Quién es el joven argentino que habló después de Greta en Nueva York

Bruno Rodríguez oyó hablar por primera vez de Greta Thunberg hace siete meses, por un tuit del director de Amnistía Internacional. En cuestión de minutos se zambulló en el tema del Cambio Climático, se descargó el informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU y entendió a qué se refería Greta cuando le exigía a su gobierno que cumpliera con las metas del Acuerdo de París. Leyó el informe completo y entendió que esta también era una lucha política. No partidaria, pero política al fin. Que tenía que ver con los derecho humanos. Y que le tocaba a su generación hacer algo.

Fue en febrero de este año, cuando comenzaron las primeras marchas mundiales. Y desde ese momento no dejó de trabajar un solo día para pensar qué puede hacer desde su lugar para producir un cambio.

Bruno tiene 19 años y está cursando el CBC para Ciencias Políticas y Derecho. Creció en Paternal: Avenida San Martín y Donato Álvarez fueron sus coordenadas desde chico. Hizo la secundaria en la ORT de Yatay, en Amagro, y desde hace un año y medio comenzó a participar de los encuentros para jóvenes que se realizan todos los sábados en Amnistía Internacional.

Su padre es ingeniero en sistemas y trabaja para una empresa del grupo Techint y su madre trabaja como administrativa en Telefónica. Antes de viajar, Amnistía le entregó a él y al grupo que lidera el premio Embajador de Conciencia, el mismo que en Estados Unidos le entregaron a Greta y en otros países a los representantes locales de ese movimiento. Es el mismo premio que recibieron años atrás Bono, de U2, Nelson Mandela y Malala Yousafzai, entre otros
En los encuentros de Amnistía Internacional, Bruno se involucró en la lucha por los derechos sexuales y reproductivos y también en acceso a la información. "Bruno es un chico muy inquieto, muy comprometido y cuando se mete en una causa va hasta el fondo", asegura Mariela Belski, directora de Amnistía Argentina.Cuando los organizadores de la Asamblea General de la ONU convocaron a los jóvenes para una cumbre paralela a la de los líderes mundiales, Bruno decidió postularse. Llevaba varios meses de militancia contra el cambio climático. Apenas conoció la lucha de Greta decidió organizar junto a otros jóvenes la versión local del movimiento de la adolescente sueca. Aquí le pusieron el nombre de Jóvenes por el Clima para que tuviera una característica local. Y desde entonces, todas las semanas se reúnen con unos 100 adolescentes para organizar la lucha.
Desde ese momento Bruno se convirtió en referente del grupo. Participó junto con otros chicos de encuentros con funcionarios nacionales. Consiguieron que los recibiera el secretario de Ambiente, Sergio Bergman, funcionarios del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y organizó encuentros con los senadores de la comisión de ambiente para convencerlos de que votaran una declaración de emergencia climática en el país. No fue fácil, ya que hacía casi dos años que la comisión no trabajaba por falta de quórum en los encuentros.
El día que se votó en el Senado y la Argentina se convirtió en el cuarto país del mundo en sancionar la emergencia climática por el calentamiento global, a instancia del movimiento de adolescentes, Bruno iba y venía por los pasillos del Congreso. De los palcos a los despachos. No podía entender por qué los senadores que habían hablado en el recinto contra el Cambio Climático iban a votar en contra. Los buscó a cada uno, junto a otros compañeros para reclamarles que fueran coherentes. Finalmente lo consiguieron: se votó la emergencia.

¿Cómo se decidió que hablara segundo, después de Greta? Fueron los organizadores los que lo eligieron, en función de los perfiles de los adolescentes que se postularon. En total, más de 7000 jóvenes de todo el mundo mandaron sus candidaturas y solo 100 de ellos resultaron elegidos. Después, se seleccionó a cuatro para hablar durante la apertura de la cumbre y Bruno estuvo entre ellos. Finalmente, le anunciaron que tendría la palabra después de Greta.

"Muy emocionado por esa oportunidad. En mi mensaje traté de trasladar la problemática a la realidad latinoamericana y a la responsabilidad de los Estados, como el nuestro. También busqué enfocarme en la responsabilidad corporativa en el cambio climático, ya que el 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero son producidas por apenas unas 100 corporaciones", dice Bruno.

Su usina de formación política e ideológica fue Amnistía Internacional. También su participación durante los años de secundaria en los encuentros para estudiantes de Naciones Unidas. "La lucha ambiental me tocó cuando comprendí que tiene que ver con los derecho humanos. Allí, mi causa viró de ser los derechos sexuales y reproductivos hacia la crisis climática, al ver que los jóvenes teníamos mucho por hacer", dice.

Fuente: La Nación

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