Laura González, ante un desafiante porvenir de actriz

“Cada uno cumple el destino que le toca, y desea el destino que desea; ni cumple lo que desea, ni desea lo que cumple”, advertía Ricardo Reis, uno de los heterónimos de Fernando Pessoa. En septiembre de 2018 Laura González empuñaba el cetro de reina de los estudiantes del departamento General San Martín y atrapaba el interés del público y de la prensa por varias singularidades. Hija de un criollo y una wichi, oriunda de General Ballivián, con una opinión formada sobre los concursos de belleza, el rol de la mujer en la sociedad y el orgullo por su ascendencia indígena. En aquel momento residía en la comunidad Quebrachal y cursaba el sexto año en la Escuela de Educación Técnica N° 3153 de General Ballivián, cuya página de Facebook aún tiene de portada la noche consagratoria de Laura (el 15 de septiembre de 2018), rodeada de sus princesas. 
“Mi verdadera vocación es la medicina. Quisiera ser médica para ayudar a mucha gente”, afirmaba con convencimiento la joven, escolta de la bandera y segundo promedio del colegio, cuando la entrevistaban durante la conferencia que ofrecieron las candidatas en Salta Capital. 

Laura, cómoda en una sesión de modelaje en la que nada como pez en el agua. Gentileza de Carolina Vera

Pero “el destino nos dispone y ahí quedamos. Que la suerte nos tenga puestos, donde tuvimos de serlo”, susurraría de nuevo Reis. Y pronto su belleza demudada, de rasgos finos y ojos de sabia, captaría la atención de la diseñadora salteña Roxana Liendro. Ella la tentaría para posar en una campaña de su colección cápsula “Mi Aldea”, en diciembre de 2019, y también para la presentación en pasarela en la Casa de la Cultura en enero de 2020. Luego la contrataría como modelo de workshop en la Escuela de Artes y Oficios en julio de 2022. Y ahora para la sesión que ilustran estas páginas, una colección performática de Santos Liendro captada por la fotógrafa Carolina Vera. “Podríamos decir que es nuestra Yalitza”, sintetizó Roxana, haciendo referencia a Yalitza Aparicio Martínez, la actriz y maestra de jardín de infantes mexicana que saltó a la fama en 2018 por su debut en la película “Roma”, de Alfonso Cuarón, y que por esa actuación ganó un Oscar en 2019. “Santos Liendro viene trabajando en el reconocimiento de sus raíces desde hace un largo tiempo. Es por eso que cuando la vi por primera vez pude cerrar un poco más fuertemente esta imagen en la que vengo indagando. Su mirada fuerte, firme y, a la vez, melancólica, su simpleza, su paz, su tranquilidad hacen de ella una inspiración al 100%, esa conexión que venimos buscando desde el respeto hacia nuestras raíces”, describió.

La mirada sin tiempo de Laura atrae a los realizadores audiovisuales. Gentileza de Carolina Vera.

Otro hito en la carrera de Laura como modelo se fechó el 29 de mayo de 2019, cuando participó del Six O’Clock Tea, un evento fashionista con diez años de tradición, creado por Carminne Dodero, que se realiza en Buenos Aires. Con comodidad y soltura Laura pisó la pasarela de este desfile benéfico que suele reunir el glamour de los diseños nacionales. Y se destacó mucho.
Pero los paralelismos con Yalitza -invocados por Roxana Liendro- no quedarían solo en la segregación que históricamente se les ha dado a los pueblos indígenas en México y Argentina, ni en el acto de supervivencia ante la marginación y la pobreza, o en la historia de desarraigo que probablemente fueron savia del árbol familiar de ambas. Sino que Laura, desanimada por el cursado irregular de la carrera de Medicina en la UNSa durante la pandemia, se inclinó por el Profesorado de Nivel Inicial, que está llevando a buen ritmo. Además, a su residencia en Vaqueros le llegó una propuesta que la sorprendió y que la puso en una senda insospechada. 

La diseñadora Roxana Liendro y su asistente, Cecilia Pérez, acomodan el outfit de Laura en una reciente producción fotográfica. Gentileza de Carolina Vera. 


La realizadora audiovisual salteña Daniela Marinaro -en el rol de asistente de casting de Verónica Souto y María Laura Berch para la película de Netflix “Pipa”, del director Alejandro Montiel- contactó a Laura hace un tiempo para invitarla a participar de la selección del personaje de Samantha Sosa. En el argumento esta joven es una víctima de femicidio en La Quebrada, un pueblo ficticio norteño adonde fue a vivir Manuela “Pipa” Pelari (Luisana Lopilato) con su hijo Tobías (Benjamín del Cerro) para cambiar radicalmente de vida. “La indicación del director para Sami es que querían una belleza originaria, que fuera de la zona. Y Vero me dijo que me fijara si conseguía a alguna chica que hubiera ganado algún concurso de belleza”, precisó Daniela. Ella halló en Google las notas que le habían hecho en su momento a Laura como reina estudiantil y el contacto resultó sencillo, porque la joven tiene incesante actividad en las redes sociales. Pasó etapa por etapa de la selección hasta que se hizo con el papel. 
Su actuación, de una naturalidad y entrega pasmosas, fue de lo mejor entre lo que muchos calificaron como un compendio de sobreabundancia de temas abordados, disonancias entre actores profesionales y principiantes y un intento fallido de denuncias sociales que quedó en gestos. Marinaro, siguiendo su instinto, llevó a Laura a protagonizar “Sacha Sandía”, un cortometraje de la directora de cine salteña para Historias Breves, que se filmó en abril de este año y aún no tiene fecha de estreno.
“Fue un placer hablar con Laura, pasarle la historia, que la viva tan en carne propia y que esté tan interesada en participar. Siempre me dijo que se sentía muy representada por la historia que iba a filmar. Verla en cámara y ver lo que son sus actuaciones es un placer. La presencia de ella en la cámara le da una sensibilidad, una humanidad y una verdad a lo que hace que es muy linda”, destacó. 

La protagonista

Laura González es una voz dulce y diligente del otro lado del teléfono. Maravillada con lo imprevisto de su nueva notoriedad. A pesar de las reticencias de los críticos con “Pipa”, el cierre de la trilogía sobre la policía Manuela Pelari, iniciada con “Perdida” (2018) y continuada en “La corazonada” (2020), viene rindiendo altos niveles de audiencia desde que se estrenó el 27 de julio pasado en Netflix. En este largometraje Laura no es la única salteña. 
El personaje de la amiga de Samantha, María Segovia, es interpretado por Mercedes Burgos, quien en 2014 encarnó a Isabel en “La niña de los tacones amarillos”, la ópera prima de Luján Loioco, fue nominación a los Premios Cóndor de Plata como Revelación Femenina y que ahora se radicó en España. 
Laura considera a Burgos algo más que una gran compañera de set y destacó durante la conversación con este medio la ayuda que recibió de su “compatriota” en las diez semanas de grabación. “Me daba consejos y fue una linda relación de trabajo la que tuvimos, pero también de amigas, ¿no? Si se pudiera decir eso...”, atenuó lo dicho con su característica humildad. Añadió que en el rodaje las personas participantes superaron las 400 y que esto le dio una dimensión del proyecto en el que se había embarcado. 

Aunque el rodaje insumió diez semanas, la preparación del filme demandó siete meses más, en los que Laura debió dedicarse de lleno a una preparación exprés. “El desafío era justamente el no ser actriz. Al principio me costaba entender al personaje, pero lo logré con la ayuda de mi coach Agustina Soutullo”, refirió. Le tocó interactuar con la consagradísima Inés Estévez (Etelvina Carreras), Malena Narvay (Mercedes “Mecha” Carreras) y Aquiles Casabella (Cruz Carreras). Con la protagonista principal, Luisana Lopilato, solo comparte una escena nocturna, en la que ambas se miran unos instantes. Se vuelve a interponer Yalitza en el relato. Es conocido que la mexicana ha rechazado roles de artesana indígena o de trabajadora del hogar que le propusieron para encorsetarla en un molde que la asfixia. Laura contó que también se pregunta aquello de ser “de raza”. “En los medios siento que me están encasillando en algo que todo el mundo sabe: que mi mamá es de una comunidad; pero no dicen que mi papá es criollo. Entonces, soy una cruza entre dos razas. ¿No?”, señaló. Añadió que trabajar entre artistas tan reconocidos fue impensado. “Fueron muy buenos conmigo y fue muy lindo que me traten como lo que soy: una persona, porque hay mucha gente que es cruza como yo y a la que no se le da el lugar que merecen o se la encasilla en un solo lugar”, expresó. Y desde su resiliencia como víctima de bullying en contexto escolar, destacó que entre tanto odiador de las redes sociales y críticas favorables, para capear el momento de “estar en la vidriera” hace pie en la esencia que le imprimió su familia, formada por sus padres y tres hermanos. “Aprendí de mi mamá a luchar y a tener perseverancia y de mi papá a valorar lo que tengo. En una escuela criolla siempre me hacían bullying, porque mi mamá era de una comunidad y yo tenía sangre indígena, y esto precisamente me llevó por el camino que elegí y en el que nunca esperé estar: acá. Digamos que nunca soñé ser actriz. Solo se dio hacer el casting y me quedé con el papel. Ahora estos días creo que me queda disfrutar”, afirmó. Y agregó que seguirá aprendiendo de todas las oportunidades que se le presenten en la actuación y el modelaje. “Creo que cada uno nace con un talento, ¿no? Yo la verdad es que no pensaba de esa manera hasta que una chica en mis redes sociales me dijo que lo viera como un regalo vida”, cerró y en ese aliento liberó su destino, en conformidad con Reis que, otra vez, diría: “No tengamos mejor conocimiento de aquello que nos cupo, que nos cupo. Cumplamos lo que somos, nada más nos es dado”.


 

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