“Los niños, el bebé, los más grandes, los más chiquitos, va el perro, van todos”

Un oficio que tiene otros oficios adentro. Como esas valijas que llevan muñecos, maquillaje, equipos de sonido, luces y están profusamente coloridas y experimentadas en caminos. Y descansan, luego, al lado del retablo dispuesto en un baldío, en una escuela de barrio. Los chicos asombrados ahora ante eso que pasa en ese mundo otro, luego de haberse ido a jugar un rato mientras los artistas preparaban todo para la función. Una obra que abre mundos y magia. 
“¿Una titiritera es una artesana, una actriz?”, es la primera pregunta que El Tribuno le hace a Elsa Mamaní. “Bueno, creo que engloba todo eso. Pero hablando de mí, mi formación siempre fue así, informal”, dice, como preparando lo que viene: “Uno va por la intuición, experimentando y creo que varios de mi generación lo hicieron así. Y bueno, artesana también porque nosotras hacíamos los títeres al principio”. 
Además, Elsa, como muchos titiriteros, escribe la obra, prepara la puesta -ensayos, luces, sonido-, gestiona las presentaciones, arma el retablo y actúa. “Una es actriz también. Y manipuladora... de objetos”, cierra con una risa fresca la pausa cómplice en su voz. 

Junto a Andrea García -como el Grupo A Punto de Ser Pez- llevan trabajando unos 15 años en escuelas, barrios, plazas, festivales nacionales e internacionales. Elsa tiene una extensa actividad anterior en escenarios de diversos lugares de América. Experimentó con varios tipos de títeres en formas o poéticas. De guiñol, el tradicional de Argentina que Javier Villafañe llevó por el mundo. Los de boca, “que pueden hablar”. Y los de varilla, los de sombra, también hizo títeres negros, con Coco Barraza. Y actualmente hace “manipulación directa”. Dice: “Se lo ve al titiritero, uno les maneja la cabeza, los bracitos, los hace caminar a la vista del público”.
“El títere está asociado con el poder andar por los caminos”, cuenta Elsa sobre lo particular de su oficio que lleva mundos al mundo diverso que habitamos y muchas veces desconocemos. La sensibilidad de quien ha conocido muchos caminos y realidades se cuela en su voz: “Con Andrea, hemos puesto la mirada en lugares donde generalmente no se ve teatro, no se ve títeres”. 
“Yo he viajado mucho. Toda la Argentina. Hemos ido a Bolivia, Perú, México por esa posibilidad de agarrar una valija con los títeres y salir”, dice de un oficio que tiene como horizonte el mundo. “Y nos dábamos cuenta de que es toda la familia la que va. Los niños, el bebé, los más grandes, los más chiquitos, va el perro, van todos. Entonces hicimos una obra que permitiera la lectura tanto para adultos como para los más pequeños”, dice para contarnos sobre “Sueño para volar”. Esta pieza es una adaptación de un cuento de las “Mil y una noches” que reescribe Jorge Luis Borges como “Los dos que soñaron”: la búsqueda de un hombre que viaja porque ha soñado un tesoro. “Nosotras hicimos una adaptación de ese cuento... una niña que va en busca de un tesoro, pero el tesoro está en su casa. Cuando vuelve encuentra las recetas de la abuela, las piedritas del río, encuentra las semillas, las coplas...”, cuenta.
Artesana, guionista, gestora, actriz, los varios oficios que se reúnen en torno a la puesta de una obra de títeres. Y el riesgo de la experimentación... todo ese trabajo para construir un mundo tan real como el de los sueños. Y una vez en el lugar de la función, “las dos valijas en las que cabe el teatro” quedan vacías para dar paso a la preparación. “Y entonces -dice como detrás de sus títeres- se crea un mundo para los espectadores y para nosotras”. 

¿Una titiritera es una artesana, una actriz? ¿Cómo definirías tu trabajo?

Bueno, creo que engloba todo eso. Si bien podríamos decir que en Salta hay una tradición o hay bastantes titiriteros, digamos que no hay una formalidad por lo menos en la región. Pero hablando de mí, mi formación siempre fue así, informal. “Uno va por la intuición, experimentando y creo que varios de mi generación lo hicieron así. Y bueno, artesana también porque nosotras hacíamos los títeres al principio, ahora los damos a hacer... pero al principio uno comienza haciendo los títeres, escribiendo la obra, gestionando, actuando. Una es actriz también. Y manipulador... de objetos (sonrisas).

¿Con qué tipo de títeres trabajás?

Experimenté con varios, en formas o poéticas... Títeres de guiñol, que es el tradicional de Argentina, con el que empezó Javier Villafañe y lo llevó por el mundo. Y después están los de boca, que aparecen mucho en la televisión, que pueden hablar... los de guiñol o guante, no, tienen otro movimiento, otra expresión. Y también los de varilla, los de sombra, títeres negros con el Coco Barraza, también. Pasé por varias formas del títere y ahora hago algo que se llama de manipulación directa. O sea, se lo ve al titiritero y son títeres como de marionetas, porque uno les maneja la cabeza, los bracitos... los hace caminar a la vista del público. Eso estoy haciendo ahora.

Se relaciona al titiritero con el andariego, el viajero...

El títere está asociado con el poder andar por los caminos, y bueno lo nuestro también podemos hacerlo al aire libre y podemos ir a los lugares, que es distinto al teatro en el que hay que ir a las salas. También hacemos títeres en las salas, pero en este caso con mi grupo, que se llama A Punto de Ser Pez, trabajo con Andrea García, llevamos la obra generalmente a escuelas rurales, hemos puesto la mirada en lugares donde generalmente no se ve teatro, no se ve títeres. Y también vamos a hogares de niños que están bajo la tutela de un juez por distintas razones... Para nosotros es un placer dar funciones allí, generalmente son pocos niños y la atención es diferente, y el deseo es diferente. No están bombardeados por tanta información, por tanto entretenimiento, digamos. Entonces, disfrutamos la función tanto los niños que nos ven como nosotras. Y nos encanta. Siempre hemos hecho funciones en giras, hacemos giras con el Instituto Nacional del Teatro, y nuestras giras siempre van a escuelas rurales...

¿Las giras son solo en la provincia?

En Mendoza fuimos a un festival, y nos llevaron a escuelas rurales, salimos de gira; y acá en Salta también, toda la provincia. Esa es la posibilidad del títere. Yo he viajado mucho. Era un deseo mío y creo que de alguna manera se cumplió porque hemos viajado muchísimo. Toda la Argentina. Hemos ido a Bolivia, Perú, México por esa posibilidad de agarrar una valija con los títeres y salir.
Viajar por el continente, por los barrios y el interior de Salta, ¿qué significa cuando escribís?
Escribo con compañeras... En una época recorríamos mucho los barrios de Salta, y nos dábamos cuenta de que, en realidad, es toda la familia la que va. Los niños, el bebé, los más grandes, los más chiquitos, va el perro, van todos. Entonces, hicimos una obra que permitiera la lectura, tanto para adultos como para los más pequeños, para toda la familia. Es la obra que hacemos ahora, que se llama “Sueño para volar” y permite varias lecturas. Los más chiquitos se entretienen con los personajes y el fondo de la obra tiene una reflexión. En este caso, en la obra que se llama “Sueño para volar” hicimos una adaptación de un cuento de las “Mil y una noches” que la reescribe Borges, y que se llama “Los dos que soñaron”, sobre un hombre que viaja en busca de un tesoro y pasa adversidades... y nosotros hicimos una adaptación de ese cuento... una niña que va en busca de un tesoro, pero el tesoro está en su casa. Cuando vuelve encuentra las recetas de la abuela, las piedritas del río, encuentra las semillas, las coplas... El tesoro está en la propia casa... y tiene varias lecturas, una niña que juega, un vecino que impide el viaje, un lorito que la acompaña...

¿Tienen un programa establecido y en función de eso buscan los lugares?

Nosotras hacemos una obra y la trabajamos. En una época hicimos con Andrea una adaptación del cuento de Cortázar “Final de juego”, las niñas que juegan en las vías del tren y esperan un amor... Hacíamos esa obra que era para jóvenes y buscamos, gestionamos para llevar esa obra a determinados lugares... En este caso, tenemos esta obra para niños y buscamos y gestionamos para llevarla a escuelas rurales, hogares para niños... Vamos buscando de acuerdo a la obra que tenemos. No es que tenemos un repertorio de muchas obras, en el transcurso del tiempo uno va armando un montón de obras, pero las va dejando... 
Ustedes auto gestionan la presentación...
Sí, sí... (risas) Es gracioso porque en todo este tiempo uno se vuelve... cómo decirlo. La gestión es un trabajo, uno debería encargárselo a otra persona, pero no da para eso. Entonces, uno se vuelve esclavo de sí mismo y hace absolutamente todo. Lamentablemente es así. Creo que la gente que hace otras actividades hace lo mismo. Hablo de Salta, ¿no?, del teatro independiente.

¿Cómo es en otros lugares?

Hay lugares donde han logrado otros recursos. De todos modos, Argentina en ese aspecto es el único país de América que tiene el Instituto Nacional del Teatro, una ley de promoción del teatro que, de alguna manera, cuida al teatro como un patrimonio. Entonces esa ley que sale en 1997 nos permite hacer giras y producción de obras; es decir, nos permite tener un ingreso, un subsidio que uno solicita para poder armar una obra, para poder viajar; por ese lado, tenemos el Instituto, y comentando en otros lugares, Bolivia, Perú, no tienen eso... Y en otros lugares de Argentina, los centros de cultura como Buenos Aires, por ejemplo, tienen otra perspectiva muy diferente a la que hay en el NOA. Realmente diferente. Ellos tienen muchísima más gente, tienen mayor cantidad de grupos, y nosotros no, no hay muchos grupos y tampoco está ese trabajo... Buenos Aires ha trabajado mucho el teatro independiente, Tucumán en la región ha trabajado mucho el teatro porque lo tiene desde hace muchos años. Pero Salta, no: si bien uno puede hablar del Teatro Phersu de los años 60 y todos estos años tuvo una participación en el teatro, pero en relación a lo que es Buenos Aires es totalmente diferente. Y, por supuesto, porque somos menos habitantes y también el espectador... allá han construido un espectador, hay un espectador; en cambio nosotros tenemos que construir ese espectador.

¿Quién es ese espectador? ¿Adultos?

Claro, pero también niños. Ese niño, por ejemplo, que ve muchos títeres, ve muchos espectáculos infantiles, porque en Salta los hay, cuando llega a la adolescencia se encuentra con un vacío. Entonces, ya no sigue viendo de la misma manera como veía cuando era niño. Y bueno después el adulto ha cambiado mucho, tenemos muchísimos medios de comunicación, diferentes. Estos últimos años se ha modificado todo, es bastante dificultoso, no hablo solo de Salta, todo el país es así... Es una competencia fuerte.

¿Qué se necesita para producir una obra?

Se necesita gente que sepa de iluminación, de sonido, para construir una obra cuando uno imagina algo, y un guionista, manipuladores, actores. Un espacio donde realizarlo, es muy difícil conseguirlo... un espacio donde ensayar porque se requiere de un entrenamiento del cuerpo, de la voz, se requiere un ensayo de la obra. Digamos que confluyen muchísimas disciplinas para poder realizar una obra de teatro, una obra de títeres... un artista plástico. Nosotros vamos tratando de que nuestro espectáculo tenga esos ingredientes, entonces a nuestros muñecos los encargamos a una artista plástica porque son los que saben, y después nos hacemos asesorar, pedimos asistencia técnica al Instituto del Teatro y entonces podemos pedir el asesoramiento de un director que nos mire la obra, de alguien que nos enseñe a manipular determinados muñecos, podemos buscar a alguien que nos enseñe a trabajar la voz para poder llegar a un buen producto.

¿Cómo se traslada ese trabajo previo a un centro vecinal, a un baldío?
Nuestro teatro de títeres cabe en dos valijas, llevamos los muñecos... y, bueno, hay titiriteros que tienen una valija y un retablo. Nosotros tenemos nuestro retablo y dos valijas, y necesitamos un espacio de tantos metros, tanto de altura, el largo y ancho, y ahí armamos todo. Nuestra obra requiere por lo menos de una hora y media de armado. Llevamos el sonido también, y las luces incorporadas al retablo. Se crea un mundo, esa posibilidad de crear un mundo... porque llegamos con las valijas y a veces están los chicos ahí y les decimos que vayan a jugar y que vengan y encuentran todo armado. Inauguramos un mundo para ellos y para nosotras. Es muy halagador desde ese punto de vista, tener la posibilidad de crear por lo menos una hora de magia. Y detrás de eso hay mucho ensayo, horas de preparar y desarmar todo eso.

¿Se estudia títeres en Salta?

Títeres específicamente no. En Tucumán hubo. En Salta hay talleres, o uno pide por ejemplo asesoramiento, o pide una beca al INT y puede viajar a Tucumán, a Buenos Aires, a Córdoba para hacer talleres... pero en forma institucional, no. No existe. Entonces la formación es informal. Y bueno, la formación tiene que ver con la de actor, pero en la manipulación carecemos de esa enseñanza. Actuación sí, viene gente a dar clases de dirección. Pero de títeres, de manipulación, no.

¿Están asociados en alguna entidad provincial, nacional?

A nivel nacional sí, pertenecemos a Unima Argentina. Unima es una asociación a nivel internacional, que nace en Francia, y hay titiriteros de todo el mundo y nos dan un carnet que dice: “manipulador”. Es muy gracioso (risas). Uno es “manipulador internacional”. Y hay muchas reuniones a nivel provincia, siempre hay un movimiento bastante grande como para poder trabajar en esta profesión. Porque, en realidad, el titiritero es una profesión que va por otro lado. Yo siento como que uno siempre va por otro camino y tiene ese camino una cantidad de festivales que no están publicitados, que, si uno no está en ese campo, en el campo del títere, muy difícilmente lo conozca. El teatro está mucho más visibilizado, pero el títere no. Y tiene una cantidad de actividades. El otro día hicimos un festival organizado por Tucumán, cosas que no aparecen en los medios de comunicación. Entonces sigue siendo una actividad que va por otros caminos, y a mí me encanta que sea así, porque de alguna manera es una actividad artesanal también. La mayoría va con sus retablos, sus propios títeres, su propia obra. Digamos no entró la industria, sigue siendo artesanal, y me encanta ese lugar.

Si un adolescente quiere aprender, ¿cómo hace?

No sé si en este momento están dando talleres. Yo, en una época, daba talleres en la universidad; durante muchos años con otro titiritero dimos títeres, pero para adultos, para docentes. Me parece que para niños no, salvo en escuelas que tienen proyectos para títeres y que buscan a titiriteros, ellos van y dan clases. Hay escuelas con esos proyectos y contratan titiriteros.

Tienen en agenda presentaciones... 


Teníamos funciones con Cultura Nación, que nos convocó para junio y, bueno, no las pudimos hacer a las funciones por la pandemia. Se había puesto bastante feo en Salta. Y ahora nos han vuelto a llamar para enero, pero bueno, no sabemos qué va a pasar. Nosotros generalmente armamos proyectos para ir a escuelas durante el año; pero en este momento no sé. Estamos paralizadas, esperemos que esto se abra y lo podamos hacer...

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