Si bien recordar lo que ocurrió con el empleo en abril se puede asemejar a un repaso de la prehistoria, por el vértigo de los sucesos que se registran día a día desde que arrancó la pandemia del COVID-19 en el país, los datos laborales del cuarto mes del año son claves para entender lo que vendrá en lo que resta de 2020, donde se ve una panorama sombrío.

El viernes pasado fue publicado el último informe del Ministerio de Trabajo de la Nación correspondiente a abril pasado. Figura que Salta perdió 4.600 empleos privados en relación al mismo período de 2019. La caída fue del 4%. Así, en ese mes quedaron 108.300 trabajadores formales privados.

La mayoría de los nuevos desocupados salteños que dejó la primera etapa del aislamiento impuesto para prevenir el avance de la enfermedad del coronavirus corresponde a la actividad comercial. Aunque ese detalle no se especifica en el documento de la cartera laboral de Nación, se lo puede deducir fácilmente de los datos de recaudación de Rentas de la Provincia de abril, cuando los aportes del rubro comercio, que es el que más tributa y empleos genera en Salta, cayeron un 13% ($5.193.076 menos, que se deben sumar a la inflación de un año).

A diferencia de lo que ocurre con el empleo estatal o el de las actividades privadas que pueden tener una rápida recuperación si es que la economía y el levantamiento de la cuarentena acompañan, como puede ser la construcción, los puestos laborales que se pierden en el comercio son muy difíciles de reponer en el corto plazo. Esa realidad sumada a la extrema informalidad laboral que existe en la provincia, que ronda el 50% de la población activa, hace que no haya forma de mirar con optimismo lo que se denomina "pospandemia".

La caída de los aportes tributarios de la parte comercial bien se podría asimilar de manera proporcional al cierre de locales y pérdida de empleo.

La crisis laboral que desató el COVID-19 vino a agravar una situación que venía de mal en peor. El comienzo de la cuarentena, en las últimas semanas de marzo, agarró a Salta con un mercado laboral privado en recaída.

Durante abril, 60 mil empresas (un 12% del total de firmas privadas del país) suspendieron a sus trabajadores. Fueron 715 mil los empleados afectados durante ese mes, que representan a el 12% del universo de asalariados registrados en conjunto en planteles del sector privado. 

Al finalizar el tercer mes de 2020, se registraron 116.200 trabajadores formales en la provincia, 1.100 por debajo de marzo de 2019, cuando el empleo ya venía en franco retroceso, con 1.500 puestos de trabajo menos en la comparación interanual con 2018.

La imposición de la doble indemnización desde fines del año pasado hasta agosto próximo no pudo frenar la sangría laboral que hasta marzo responde a cuestiones estructurales históricas de una provincia con un modelo de economía primarizado, casi sin industria y dependiente del empleo público, que se sigue hundiendo a medida que avanza el mundo hacia modos de desarrollo más sustentables. Luego, comenzó a regir la prohibición de los despidos, pero, como está visto, de poco sirvió.

En todo el país

A nivel nacional, en el primer mes completo de aislamiento social preventivo y obligatorio, se registró una caída del 3,2% del empleo registrado en comparación a abril de 2019 (311.000 trabajadores menos). Sin embargo, aumentó un 1% el trabajo en el sector público (son 30.400 trabajadores). El retroceso en el sector privado fue del 5,3% (321.800 empleados menos).

El conjunto de trabajadores independientes presentó una caída de 2,3% frente a abril de 2019 (53.000), con caídas en todas las categorías: -6,5% en autónomos (25.600); -1,7% en monotributistas sociales (6.100) y -1,3% en monotributistas (21.200).

 

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