Las emisiones de la ganadería en la mira

En el Congreso Aapresid 2021 “Siempre vivo, siempre diverso”, la ganadería ocupó un importante espacio en las disertaciones. En particular, se hizo énfasis en la sustentabilidad de la producción pecuaria. En los últimos tiempos a la ganadería se la está viendo como la mala de la película. Para derribar mitos y demostrar que no es tan así, María Beatriz “Pilu” Giraudo, presidenta Honoraria de Aapresid, presentó Frank Mitloehner, del Clear Center UC Davis, quién arrancó la conferencia diciendo: “Hay una gran confusión sobre la comparación de alimentos y su contribución en generar más emisiones de gases de efecto invernadero, y eso no es justo, porque 1 kilo de carne tiene más nutrientes que los tomates o las bananas”.
Mitloehner explicó que los gases de efecto invernadero (GEI), como el dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N2O), el metano (CH4), entre otros, retienen el calor de la atmósfera generado por el sol, elevando la temperatura del planeta. Esa “frazada muy gruesa” tiene implicancias en el cambio climático, ocasionando grandes catástrofes, sequías extremas, inundaciones, etc., afectando, no sólo a los productores agropecuarios, sino a todos los ciudadanos.
“A la ganadería se la responsabiliza del calentamiento global del planeta por la generación de CH4. Hay movimientos que proponen eliminar la ganadería y por ello hay grandes debates a nivel mundial. Hay aspectos que hay que entender para comprender que eso no es cierto”, dijo el investigador norteamericano. El CH4 se produce por la eructación de los animales y el estiércol, y es el talón de Aquiles de la agricultura y la ganadería. 
Estudios indican que el mundo libera, por distintas fuentes, 560 Teragramos (Tg) de CH4 a nivel mundial, pero no se tienen en cuenta los sumideros que representan 550 Tg, de la diferencia sólo quedan 10 Tg, con lo cual hay un proceso de eliminación en la atmósfera. Otro punto a favor, es que se destruye en 10 o 12 años y este proceso no es considerado.

Vacas y automóviles

Muchas veces se compara a las vacas con automóviles, pero son diferentes las emisiones. Y para entender que no es lo mismo, el disertante explicó el ciclo biogénico del carbono. A partir de la fotosíntesis, las plantas toman el CO2 de la atmósfera y la transforman en carbohidratos, almidón, etc., el animal consume ese CO2 y lo elimina como CH4. Ese carbono nuevo que se agrega a la atmósfera es reciclado y transformado nuevamente. “Lo que liberamos a la atmósfera vuelve al suelo”, resaltó. 
En el caso de los combustibles fósiles, cada día que se conduce un auto se liberan grandes cantidades de CO2 y eso es acumulativo. Para graficarlo mejor, dio el ejemplo de dos baldes que se llenan con agua, uno tiene un desagote y el otro no, el primero va a mantener en niveles constantes y el otro va a rebalsar, lo mismo ocurre con el CH4 y el CO2.
Otro punto de discusión es cómo se mide el CH4. Comúnmente se utiliza el GWP (Global Warming Potential o potencial de calentamiento global) y está mal porque sobredimensiona los valores y la buena noticia es que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) lo ha reconocido.
¿Podemos lograr una reducción de metano?, se preguntó el disertante, a lo que respondió que sí. La producción de biogás a partir de estiércol es una alternativa, dijo, y comentó que en California hay incentivos de bonos y en muchos establecimientos del sector lácteo lo están implementando con reducciones de hasta el 25 % y con un retorno económico.

Demanda de alimentos

Un desafío que enfrenta el mundo es el aumento de la población y la consecuente demanda de alimentos. En ese sentido, manifestó que hay mucho que mejorar y las clave es ser más eficientes. Por un lado, hay que reducir la comida que se tira, el 40 % de todos los alimentos que se producen en EE.UU. no llegan al consumo. 
El otro camino es aumentar la productividad por unidad de superficie. En el caso de los animales, hay que mejorar la genética, la calidad de la dieta y la sanidad para lograr más kilos de carne y litros de leche por cabeza, con esa lógica habrá menos vacunos para producir más. Lo mismo pasa con los cultivos, dijo.
¿Hay que cambiar lo que comemos, tenemos que ser vegetarianos o veganos para salvar al planeta y reducir la huella? Es una cuestión recurrente y para responderla, el investigador indicó que un avión en un vuelo de EE.UU. a Europa emite 1,6 toneladas de CO2, y una persona debería ser totalmente vegano por 2 años para compensarlo. Otra cosa que pasa con los vegetarianos es que no mantienen esa elección con el tiempo, estudios demuestran que el 80 % claudica al año. Por otra parte, si todo el mundo dejara de comer carne, sólo se reduciría un 2,5 % el CH4.

Sistemas de producción

Abriendo el espacio de consultas, Pilu Giraudo preguntó si hay distintos niveles de emisión en sistemas de producción de carne a pasto y feedlot. Respecto a eso, el especialista dijo que en el campo las vacas consumen más celulosa, elevando el número de microbios que la degradan, por ende, mayor liberación de CH4. El ganado de feedlot genera menos, pero también hay que producir el grano de maíz que consumen. Por lo tanto, el resultado final es similar. La diferencia está en el tiempo que lleva alcanzar el peso de faena en uno y otro caso, de 26 a 30 meses en el primero versus 16 meses en el segundo. “Los animales alimentados en feedlot, viven menos, comen menos y eructan menos”, argumentó.
Luego, comentó que mucho se está avanzando en el desarrollo de aditivos incorporados a la dieta para contrarrestar la producción de HC4, en Australia y Nueva Zelanda están trabajando para generar vacunas para evitar el gas, inhibiendo entre un 10 % y 50 %.
Como reflexión final, Frank Mitloehner dijo que la ciencia basada en el conocimiento es clave para informar a los consumidores. “Difundir esta información es fundamental”, concluyó.
 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de El Tribuno Campo

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...