Murió Miguel Guaymás, el cerrillano que de niño compartió una canción con Atahualpa Yupanqui

Por Luis Borelli y Daniel Díaz

Esta semana Cerrillos perdió a un silencioso pero querido vecino de Cerrillos, don Miguel Guaymás. Se trató del último interlocutor cerrillano que tuvo nada más y nada menos Atahaualpa Yupanqui.
Miguel, en la década de 1930, ya era un niño aficionado a la música y el canto. 
Su madre, doña María Guaymás, trabajaba cama adentro en lo de Macaferri, una familia muy apegada a la fe católica. Por eso, desde muy chico Miguel recibió una estricta educación religiosa. Estuvo muy inmiscuido en el quehacer doméstico de la parroquia, donde fue monaguillo, campanero y coreuta, ocupaciones que luego heredó el "diablo" Arias. 
Pero lo que más quería Miguel era aprender a tocar el armonio, esa gran caja de madera que estaba arriba, en el coro del templo. Para él, se trataba de un misterioso cajón del cual los frailes franciscanos extraían maravillosos sonidos mientras pedaleaban. La sola idea de acariciar el instrumento lo llenaba de fascinación. Y así, por ser tan dado a la música, doña Ernestina Peralta de Macaferri lo llevó con ella al concierto de Atahualpa. Tenía entre cuatro y cinco años y cualquier otro chico de su edad se hubiese aburrido esa noche. Pero eso no ocurrió con Miguel.
 

-La música que exhalaba la guitarra de Atahualpa lo atrapó y así fue que cuando todo concluyó, Miguel encaró a Yupanqui y con lengua mota le dijo: “¿Ute es don Atagualpa?

“Si, yo soy. ¿Y usted quién es?” respondió Yupanqui. 

“Yo soy Miguel Guaymás y también ze cantá”.

“¿Ah, sí? ¿Y qué sabes cantar?”, le preguntó el artista. “Yo se ‘Cantemo al amor de los amores’”, dijo Miguel. “Ah, entonces cantá”, le dijo Atahualpa. Y ahí nomás Miguel se largó a cantar. Luego Yupanqui, acariciándole la cabeza dio por concluido el debut artístico del pequeño. 

 

Pasaron los años y en 1948 llegó a Cerrillos el cura franciscano Luis Zangrilli, quien abrió el camino para que Miguel cumpliera sus sueños. El sacerdote le dio clases de piano, canto, italiano y latín. Y cuando Zangrilli fundó el Coro San José, Miguel no solo fue su bajo resonante, sino que además acompañaba a los coreutas con el armonio que amaba de niño.
Miguel Guaymás falleció esta semana a los 85 años, pero vivirá sin lugar a dudas en la memoria de los cerrillanos.

 

Amante de la música

Miguel tocaba el piano y la armónica; y trabajó en la disquería de HyR Maluf que antaño contaba con un estudio de grabación. A fines de los años 50 estaba a la cabeza de un emprendimiento que consistía en pasar publicidad y música por altorparlantes, construidos por sus propias manos, y que destribuía a lo largo de la avenida principal del pueblo (tramo urbano de la ruta 68). Un poco más adelante, en los 60, puso en marcha otra empresa que consistía en ofrecer música funcional a los comercios de la zona, una suerte de música por cable, tal cual se brinda hoy la televisión.


La visita de Atahualpa

Cuando Atahualpa llegaba a Cerrillos solía quedarse dos o tres días. Lo hacía para reponer fuerzas en medio de sus largas giras por los valles y también para ganarse unos pesitos. Solía dar conciertos de guitarra matizados con relatos y conversas, arrancados de “su largo caminar”. La recaudado era siempre al partir con alguna entidad benéfica de la localidad. 
En el pueblo, Atahualpa había hecho varios amigos que siempre lo agasajaban: Pajarito Velarde, Adolfo Peralta, Julio y Antonio Velarde, el párroco Angel Peralta, César Cánepa y don Juan Macaferri, anfitrión e ingeniero genovés que estaba en el país por el Huaytiquina desde principios del 1900. 
La última visita de Yupanqui a Cerrillos fue una tarde noche de abril de 1938, en el salón del viejo edificio municipal. El evento fue organizado por la Comisión de Damas de la Parroquia San José, presidida por doña Ernestina Peralta de Macaferri, secretaria doña María Giulitti, y tesorera, señorita Sara Giampaoli, es decir, una vera Sociedad Italiana de Cerrillos.  El recital fue un éxito. Por casi dos horas, Atahualpa desgranó música nativa, alternada con entretenidos relatos del camino que acababa de recorrer. Así fue que el público pudo saber que la noche antes a su arribo, Yupanqui había pasado la noche en Chicoana. Aquella noche, Atahualpa describió a cada uno de los pueblitos de su itinerario: San Carlos, Molinos, Seclantás, Cachi, Payogasta y Chicoana. Lo hizo con tal nitidez que aún los que desconocían esos poblados salieron convencidos de haber hecho un viaje imaginario por sus estrechas calles de arena, de casitas blancas, veredas altas y techos de caña. Fue precisamente en esa velada que don Atahualpa y Miguel Guaymás hicieron contacto, se conocieron y compartieron una canción: “Cantemo al amor de los amores”, como le propuso el chico cerrillano.

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