Asesinó a su rival a la salida de una fiesta barrial

Con otra muerte violenta se desayunó ayer la ciudad de Orán, una de las más violentas del país tras perder la vida un joven de 30 años, ultimado por cuestiones aún no esclarecidas, aunque los rumores hablan de un ajuste de cuentas zonal.

Fuentes del norte aseguraron ayer que el llamado a la emergencia 911 se produjo a las 6 de la mañana de ayer.

A partir de ese momento una patrulla policial concurrió al lugar y corroboró una violenta agresión armada.

El Centro de Coordinación Operativa de la Unidad Regional N§ 2 articuló la intervención policial que inició por un reporte al Sistema de Emergencias 911.

Según la Policía, el hecho ocurrió poco antes de las 6 en la intersección de Alvear y Rebollo de la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán.

Allí a la salida de un festejo familiar llegaron varios jóvenes que sin mediar palabras buscaron entre los jóvenes que se marchaban de la fiesta a uno en especial.

Según testigos del lugar, una vez ubicado el joven uno de los recién llegados lo agredió sin más palabras con una arma blanca. Fueron dos estocadas al abdomen y tórax, región izquierda, que dejaron sin chances de vida al joven identificado como Hernán Castillo de 32 años, quien ingresó sin vida al hospital local. La investigación continúa por parte de un grupo especializado que trabaja bajo la dirección de la Fiscalía de Graves Atentados contra las Personas.

Horas más tarde, vecinos y conocidos de la víctima señalaron al sospechoso, que fue identificado como Julio Flores.

La policía ubicó en minutos su domicilio en calle Los Andes 187, donde residen sus padres. El homicida no opuso resistencia.

El arma

Cuando los policías le preguntaron por el arma utilizada en la agresión el joven dijo que se la había entregado a su hermana, de nombre Carolina Flores, quien la había hecho desaparecer ya.

Ante la gravedad de la acusación Carolina Flores señaló que el cuchillo criminal estaba en el interior de un pozo ciego o letrina, pero de la casa de una tía, que habita a unos 200 metros del lugar de detención.

Personal policial acudió a la misma y, tras trabajar sobre la superficie del pozo negro y ante la imposibilidad de dar con el arma, solicitaron los servicios de Bomberos que debieron aplicar todos sus conocimientos para lograr ubicar el arma homicida en el interior de la letrina casi rebosante de líquidos cloacales.

En la tarde de ayer, el caso estaba casi esclarecido, aunque la única duda radica en el móvil del crimen.

Para muchos se trató de una ajuste de cuentas, para otros un hecho circunstancial.

Sin embargo, una fuente deslizó que el crimen se produjo en un barrio donde la droga es una fuente laboral importante.

 

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