La visita a Europa de María Eva Duarte de Perón

El 26 de junio de 1945, en San Francisco, California, (EEUU) se aprobó la carta de la Naciones Unidas. Rubricaron el acta constitutiva 51 estados, más cuatro invitados especiales, entre ellos la Argentina. En la oportunidad, España quedó afuera de la organización por haber colaborado con la Alemania nazi, aunque sin haber participado del conflicto. Además, por una expresa resolución de 1946, se prohibió a España que ingrese a cualquiera de los organismos internacionales y más aún, se recomendó el retiro de los embajadores de todos los países miembros. Pero ahí no paró el embate, pues en la primera asamblea de la ONU -en septiembre de 1946- a propuesta de Gran Bretaña, se trató la intervención militar a España. Pero la iniciativa no prosperó por la férrea postura que encabezó el Dr. José Arce, delegado argentino, quien, junto a otros países, le negaron a la ONU el derecho a intervenir en cuestiones internas de España. 

Ese gesto de la Argentina, despertó en el pueblo español un afectuoso reconocimiento por haber sido defendido en la ONU. Luego de ello, la Argentina tuvo otro gesto de solidaridad para con España. Fue cuando pese a la disposición en contra de la ONU, en octubre de 1946 le concedió un crédito de 350 millones de pesos y un empréstito de 400 millones pagaderos en veinticinco años. De esta forma la Argentina rompió el bloqueo económico impuesto por la ONU a España, hecho que obviamente desató la furia de quienes ya se sentían los dueños del nuevo orden mundial surgido en Yalta.

Invitación

A consecuencia de la actitud de la Argentina para con España, en junio de 1947 llegó al país un pedido oficial del gobierno español para el presidente Perón, invitándolo a visitar España. 

Según Felix Luna, fue la forma “que el caudillo (Francisco Franco) agradecía a Perón la ayuda en alimentos que recibía su pueblo”. Perón aceptó la invitación y decidió que lo representara Evita, su esposa. Y pronto, a la solicitud de España se sumaron Francia, Italia, Suiza y Portugal. 

Despedida

El viaje de Evita fue programado para el día 6 de junio de 1947. La despedida se realizó el día antes en el predio de la Sociedad Rural Argentina y fue organizada por varios gremios que lograron reunir más de cien mil personas. 

Finalmente, el viernes 6 de junio, Eva Perón partió del aeropuerto de Morón en un DC-4 de Iberia, que especialmente había fletado el gobierno español. El avión despegó a las 4 y 20 de la tarde llevando a bordo a Eva Perón y una comitiva integrada por la señora Lilian Lagomarsino de Guardo, Alberto Dodero, los edecanes vicecomodoro Jorge Aníbal Rodríguez, capitán de fragata Arturo Gutiérrez y el mayor Jorge Bolloffet. Además, iba su médico personal, Dr. Francisco Alsina, el fotógrafo Emilio Abras, su peinador, Julio Alcaraz y Asunta y Juanita, a cargo del guardarropas. También acompañaba a Evira, su hermano Juan. Al final se incorporó a la comitiva el escritor Francisco J. Muñoz Aspiri.

A cargo de la nave estuvieron los pilotos José Rey, Manuel Lorenz y Jorge Imaz. Previas escalas en Natal (Brasil) y Villacisneros (Sahara Español) el avión descendió en el aeropuerto de Barajas, el 8 de junio de 1947, siendo escoltado por una escuadrilla de 41 aviones de la Fuerza Aérea Española.

Evita, y La Gran Cruz de Isabel la Católica

Unas trescientas mil personas recibieron a Eva Perón en España. 

En el aeropuerto de Barajas recibieron a Eva Perón, el generalísimo Franco, su esposa doña Carmen Polo y el gabinete en pleno. Las 300 mil personas que se congregaron alrededor de la aeroestación, la aclamaron con gran entusiasmo. Otro tanto ocurrió con la multitud que se juntó a lo largo del recorrido que hizo el coche oficial hasta al Palacio de El Pardo, residencia de Franco, y donde Eva Perón se alojó durante su estadía en Madrid. Desde El Pardo, Evita dio su primer discurso que lo transmitió a todo el país, Radio Nacional de España.

El 9 de junio, en el Palacio de Oriente, fue la recepción oficial, en cuyo transcurso, Francisco Franco le impuso la Gran Cruz de Isabel la Católica. Desde muchas horas antes, la gente comenzó a agolparse en la plaza de Oriente y en aledaños, mientras el comercio cerraba sus puertas para permitir la asistencia al multitudinario acto de homenaje a Eva Perón.

Todos querían ver a Evita, quien desde uno de los balcones habló a los allí congregadas: “Españoles: Os entrego, junto con mi corazón, el corazón de mi esposo, el presidente de los argentinos. Sé que mi presencia no colma vuestro anhelos. Deseabais os visitara el general Perón, quien en horas amargas de vuestra vida nacional, se presentó ante el mundo batallando por los fueros de España, con la valentía de hijo bien nacido que se juega entero por su madre...”.

Os traigo el contagio de felicidad de los trabajadores argentinos, de la urbe y del campo, que por el ámbito de mi Patria vitoreando el amanecer de un gran pueblo en marcha, nuestro pueblo, y orgulloso, como yo me siento orgullosa, de pertenecer al linaje hispánico...”.

Agasajo

Luego del acto se sirvió un almuerzo de gala en el Palacio de Oriente con todas las personalidades argentinas y españolas, a la que siguió una velada artística donde actuaron Lola Flores, Manolo Caracol, Carmen Sevilla y Juanita Reina.

El 10 de junio por la mañana, después de hablar a los españoles por Radio Nacional, Evita visitó El Escorial con la esposa de Franco, el ministro de Educación, José Ibáñez Martín y el embajador argentino Pedro Radío. Por la tarde recorrió un campamento de las Juventudes y, casi al anochecer, visitó el Mercado Nacional de Artesanía. El broche de la jornada fueron las danzas folclóricas que las provincias españolas le brindaron a Eva Perón en la Plaza Mayor de Madrid y al que asistió junto al jefe del Estado y el presidente de la Cámara de Comercio Argentino Española.

Días después, Evita visitó Toledo, Sevilla, Santiago de Compostela y Zaragoza, rompiendo el protocolo en diversas oportunidades tras pedir permanentemente visitar los barrios más humildes.

El 26 de junio, a primera hora de la tarde, un avión de FAMA (Flota Aérea Mercante Argentina), luego de una salva de 21 cañonazos, levantó vuelo rumbo a Italia.

En París, con el futuro pontífice Juan XIII

Conversó con monseñor Roncalli cuando recorría la catedral de Notre Dame

En Roma, la esperó el ministro de Relaciones Exteriores, Conde Sforza, el encargado de la Santa Sede y la esposa del primer ministro Alcides de Gasperi. El viernes 27 por la mañana, con un traje largo negro y la cabellera cubierta por un tul, fue recibida por el papa Pío XII quien le obsequió un rosario de plata. Al día siguiente, en representación de Perón, recibió en la embajada argentina ante la Santa Sede, la Gran Cruz de San Gregorio Magno, otorgada por el Papa al presidente argentino.

Luego de unos días en Italia, Eva Perón, pasó a Lisboa donde almorzó con el presidente Fragoso Carmona. Después de tres días, voló a París donde se reunió con George Bidault, canciller de Francia y el 22 de julio, con el presidente Vincent Auriol, en el Castillo de Rambouillet. Estando en París visitó Notre Dame con el Nuncio Apostólico, monseñor Angelo Roncalli, quien años después fue el papa Juan XXIII. Este le dijo: “Siga Señora, en su lucha por los pobres, pero no olvide que esa lucha, cuando se emprende de veras, termina en la cruz”.

De París partió a Suiza con el representante argentino, don Benito Llambí. De allí pasó a Ginebra, luego a Lisboa y por fin Dakar, donde abordó el vapor “Buenos Aires”. 

Llegó a la Dársena Norte del puerto de Buenos Aires, el 23 de agosto de 1947. Abajo, otra multitud la esperaba. 

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Sección Editorial

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