvenes sujetos a los reclamos de la generación anterior, es siempre un tema, en toda época y también para nosotros con tanto pasado difícil a cuestas y tanta historia dolorosa: guerra de Malvinas,  juicios de lesa humanidad, gente que todavía no recupera su identidad o acaba de recuperarla, despojos, arrebatos, injusticias, falta de oportunidades.  Tenemos recorridos para que cada generación haga su propia lectura  y construya con ese pasado algo diferente de lo que las generaciones anteriores le dicen. Me parece que la voz del feminismo es hoy una de las más fuertes en contra de los mandatos. Y el duelo es de todos, una experiencia humana que nos reúne, no importa en dónde: en Dinamarca y en Tilcara.

¿Cuales son los próximos pasos con esta obra?

 La obra crece, cambia, se modifica imperceptiblemente cada vez, pero en el tiempo esos cambios se hacen visibles. Es sobre todo el trabajo de Rodolfo Pacheco, su actuación, sus estudios, sus reflexiones. Ricardo Arias interviene también cada tanto. El tema nunca se agota y el texto nos resulta siempre nuevo y diferente. Conversamos con frecuencia: una puesta lleva a una idea, otra puesta a alguna reflexión durante la cena. Barthes tenía el concepto de que lo universal en literatura lo es, no tanto porque un mismo texto pueda ser leído por diversas generaciones en diversas geografías, sino porque una misma puede leerlo a través de toda la vida y percibirlo siempre actual, encontrar algo nuevo. Así, el proceso de esta versión no termina nunca y si un espectador vio la obra en las primeras funciones y la ve hoy, encontrará una obra distinta.

 Además del teatro has trabajado sobre otros géneros ¿qué te aporta cada uno y donde te sentís más cómoda?

Escribí novela y ensayo y,  más recientemente, cine.  Con la poesía tengo mis reservas y aunque es el género que leo con más frecuencia, no escribo lírica salvo para letras de canciones que musicalizó el compositor Rodrigo Ramos Ruiz y se estrenaron en conciertos en Córdoba.

El teatro y el cine me gustan mucho por el trabajo en equipo, el intercambio. También ocurre con las canciones.  La obra ya no es de una. La ves crecer, cambiar, convertirse en otra con el trabajo de los demás. Algo así, como el proceso de las catedrales góticas pero en espacios minimalistas, en obras pequeñas.  Me gusta mucho ese trabajo subversivo que modifica el texto y le agrega voces y miradas, las transforma en música o imagen o en una puesta que no depende de vos, otra obra, otro texto . La novela y el ensayo son escrituras un poco más solitarias, que te recluyen. Reflexionar acerca de las formas diferentes y sus posibilidades es fascinante

No existe un espacio en el que me sienta más cómoda siempre. Depende del momento, del proyecto, Ahora planeo seguir con el teatro. Tengo dos proyectos teatrales y uno para cine.

Tu libro “Las damas del motín” denota una amplia investigación

Creo que después de escribir la novela "Las damas del motín" que me demandó mucho esfuerzo de investigación tanto histórica como estilística, me cansé un poco de escribir novela y pasé con felicidad al teatro,  gracias a Pacheco y al cine gracias al productor Hernán Virues y al director Blas Moreau que me convocaron.

¿Cómo evaluás el presente literario del NOA y qué autores te llaman la atención?

 Soy una lectora un poco dispersa, no leo más de mi región que de otras, pero hace poco, como jurado de un concurso de novela, descubrí  a un escritor que no conocía y me gustó mucho: Santiago Martín Jorge.   Sigo hace tiempo al poeta Juan Páez,  que tiene ya varios títulos publicados,  y a  Meliza Ortiz que presentó un libro nuevo hace poco, Poeta sufera y otros éxitos, que leí con placer En Salta, Daniel Medina publicó el año pasado una novela muy buena: Detrás de las imágenes con un punto de vista que es un desafío. En Tucumán, hay un grupo de narradores que viene trabajando muy bien desde hace tiempo (Marcela Canaleda, Horacio Paz, Luis Arcadi Lobo, son varios y olvido nombres) y el año pasado se publicó un libro muy original de Verónica Barbero, Aquí se restauran niños y vírgenes,  En general, veo mucho movimiento de jóvenes con talento,  seriedad e irreverencia. Me gusta eso. Que no se respeten los mandatos de sus mayores.