Actores octogenarios en acción: los auténticos vencedores del tiempo y de los perjuicios

 
Con esa sabiduría que suelen tener los dichos hay uno que asegura “Viejos son los trapos”. No se puede negar que vivimos en una cultura donde existe un verdadero endiosamiento a la juventud. Alcanza con mirar los avisos de empleo para comprobar que la edad más que una situación es una frontera infranqueable. Esta “cultura del descarte” -como la denomina el papa Francisco- separa a los seres humanos en categorías. Los que no cumplen los requisitos que impone la cultura estándar son, sistemáticamente, invisibilizados. El de los adultos mayores es uno de los grupos de “descarte”. Sin embargo, hay octogenarios que demuestran que edad es la que se siente más que la que indica la partida de nacimiento.
El 31 de mayo, Clint Eastwood cumplió 91 años y lo hace con 42 películas como director y 71 como intérprete. En los 60 brilló como una estrella taquillera en spaghetti-westerns. En los 70 con Harry el Sucio, reinventó el género policial. La consagración como director llegó en 1992 con Los Imperdonables, ese western incómodo que ganó varios Oscar. Desde entonces no convierte “todo lo que toca en oro”, pero sí en obras maestras.
En Netflix se acaba de estrenar la tercera temporada de El método Kominsky, una serie indispensable a la que cualquier elogio le queda chico. Los protagonistas de la primera y segunda temporada son Michael Douglas y Allan Arkin. Uno cumplió 76 y el otro, 87. Al ver al protagonista de Atracción fatal, impacta su rostro surcado de arrugas. La impresión dura apenas unos segundos, porque luego uno comprende que el actor está más vigente que nunca. En la segunda temporada, Jane Seymour vive un romance con Arkin. Lo interesante es que la actriz tiene 70 años o sea no es una jovencita 35 años menor que enamora y “revitaliza” al hombre. 
En esta tercera temporada se sumó Kathleen Turner. En los 80 su físico imponente ratoneó a medio planeta, pero una artritis reumatoidea devastó su cuerpo. También realiza una participación Morgan Freeman que llegó a los 84. En una escena representa un duelo actoral con Douglas. Los alumnos de la ficción los aplauden y los espectadores reales, también.
No son los únicos vitales. Anthony Hopkins, con 83 años, se convirtió en el actor de más edad en ganar el Oscar, en la categoría principal, por El padre. Diane Keaton, con 75, acaba de protagonizar con Jeremy Irons de 72, Amor, bodas y otros desastres. El guión no es gran cosa, pero ellos lo encaran con tanta soltura que transforman lo que podía ser un proyecto digno de hundimiento en otro que no solo sale a flote sino que además llega a buen puerto. Diana Keaton fue una de las primeras que marcó rumbo cuando en Alguien tiene que ceder, enamoraba a Jack Nicholson que hacia de marido de su hija. Hay que estar muy bien plantado en la vida o ser muy sabio para animarse a elegir ya no alguien que nos recuerde lo que fuimos sino un par que comparta lo que somos.
Si hablamos de actores legendarios que siguen dando cátedra aparecen Robert Redford y Jane Fonda. Él ya cumplió los 84 y ella, los 83. Hace dos años protagonizaron Nosotros en la noche, una historia de amor de esas que no hacen que saques un pañuelo pero sí que pidas “por favor, que me toque vivirla”. A los 82, Redford dirigió y protagonizó Un ladrón con estilo. Allí se lo puede ver con su rostro lleno de arrugas, una cabellera de color dudoso y cierto temblequeo. Hasta que sonríe con esa chispa única que solo tienen los que eligen la vida.
La italiana Sophia Loren cumplió 86 y el año pasado volvió a ponerse delante de las cámaras para protagonizar La vida por delante. Allí volvió a demostrar por qué es “la” Loren.
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