La historia jamás contada sobre cómo fue el ascenso de Juventud y la "batalla" de Cipolletti

Un 7 de julio de 1996, hace exactamente 24 años, Juventud Antoniana lograba ante Cipolletti en el sur del país el título más épico de su historia, el ascenso a la B Nacional. Y fue épico por muchos motivos, algunos revelados con el tiempo. 

Aquel plantel que supo conducir Juan de la Cruz Kairuz inmortalizó en la constelación de estrellas del firmamento antoniano a Valdiviezo, Marín, Vera, Lígori, Pruyas, Olarte, Iturrieta, Rosas, Velarde, “Chocolatín” Pereyra, Espeche, Cristian Contreras, Marcelo Cortez, Carranza y Peña, entre otros nombres.

La gloria alcanzó un tinte más épico porque no muchos creían, tras el 0-0 de la ida en el Fray Honorato Pistoia, y también por la batalla campal en cancha de Cipolletti, cuando “por arte de magia” la Policía permitió la rotura de un alambrado de la cabecera local y que hinchas invadieran la cancha y golpearan a los jugadores salteños tras el ascenso consumado.

Por entonces, El Tribuno estuvo cuatro días en Cipolletti viviendo junto al plantel la antesala de la gloria y capturó las imágenes más memorables. El flash oportuno de nuestro enviado Walter Echazú, del momento en el que un inadaptado pateó en el rostro a Martín Lígori, terminó recorriendo el mundo.

Juan de la Cruz Kairuz, el DT de aquel equipo, “padre de la criatura”, recordó con nostalgia desde su casa, 24 años después, a aquel equipo de hombres y brindó detalles jamás contados que pintan de cuerpo entero a ese puñado de héroes. “Yo estaba en Concepción de La Banda cuando me fue a buscar Juventud en enero de ese año. Agarré un equipo desmantelado e hice reincorporar a Lígori, Rosas y Olarte. Teníamos una particularidad: nunca concentrábamos, y eso hablaba de la confianza que le tenía al plantel. No hacía falta controlarlos, eran jugadores con conducta, responsabilidad y hambre de gloria. Los sueldos eran bajos y en un viaje a Córdoba para enfrentar a Paz Juniors estuvimos toda la estadía sin comer porque no había plata. Solo concentramos antes de la final con Cipolletti”, recordó con emoción Kairuz. 

“Teníamos tres ‘10’: Rosas, Velarde y Cortez, y ninguno se ponía celoso cuando otro era titular. Salvo 1 o 2 cambios, se conocían de memoria y jugaban siempre los mismos. Las claves de ese equipo fueron la entrega total y el buen fútbol”, detalló el entrenador, para luego revelar más detalles.

“Cuando llegamos a Cipolletti no nos fue a esperar nadie. Cada jugador de Cipolletti tenía un auto 0 Kilómetro de premio si ascendía, era otra realidad. En las radios locales apostaban por cuántos goles nos ganarían. En Cipolletti había un clima triunfalista, pero la presión les jugó en contra, como a nosotros en la ida en el Honorato. Y salimos a jugar como la final del Mundo”, graficó el DT.

“El Buitre hizo el gol a los 20’ del segundo tiempo, y los últimos 3’ fueron los más largos de mi vida. Después, cuando estaba dando una nota, vi cómo un hincha pateaba en el piso a Lígori, que era nuestro único caudillo no norteño de un equipo con identidad”, evocó Kairuz hoy, a sus 75 años.

“De Juventud fui técnico 5 veces, la primera en el 84, y gané 3 Confraternidad. Pero en el 96, fue la primera vez que lloré. Aquel plantel, y el de los 44 partidos invictos (el récord nacional de 1988 y 1989) fue de los mejores equipos que dirigí”, concluyó emocionado don Juan de la Cruz.

Al respecto, el Buitre Espeche, el que coronó la emboquillada del Chato Rosas empujándola sobre la línea para marcar el gol más importante en la historia de Juventud, dijo: “Con hambre de gloria hicimos grande al norte y el gol de la final me quedó marcado para toda la vida”. 
 

¿Qué te pareció esta noticia?

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Deportes

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...