Impunidad a la hipocresía

El escándalo mediático armado en torno de los tuits discriminatorios difundidos por los jugadores de Los Pumas entre 2011 y 2014 parece ser parte del “descubrimiento de América”.
Y en un país donde la hipocresía se convierte en una vedette cotidiana, parecería que algunos personajes públicos afines a los gobiernos de turnos se convierten frente a la prensa en “Carmelitas descalzas” o impunes.
Por ejemplo, el humorista Dady Brieva recientemente, con un respeto nulo por el ser humano, dijo que tenía “ganas de agarrar un camión y jugar al bowling en la avenida 9 de Julio”, en clara alusión a los manifestantes macristas que se congregaron el pasado 12 de octubre. Resultado: denuncia, silencio y nada.
En diciembre de 2009, en el inicio de la “Ronda de los jueves de las Madres”, Hebe de Bonafini disparó contra un grupo de personas del Altiplano que realizaban una protesta en una especie de velorio público. “¡Váyanse de nuestra plaza bolitas hijos de puta! ¡Váyanse bolivianos de mierda!”. Resultado: nada.
Los influencers “Migue” Granados y Nati Jota también alimentaron la discriminación. En uno de los tantos comentarios gordofóbicos, el hijo del actor Pablo Granados disparó: “Te entro como gorda al recital de Arjona”; “Se te cayó la llave. Mmm ¿cuál, la de tu corazón? No, la de tu jaula, gorda aliento a gorila”. Resultado: nada.
Y Natalia Jersonsky, conocida como Naty Jota, también tuvo sus comentarios xenófobos: “Ahora que aumentó la yerba, los pobres van a tener más hijos”. Y en una consulta con el equipo de asistencia técnica de BlackBerry -el celular de moda en 2011- pidió que el teléfono se llame WhiteBerry, “porque el negro es de raza inferior”. Resultado: nada. Así, cada día hay miles de ejemplos de todos los estratos sociales, pero cierta “vara” mediática también tiene el mismo resultado: nada.

 

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