“Estoy casado con la radio, mi familia está ahí”

Luis Villafañe puede ser la inspiración del poeta. Verlo caminar por las calles de Morosini, en las mañanas, inspira primaveras de locuras y veranos de infiernos.

Es que el Loco Villafañe ya forma parte de ese paisaje urbano. Es la postal de las mañanas en donde los bicicleteros le tiran risas, los jardineros alguna broma y desde el colectivo que pasa por la Líbano le mandan el saludo afectuoso de una mano saliendo por la ventanilla. “Yo soy parte del inventario del barrio. Soy por momentos ídolo, viejo y muchas veces el loco”, confesó a las carcajadas.

Villafañe es sinónimo de radio en Salta, es la nostalgia de la compañía musical de la noche, es por antonomasia el operador de control central.

Luisito es hijo de Belisario Villafañe y María del Carmen Ayala. Estuvo toda su vida vinculado a esa parte sur de la ciudad de Salta. A su infancia la vivió al lado del balneario, en donde antes estaban las antenas de Radio Güemes. Solo los memoriosos tendrán en su mente un barrio alejado del centro con niños jugando y pescando en el río Arenales, de tardes completas en el monte donde ahora está el estadio Martearena.

A los 15 años, allá por el año 1975, su papá lo hizo entrar en Radio Salta como cadete, en el viejo y recordado edificio de la Deán Funes primera cuadra. Desde temprano comenzó a sentir el rigor de las bromas de las viejas glorias de la radiofonía salteña.

“Yo era el changuito que tenía que ir al Correo llevando y trayendo las cartas, llevaba los partes de prensa al Intransigente que estaba en la Mitre, buscaba facturas, llevaba publicidad, me gustaba llevarlas a BA Martínez en donde los changos siempre me jodían”, recordó Luis.

El hombre tiene la particularidad de tener el “millón de amigos”, por lo que no se puede hablar tranquilo porque todos lo saludan, le dan un abrazo y le tiran una broma que la devuelve como el Bochini de los mejores tiempos; nunca una pelota de trapo, siempre la sonrisa y la continuidad del buen momento del encuentro.

Estuvo un año como cadete y mientras ya le comenzó a gustar esa burbuja que es donde están los operadores.

Se comenzó a cruzar con Carlos Skaff, Marita Rizzatto, Juan Carlos Lagomarsino, Bruno Iezzi, Carlos Comparada, entre tantos, y el bichito de la radio prendió su luz roja.

A los 16 años tuvo su primer ascenso y comenzó a atender los teléfonos de la radio. Ya entraba definitivamente en esta droga alucinógena que es trabajar en los medios de comunicaciones.

“En mis tiempos libre yo ya iba a ututear en los controles. Por aquellos tiempos estaban los grabadores de cinta abierta Revok y la publicidad era en vivo. A las cortinas y la música había que buscarla en la discoteca, tenían como 5 giradiscos; todo debía ser parte de una coordinación perfecta”, explicó.

El 1 de julio de 1976, a los 16 años, Luisito queda como trabajador registrado y debuta como operador con Oscar Sánchez en un programa auspiciado por la Discoteca Moschetti, de 11 a 11.30, pasando la música que estaba de moda. Es decir que Luis, con sus 60 años, ya cumplió 44 años de aportes trabajado.

Además, estuvo en todos los turnos de la radio, cada uno con sus particularidades y desde hace muchos años que está en la madrugada, de martes a sábado.

“Yo estoy casado con la radio porque toda mi familia está ahí. Durante 30 años hice los famosos Bailables de Navidad y Año Nuevo. Como era el eterno soltero siempre me mandaban ahí. Yo siempre lo hice con pasión, si no no se podría hacer nada de esto; no es para cualquiera. Ahí recuerdo a Rubén Díaz, Fernando Palópoli y también al querido Ricardo ‘Huesito’ Núñez que decía las cosas más desopilantes que puedan decirse al aire. La pasábamos bien, alguien traía comida, bebida, llegaban las familias, brindábamos y entreteníamos a nuestra audiencia. Tuvimos siempre la premisa de que las fiestas no son para todos iguales y que mucha gente sola nos escuchaba y por eso le poníamos todo el fervor a nuestro trabajo”, dijo el hombre con total sentido de la función social de la radio.

Cuando salía a hacer exteriores en los carnavales, fiestas patronales, festivales o peregrinajes, dentro del equipo técnico de AM 840 Radio Salta, Luis siempre fue reconocido por la gente. Eso fue siempre un gran misterio.

“Yo nunca hablé al aire, nadie conoce mi cara y, sin embargo, cuando andaba por los pueblos todos me reconocían. Supongo que es porque muchos de los locutores hablan de mí y me nombran, especialmente el doctor Chihan o Coqui Minola, que siempre me hacen bromas y se aprovechan porque no les puedo retrucar”, dijo y muchos recuerdan lo sucedido en la ciudad de Cachi cuando el equipo de la radio llegó a comer a lo del mundialmente famoso parrillero de cabritos apodado “Zapallo”. El cocinero de la esquina de la plaza vio la remera de la AM 840 y preguntó por Villafañe a lo que Luis se sacó su remera y se la regaló. Momentos de grandes emociones vive este hombre cada vez que sale. 

“Es que yo ya llego a conocer a quienes me escuchan y aprovecho El Tribuno para saludar a Gloria, a Reina o Agustina, que es una mujer no vidente que escucha nuestra música toda la noche. Ahora las redes sociales permiten otro acercamiento y posibilita la mejor selección de la música. Yo busco siempre lo más divertido, pero siempre es el gusto de la audiencia; yo hablo con la música que paso. Entonces la interacción permite eso. Antes se mandaban mensajes por el teléfono o la gente llegaba con sus papelitos con los mensajes”, recordó.

En el 2012 lo llevaron a Buenos Aires para entregarle una plaqueta de reconocimiento por su labor como operador y eso lo hizo sentir orgulloso. Le gusta que lo reconozcan como el loco, como la gloria, como el viejo galán que se casó con la radio; y también le gusta que lo saluden, que le den un abrazo y un mimo al alma. 

Quizás por eso Villafañe, cuando terminó la entrevista, salió corriendo a decirles a todos sus vecinos que el domingo compren el diario porque el fotógrafo le sacó cientos de fotos, porque habrá una página completa que hable de ese hombre desconocido, pero famoso, que trabaja de operador en el control central.

Sobre el oficio

“Yo soy de la vieja guardia, de los operadores que respetábamos los horarios. Soy de los que se manejan con una planilla propia con los horarios de las tandas y los informativos. Eso es sagrado. Por las noches también se respeta los horarios de identificación de la emisora. Yo aprendí de las glorias como Carlos Lewis, Carlos Roldán y Fito Fernández. Ellos son mi verdadera escuela. Cuando se jubiló Lewis yo lo reemplacé con 16 años y fue una responsabilidad enorme”, dijo.

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