La América de Xiomara

La victoria de Xiomara Castro, la nueva presidenta de Honduras, fue saludada con entusiasmo por Cristina Kirchner, quien probablemente cree en la posibilidad que se trate de un triunfo en el sueño de revivir "el socialismo del siglo XXI". Dos lazos unen a ambas mujeres. En 2009, el esposo de Xiomara, Manuel Zelaya, era presidente por el tradicional partido Liberal; quiso forzar una reforma constitucional para posibilitar la reelección, pero fue depuesto y exiliado. Cristina no solo apoyó a Zelaya y condenó el golpe, sino que en 2013 también fracasó en su propio intento de reforma constitucional y, aunque no fue depuesta, fue sucedida por Mauricio Macri a quien, se recuerda, no quiso entregar los atributos de mando. Como a Zelaya, y también a Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales, a Cristina no le faltaron gestos de vocación absolutista y hegemónica.

Aunque el proyecto bolivariano demostró ser un delirio, la descomposición de los partidos tradicionales y la grieta social siguen atravesando a América latina, como ocurría cuando nacía el chavismo. Y la experiencia cubana, aunque crujiente, sigue siendo un fantasma que recorre la región.

En febrero, el prestigioso Real Instituto Elcano anticipaba que "en Honduras ... e abre un nuevo tiempo, ya que Juan Orlando Hernández (2013-2021), que en 2017 forzó la Constitución para conseguir que las autoridades judiciales y electorales permitieran su reelección, no repetirá en el cargo..... El país, polarizado desde la caída de Manuel Zelaya en 2009, se fracturó aún más".

El partido Libre, que ungió presidenta a Xiomara es una coalición de los restos del partido Liberal (que se fracturó cuando cayó Zelaya).

El otro lazo entre Cristina y Xiomara es la relación política de esta última con su marido. Muchos se preguntan quién tendrá el poder real, como ocurrió con la ex presidenta argentina y su marido, Néstor, y como ocurre ahora entre ella y Alberto Fernández (aunque los últimos dos meses, la relación caótica sumó dudas a las dudas).

Xiomara Castro se suma a una época donde el futuro de América latina luce pletórico de malos augurios.

Honduras tiene 9.900.000 habitantes, de los cuales unos 800.000 emigraron a EE.UU.; la pobreza se estima en un 60% y la pandemia dejó un saldo de 380.000 contagios y 10.500 muertos por COVID.

En este escenario el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras denunció graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la pandemia. Acusan al gobierno de Hernández por "una situación de militarización y violencia antes de la llegada de la pandemia" y por una cuarentena brutal que implicó más de 80.000 detenidos, "una restricción de garantías: se suspendió la libertad de expresión, se habilitaron detenciones por más tiempo del permitido por la ley y se convocó al Ejército a cumplir todo tipo de tareas de seguridad interna ". (Remembranzas de nuestro Gildo Insfrán). También denunciaron la desaparición forzada de al menos 17 personas.

Al conocer su victoria, Xiomara expresó la consigna guevarista: "hasta la victoria". Es probable que busque encolumnarse con las corrientes regionales de izquierda, algunas en los gobiernos de sus países, aunque resulta poco imaginable que quiera tomar el mismo rumbo que Maduro u Ortega. Pero algo es indudable: un nuevo triunfo opositor, en una América en crisis estructural, matriz de la pobreza y el aislamiento y potenciada por los antagonismos que la dividen y la utopía de construir coaliciones para el desarrollo, basadas en objetivos comunes y no en quimeras ideológicas.

 

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