Economía y salud: falsa dicotomía o no, Argentina empeoró en ambos campos

Después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara al nuevo coronavirus como una pandemia, los gobiernos de todos los países tomaron una serie de medidas con el fin de contener la propagación de la enfermedad COVID-19. Estas medidas resumidas en el término cuarentena (y, en la Argentina, Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, ASPO), generaron en el caso de nuestro país que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se ubicara entre las regiones con mayores restricciones del mundo, según los datos de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Al respecto, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, señaló en una entrevista publicada por el diario Perfil en abril último que la discusión entre la caída de la economía argentina y la salud de la población era “una falsa dicotomía, un dilema falso”. “Prefiero tener el 10% más de pobres y no 100 mil muertos en la Argentina. De la muerte no se vuelve. En cambio, de los problemas económicos, sí”, destacó.

Sin embargo, luego de 6 meses de cuarentena y caída histórica de la actividad económica, los datos muestran que -a diferencia de lo que pasó en otras naciones-, la Argentina se ubica 16° a nivel mundial en cantidad de casos confirmados y notificados de coronavirus en relación a su población y es el 14° país del planeta con más muertes informadas por millón de habitantes. Y, además, sigue empeorando.

Los países con menor caída de la economía son los que tuvieron menos muertes por COVID-19 porque hicieron más testeo, rastreo y aislamiento, y no porque tuvieron cuarentenas más largas, como nuestro país.

 

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La Universidad de Oxford computa el llamado Índice de Severidad o Rigor del Bloqueo (OSI) para diferenciar la dureza de las medidas adoptadas por los gobiernos de los distintos países del mundo. Este índice ubica a los países de América Latina en general, y a la Argentina en particular, entre aquellos con medidas de bloqueo más severas del planeta.

En el caso de nuestro país, en los hechos esto se tradujo en la suspensión de las clases presenciales en los niveles inicial, primario y secundario y en las universidades, el cierre de fronteras internacionales e internas (entre distritos y/o provincias), el cese de actividades económicas y en limitaciones a la circulación y prohibiciones para realizar reuniones sociales, entre otras.

Con el paso del tiempo, algunas medidas se fueron relajando y comenzaron a diferenciarse las estrategias de contención, diseñadas para prevenir la transmisión comunitaria. Algunos países optaron por continuar con medidas duras de bloqueo, como la Argentina, y otros relajaron las limitaciones a la circulación optando por una cantidad mayor de testeos para focalizar en la población infectada y proceder con mayor precisión a medidas de aislamiento específicas.

Si las medidas de aislamiento hubiesen generado el efecto deseado, los países más restrictivos deberían arrojar tasas de mortalidad sensiblemente más bajas que la de aquellos que han sido menos estrictos. Pero, curiosamente, no es esto lo que se observa -como se puede ver en este gráfico publicado por el diario estadounidense Financial Times en base a datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos).

Los países de la región -a pesar de las cuarentenas más estrictas y prolongadas-, tienen cantidad de muertes por millón más elevadas (y en aumento), que la de los países más desarrollados, con poblaciones más jóvenes y con una proporción comparativamente baja de personas mayores (el grupo etario con más incidencia de muerte de COVID-19).

En el caso de la Argentina, se ven ambos fenómenos: las fuertes medidas de restricción a la circulación y su duración generaron una fuerte caída de la actividad económica (-12%), con una tasa que en promedio supera a la de los países más desarrollados del mundo y de la región (salvo Perú, -14%), según datos del FMI. Además, el país empeora día a día en los indicadores relacionados con el coronavirus.

Por qué estamos en el pelotón de los peores

“Vean a la Argentina: junto a los países europeos que recibieron el impacto inicial de la ola al principio de la epidemia; con Colombia, que hizo una cuarentena larga como nosotros; con México, que no hizo nada. A todos nos está yendo mal”, señaló el ex ministro y luego secretario de Salud durante Cambiemos, Adolfo Rubinstein.

Además, agregó: “Los países con menor caída de la economía son los que tuvieron menos muertes por COVID porque hicieron más testeo, rastreo y aislamiento y no porque tuvieron cuarentenas más largas como la Argentina”.

El país testea poco, lo dicen los datos: realizó hasta el momento cerca de 2,7 millones de test y se ubica 113° a nivel mundial en el ranking por habitantes, según la base Worldometers (la Universidad de Oxford anunció públicamente que sacaría los datos argentinos de las pruebas realizadas en el país de su base de datos por su baja calidad y hasta que no se publiquen las cifras corregidas).

En el mismo sentido, el doctor Luis Camera, secretario de la Sociedad Argentina de Medicina, destacó a Chequeado que “el testeo es insuficiente” y añadió: “En la Argentina al principio estuvimos bien, pero hubo 2 cosas en donde el virus nos superó. La primera es que fue muy fuerte en los barrios populares y la segunda es que se expandió en el interior, donde hace algunos meses estaba prácticamente libre del virus”.

En su último comunicado, el Comité de Expertos que asesora al presidente Fernández recomendó bloqueos sanitarios en distintos niveles y de manera intermitente, según la situación epidemiológica de cada lugar, así como también ampliar la cantidad de testeos y el rastreo de casos. Esta técnica, conocida como contact tracing -o rastreo de contactos-, ha sido poco utilizada en la Argentina, como se explicó en esta nota.

“El aislamiento sólo funciona cuando dura poco tiempo para preparar el sistema de salud, pero tiene que acompañarse de medidas activas que corten la cadena de contagios. Así se salvan vidas y fuentes de trabajo. No era una dicotomía: era salud y economía”, cerró Rubinstein.

La OMS viene advirtiendo desde marzo sobre los efectos de los confinamientos masivos y desde entonces pide a los países que tomen medidas para evitar su prolongación en el tiempo. El 13 de octubre último, el organismo internacional sostuvo que los bloqueos “aunque no son sostenibles, son necesarios para suprimir rápidamente el virus y evitar que los sistemas de salud se vean abrumados”.

No obstante, la OMS advirtió que estas medidas “no son soluciones sostenibles debido a sus importantes impactos económicos, sociales y de salud en general”, y que por ello “deben tener una duración limitada”.

Fuente: Chequeado

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