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Trump está solo y no espera

Martes, 14 de mayo de 2019 00:00

Con un par de tuits, Donald Trump desmoronó al mundo. Otra vez. Tres días antes de la reunión con las autoridades de China para evitar la guerra comercial y tecnológica, les advirtió que iba a elevar nuevamente los aranceles a los productos importados de ese país y que la negociación iba "demasiado lenta". ¿Renegociar? "­No!", se respondió. Las bolsas de Asia iban en alza. Cerraron en rojo. Aquello que comenzó con la búsqueda del equilibrio en la balanza comercial con el acero y el aluminio se extendió a toda la economía en un santiamén. Siguió el credo de los acuerdos con México y Canadá y con Corea del Sur, así como la salida del pacto transpacífico. En una palabra, Terminator.

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Con un par de tuits, Donald Trump desmoronó al mundo. Otra vez. Tres días antes de la reunión con las autoridades de China para evitar la guerra comercial y tecnológica, les advirtió que iba a elevar nuevamente los aranceles a los productos importados de ese país y que la negociación iba "demasiado lenta". ¿Renegociar? "­No!", se respondió. Las bolsas de Asia iban en alza. Cerraron en rojo. Aquello que comenzó con la búsqueda del equilibrio en la balanza comercial con el acero y el aluminio se extendió a toda la economía en un santiamén. Siguió el credo de los acuerdos con México y Canadá y con Corea del Sur, así como la salida del pacto transpacífico. En una palabra, Terminator.

Trump repite la historia como si EEUU no hubiera aprendido de sus errores. En 1920, después de haber contribuido al final de la Primera Guerra Mundial, no ratificó el Tratado de Versalles, firmado un año antes. También se retiró de la Sociedad de las Naciones, émulo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a pesar de haberla aprobado. Una década después, en 1930, durante la presidencia de Herbert Hoover, subió los aranceles de las importaciones con la ley del senador republicano Reed Smoot y del representante del mismo partido Willis Hawley, de modo de mitigar el impacto de la Gran Depresión. La recesión nacional pasó a ser global. En el caso de Irán, el abandono del acuerdo que limitaba desde 2015 el enriquecimiento de uranio, simiente de la bomba atómica, supone un garrotazo para las compañías europeas con inversiones en ese país. Desde el anuncio, en 2018, el rial (la moneda iraní) se devaluó un 60 por ciento y los salarios cayeron en picada. La inflación estimada para 2019 ronda el 40 por ciento. La Unión Europea mantiene el acuerdo, rubricado con EEUU y seis potencias mundiales, pero las sanciones contra el petróleo, que representa un cuarto de su PBI, limitaron su capacidad de maniobra. De nada sirvió para Trump que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) verificara el cumplimiento del acuerdo ni que la Unión Europea se abstuviera de aplicarle nuevas sanciones a Irán. La amenaza del régimen teocrático de apartarse del rumbo pone al mundo en riesgo de una eventual proliferación nuclear, así como de la ruptura del multilateralismo. La sistemática destrucción de las instituciones creadas después de otra catástrofe, la Segunda Guerra Mundial, no favorece a Estados Unidos, sino a su virtual competidor, China, cuyo presidente, Xi Jinping, a la altura de líderes históricos como Mao Zedong, Deng Xiaoping y Jiang Zemin, pasó a ser la voz cantante de la globalización.

Trump inquieta a China con los aranceles, pero le cede el Cinturón y la Ruta de la Seda. En el mundo crea el vacío de liderazgo que aprovechan, entre otros, Kim Jong-un para lanzar misiles tras reunirse con Vladimir Putin y Rusia, Turquía y, curiosamente, Irán para decidir el destino de la devastada Siria. En casa, la oposición demócrata denunció una crisis institucional por la orden de guardar bajo llave el informe completo de la investigación sobre sus vínculos con Rusia. Los zigzagueos, centrados en su reelección en 2020, desquician también a la alianza atlántica (OTAN), clave de la seguridad europea. El giro nacionalista, proteccionista y aislacionista se parece al de hace un siglo. Entonces no existía Twitter.

 

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