Quienes el 24 de marzo de 1970, abordaron en el aeroparque de la ciudad de Buenos Aires, el vuelo de Aerolíneas Argentinas a Jujuy con escala en Córdoba,  no tenían idea de la odisea que estaban por vivir. El vuelo partió a las 18.15 con 63 pasajeros y siete tripulantes. Entre los pasajeros, además de jujeños, había quince salteños y un tucumano, ya que por entonces las pistas del El Aybal estaban en reparación.

El avión Comet IV, “Las Tres Marías”, arribó al aeropuerto Pajas Blancas de Córdoba, en aproximadamente una hora después. Allí la nave se reaprovisionó de combustible, dejó pasajeros y otros lo abordaron para seguir a Jujuy. Ese procedimiento duró algo más de dos horas, pues recién a las 21.40 el avión partió a Jujuy. Cuando la nave aun estaba en pleno repechaje para alcanzar la altura conveniente de vuelo, dos personas jóvenes, un varón y una mujer embarazada, irrumpieron en la cabina de mando y a punta de pistola obligaron al comandante Mario Garavagno cambiar de rumbo, pues exigían ser llevados a Cuba. Todo esto a solo unos cinco minutos de iniciado el vuelo. De inmediato, el comandante comunicó la novedad a la torre de control de Pajas Blancas, y como el Comet IV no tenía autonomía suficiente como para llegar a Cuba, se le ordenó dirigirse al aeropuerto de Pudahuel, en Santiago de Chile. Luego Garavagno comunicó la novedad al pasaje que al principio se puso nervioso, pero que luego calmó gracias a las palabras del comandante. De esta forma se consumaba el segundo secuestro que sufría un avión de Aerolíneas Argentinas en pleno vuelo.  El primero se había concretado el 8 de octubre de 1969, y también con escalas en   Chile y Lima, antes de llegar a Cuba.

A Santiago de Chile arribaron a las 23 hora argentina y allí, el reaprovisionamiento duró aproximadamente una hora, pues ya  casi a la medianoche, el avión partió a Lima.

El testimonio de Dolores

Sobre lo ocurrido en esa primera parte del vuelo, la salteña doña  Dolores Cinta de Resina, contó a El Tribuno: “Tomé el avión en Buenos Aires y partimos a las 18.30. Después de un viaje normal aterrizamos en Córdoba donde bajaron y se sumaron otros pasajeros. Como a los cinco minutos de haber salido de Córdoba nos hicieron asustar. Nosotros sabíamos que debíamos aterrizar en El Cadillal, pero el comandante por los parlantes nos comunicó que el avión había sido secuestrado y que volábamos a Chile. Recomendó que nos tranquilizáramos, que nada pondría en riesgo la vida de los pasajeros. Nos quedamos mas tranquilos pues creíamos que solo íbamos a Chile. Aun nada sabíamos que el destino final era Cuba”.

Sobre los secuestradores, Dolores contó que “eran muchachos  jóvenes, un hombre y una mujer y que se hacían llamar “Coca” y “Cacho”. Ella tenía era de buen aspecto, esbelta y estaba embarazada. El era delgado, de traje gris y ambos tenían un arma, no se si revólveres o pistolas, pero eran armas cortas.   

En Pudahuel al aterrizar nos ordenaron cerrar las ventanillas  y el avión se reaprovisionó sin inconvenientes. Una hora después, ya  volabamos a Lima. El vuelo fue tranquilo y la pareja estaba en la parte delantera del avión, pues a todos nos habían hecho ocupar la parte trasera de los asientos.  Ella miraba el pasaje y él la cabina con las armas en sus manos”.

En Lima

 “A la madrugada y antes de llegar a Lima, -cuenta Dolores-, nos enteramos que nuestro destino final era Cuba. Entonces  muchos pasajeros y el comandante, comenzamos a pedir a los secuestradores que dejaran baja a las criaturas y a las personas mayores. No respondían y solo daban órdenes a través de las azafatas. Aterrizamos al amanecer y ya en tierra, un desperfecto mecánico hizo que permaneciéramos dos horas en el avión.  Los chicos se pusieron muy molestos y recuerdo que una señora de Jujuy, con dos criaturas, ya no los podía contener, al igual que yo con mi niño (Gregorio Andrés “Pilín” Resina). Los reclamos para que nos permitieran bajar se reiteraron hasta que se compadecieron y dieron la orden que descendiéramos. Primero lo hizo el matrimonio  Aberastain con sus dos niños y luego yo con mi nene, sin que nos  dejaran de apuntar con las armas. Bajamos catorce  personas y en tierra, un médico nos revisó, luego nos llevaron a una confitería y de ahí al hotel Riviera. Allí estuvimos desde las 9 de la mañana hasta las 19 del miércoles 25 de marzo, cuando un avión de Aerolíneas Argentinas nos llevó a Buenos Aires, pudiendo arribar yo a  Salta, el jueves 26”.

Rumbo a Cuba

Por razones técnicas, el avión permaneció 9 horas en el aeropuerto de Lima, de donde recién partió rumbo a Cuba, a las cuatro o cinco de la tarde, hora argentina. 

El vuelo a Cuba, según testimonios, fue tranquilo y sin sobresaltos, logrando la nave aterrizaren el aeropuerto José Martí, a las 18.30 hora argentina. Ya en tierra, los pasajeros fueron trasladados a una zona especial de la estación donde, además de vacunarlos contra la viruela, hicieron, bajo estricta vigilancia, los trámites migratorios. Luego el contingente fue llevado a comer y más tarde al “Hotel Habana Riviera” donde permanecieron hasta su regreso a la Argentina. Los testimonios dicen que fueron muy bien atendidos y que el último día se los llevó a recorrer en ómnibus la playa Santa María del Mar, obsequiándosele sombreros, bebidas y cigarros.

Pero el retorno a la Argentina no fue directo. Primero partieron de Cuba a Miami y de allí, el Comet IV “Tres Marías” voló hasta el aeropuerto El Cadillal de Jujuy, adonde arribó el 29 de marzo al mediodía. De esta forma culminaba el  accidentado vuelo que había comenzado cinco días antes en Buenos Aires. Los que venían a Salta eran: el dirigente peronista Pedro González, Ana Szachniuk, Laureano Hoyos, Octavia Cocco, Pedro Olivietto, Andrés Belacastro, Julio de la Cuesta, Patricia Aráoz de de la Cuesta, Miguel Nallar, Luis Wrdel, Stella Mary Miranda (Tartagal) y Pablo Sjaria.     

Testimonios

Entre los escuetos testimonios recogidos por El Tribuno en aeropuerto El Cadillal está el del dirigente peronista Pedro González: “La información de los diarios de La Habana con respecto al secuestro del avión argentino fue muy escueta. Apenas unas pocas líneas citando el arribo, pero sin fotos ni comentarios. Nos alojaron en un hotel de lujo y lo que me llamó la atención es que allí  se alojaban trabajadores. Antes de partir, nos obsequiaron un sombrero y una bebida de típica de ellos y cigarros…”.  

Pablo Sjaria

Otro testimonio para El Tribuno fue de Pablo Sjaria, cuyo destino final era Tucumán. “Yo conozco a la chica (secuetradora), se llama Alicia Herrera y nació en el ingenio San Pablo  de Tucumán. De Cacho solo sé que trabajaba de mozo en Mar del Plata… En el viaje, antes de llegar a Lima, tramé un plan con un señor que iba a mi lado, para tratar de recuperar el avión, pero todo quedó en la nada cuando él  se bajó en Perú. Además, el comandante nos hizo saber que prefería volar seguro a La Habana antes que exponer al pasaje…”

El matrimonio De la Cuesta

Al momento del secuestro del Comet, el matrimonio de Patricia Aráoz y Julio de la Cuesta, regresaba a Salta luego pasar la  luna de miel en la costa atlántica. Se habían casado el 28 de febrero de 1970.

Al otro día del regreso a Salta, El Tribuno le hizo al flamante matrimonio, un extenso  reportaje. Tanto Patricia como Julio brindaron interesantes detalles del viaje y de La Habana. Hablaron del amor de los cubanos por el “Che”, de los autos viejos que circulaban por la ciudad, de su arquitectura y de su gente. “Para los cubanos –dice Julio- es más importante un tractor que un auto”,  y cuando se le pregunta sobre los secuestradores responde sonriente: “Seguro que ahora deben estar macheteando en el cañaveral…”.

Julio de la Cuesta falleció hace pocos días en Salta y lamentablemente, no pudo celebrar los cincuenta años del regreso de su accidentada luna de miel con Patricia concretada el 29 de marzo de 1970.                 

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