“Es una deuda que tenemos como sociedad”, dice al comenzar la entrevista Roberto Durán, el presidente de la Red Argentina de Personas con VIH (Redar). “Debemos entender que quien vive con VIH, es alguien normal”, completa.

La discriminación, el miedo, la falta de información y el prejuicio terminan siendo las barreras más difíciles de derribar para quienes viven con VIH.

“En estos treinta años se han logrado grandes avances en todo lo que refiere a lo medicinal. Sin embargo, aún queda mucho por trabajar, sobre todo en lo que tiene que ver con la discriminación”, expresó Roberto Durán. “Tengo VIH, pero no soy un peligro para la sociedad”, sentenció. Es que muchas veces, quienes están infectados, así se sienten.

Y la discriminación está generalizada. Durán dice que el 90% de las personas infectadas están sumidas en la pobreza por no haber podido ingresar al mercado laboral. “Parece increíble que aún hoy pasen estas cosas. Pero pasan. Y en muchos lugares, cuando una persona se somete a un estudio médico preocupacional y aunque esté prohibido por ley, el empleador pide que se realice al potencial empleado un examen de HIV. Si ese estudio da positivo, él no aplicará para el puesto, aunque tenga las aptitudes para desempeñarse correctamente en determinada función”, comentó el presidente de Redar.

Pero hay algo que es aún más triste: la autodiscriminación.

Roberto Durán habló sobre su propia experiencia. Cuando recibió el diagnóstico de VIH se aisló. Dudó en contárselo a sus amigos, se encerró en la soledad de la autodiscriminación. Con el afecto de su familia pudo salir de ese estado y decidir luchar para llevar una vida normal. La fuerza que logró juntar la transformó en trabajo y, entonces, fundó la Red en su provincia natal, Santa Fe. “El apoyo emocional de quienes están más cerca es fundamental, pero muchos no tienen a nadie”, concluyó.

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