Aunque la palabra gremio se asocia con sindicatos de trabajadores, históricamente los gremios eran más representativos de los patrones que de los trabajadores.  Hay antecedentes en las más importantes civilizaciones: asirios, egipcios, griegos y romanos tuvieron sus “gremios”. Inclusive en la América prehispánica existieron antecedentes. Los pochtecas eran un gremio de comerciantes viajeros que operaron durante la época del Imperio azteca vendiendo telas, ropa bordada, joyas de oro, de cobre o de obsidiana, cuchillos de obsidiana, tintura de cochinilla, hierbas medicinales, etc. (también podríamos considerarlos como un antecedente autóctono de los viajantes de comercio). También monopolizaban la venta del cacao, brebaje predilecto de la nobleza. Estos poderosos gremios de mercaderes que tenían el monopolio del comercio “exterior” y constituían una clase en pleno auge cuyo poder económico había permeado ya los estratos políticos y religiosos de la sociedad mexica a principios del siglo XVI.  

Para la misma época los gremios europeos culminaban un periodo en el que se constituirían en un poderoso sector de la economía medieval, que recién finalizaría con la Revolución Francesa (1789). El poder de estos gremios empresarios llegó a ser tan grande que dominaban ciudades por completo. Así, la Liga Hanseática (Hansa en alemán antiguo quiere decir gremio) constituyó una poderosa red comercial que operó durante cientos de años, y se extendió desde el este de Inglaterra hasta el corazón de Rusia. Fue una de las alianzas comerciales más exitosas de la historia: en su apogeo, la Liga contó con la lealtad de casi 200 ciudades en todo el norte de Europa. Se la considera el antecedente de la Unión Europea. Quienes tengan oportunidad de recorrer ciudades como Hamburgo, Bremen, Amberes, Lübeck, Brujas, Estocolmo, Frankfurt, Bergen podrán admirar lo hermosos y grandiosos edificios pertenecientes a los gremios que rodean sus plazas principales.  

Los gremios medievales tenían “afiliación” obligatoria; nadie que quisiera ejercer una determinada actividad podía hacerlo sin autorización del gremio respectivo. Se regían por un estatuto especial que era aprobado por los regentes de cada ciudad o también por el rey. Fueron importantes los gremios de alfareros, caldereros, herreros y los comprendidos en los llamados Cinco Gremios Mayores (Joyeros, Merceros, Sederos, Pañeros y Drogueros). Claramente el gremio medieval era una entidad patronal a cuya cabeza se encontraba el “maestro” (quien para llegar hacerlo debía ejecutar una obra “maestra”).  

La revolución francesa dispuso la supresión de los gremios, por lo que tanto trabajadores como patrones se encontraron conque asociarse constituía un delito. La prohibición duró menos de un siglo y hacia 1880 ya existían sindicatos de trabajadores y uniones empresariales.  

En Argentina  

 La Sociedad Rural Argentina fue fundada en 1866 mientras que la Unión Industrial Argentina se fundaría en 1887. Algunas ideas surgidas de las encíclicas de León XIII propugnaban la existencia de gremios mixtos, obrero-patronales. Años más tarde esa idea sería recogida por el facismo y por el nacionalsocialismo. En España el General Franco establece el “sindicato vertical” donde integraba obligatoriamente a ambos sectores. La legislación laboral argentina que cobra impulso bajo el gobierno del General Perón, no puede negarse, se inspira –al menos parcialmente- en la Carta del Lavoro de Mussolini. De allí se desprende el “Modelo sindical argentino” que otorga el monopolio de la actividad a los sindicatos con personería gremial. También en las primeras normas dictadas por Perón se regulaban las organizaciones patronales, pero dicha disposición tuvo una vigencia efímera.  Lo cierto es que las cámaras empresarias carecen de una regulación legal explicita como en gran parte del mundo (Unión Europea, México, Brasil, etc.), con cotización obligatoria de sus miembros y de un apoyo económico gubernamental como ocurre en esos países. Esa falta de reglamentación también impide que en la celebración de los Convenios Colectivos se garantice la participación proporcional de las pequeñas empresas y de los representantes de los intereses del sector empresario del interior de la República.

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