Una "pueblada" de originarios  quiso vengar la muerte de una nena

"Quemale la casa, quemale la casa", se escucha claramente decir a un aborigen instando a hombres y mujeres originarios a quemar una vivienda de la localidad de Santa Victoria Este, en el departamento Rivadavia, en momentos en que un grupo numeroso de wichis la rodearon, arrojaron varias piezas de pollo a la parrilla que se estaban cocinado y provocaron destrozos de todo tipo.

A los pocos minutos se escucharon algunos disparos al aire, por lo que el grupo de exaltados aborígenes se dispersó, pero luego volvieron a atacar a los criollos, entre ellos una mujer que al parecer trataba de explicarles algo intentando, sin conseguirlo, que se calmen.

El hecho se produjo el pasado 8 de abril en esa localidad del Chaco salteño, y mostró la indefensión en la que se encuentran muchos criollos que residen en esa alejada, inhóspita y olvidada localidad del norte de la provincia, cuando un grupo de unos 50 aborígenes intentaron quemar una casa, en cuya vereda hay una venta de pollos a la parrilla.

Según los aborígenes, un matrimonio de originarios junto a dos niñas pequeñas de 6 y 8 años habían cobrado la asignación universal por hijo en Santa Victoria. La familia se acercó a comprar un pollo a la parrilla pero minutos después una de las nenas comenzó a toser, a vomitar sangre y entró en convulsión.

Inmediatamente los aborígenes argumentaron que el pollo que la chiquita había consumido estaba podrido, y que eso le desató el cuadro mortal a la infortunada criatura.

Con ese argumento llegaron para quemar una vivienda y destrozar mesas, sillas y las parrillas de los criollos que trabajan en esa actividad.

Lo que dice el informe policial

Apenas anoticiado del hecho, según lo refirió a El Tribuno, el fiscal Armando Cazón requirió una serie de medidas como una autopsia en el cuerpo de la chiquita; pero los aborígenes se negaron rotundamente y por el contrario exigieron la inmediata entrega del cuerpo de la menor, a lo que el fiscal accedió.

El informe policial que el destacamento de Santa Victoria le elevó a Cazón refiere que "la denuncia fue formalizada por un hombre de 37 años quien se identificó como Antonio Frías, pero que no aportó documentación personal, domiciliado en Pozo La China, distante a 20 kilómetros de Santa Victoria".

En otro párrafo el informe refiere que, según el denunciante, "como a la media hora de haber ingerido el pollo, su hija de 6 años comenzó a manar abundante sangre por la boca, por lo que por sus propios medios la llevaron al hospital, donde la niña ingresó sin signos vitales".

Según el diagnóstico de Marcela Quispe, la médica que la asistió en la guardia, la chiquita padeció un cuadro de "hemorragia digestiva alta". El mismo informe agrega que momentos más tarde de producirse el deceso de la menor el médico policial revisó el cuerpo sin vida de la chiquita, diagnosticando que el fallecimiento se produjo por una broncoaspiración.

El fiscal penal con jurisdicción en esa zona explicó que "le pedí al personal policial que les informara a los familiares que para tener mayor certeza sobre qué había provocado la muerte de la menor se le debía practicar una autopsia, pero se negaron en forma terminante y exigían la entrega del cuerpo para darle sepultura en su comunidad".

Hasta allí llegó la información oficial sobre la muerte de la nena y todo lo que posteriormente se conoció fue la reacción de la comunidad aborigen, que intentó hacer justicia por mano propia, por la supuesta responsabilidad de la familia criolla en el triste deceso.

Un video que se difundió sobre el caso muestra la indefensión de los criollos ante la amenaza de los enfurecidos aborígenes.

 

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