Clubes como Unión Aconquija desmitifican y echan por tierra la teoría de que "la billetera más gorda prevalece" y es el arma principal para aniquilar los fantasmas y gestar el ansiado ascenso, aquel que obsesiona y alborota a todo el mundo. Esta humilde entidad que nuclea los sueños de un pequeño poblado de 4 mil habitantes de la Catamarca "profunda" despedaza y desafía las lógicas y los pronósticos con su admirable campaña (tras vencer a Juventud se encamina al ascenso a la B Nacional por primera vez en sus cortos 23 años de vida).
Unión Aconquija cuenta con el presupuesto más bajo de la zona Norte (Gimnasia y Juventud prácticamente lo triplican), tiene 400 socios y se vio obligado a relegar su localía y sus raíces: la Liga obligó al club a dejar su cancha aprobada, en Aconquija y a casi 2 mil metros de altura, para trasladarse a la llana Andalgalá, a 50 kilómetros. El presidente, Octavio Gutiérrez, quien además es secretario de la Vivienda en Catamarca, consensuó con el DT Salvador Mónaco armar un plantel competitivo y austero, "sin estrellas". Tal es así que Pablo Giménez y Juan Pablo Zárate (ambos exalbos) o Raúl Zelaya (salteño formado en Cachorros) son clave en el andamiaje del mejor del torneo.
La palabra "orden", vocablo que deben asimilar mejor los dirigentes del fútbol salteño, es la premisa fundamental en Unión Aconquija, y baja desde el mismo presidente hasta el canchero y el utilero.
"Nuestro presupuesto es bajo. No estamos en condiciones de reforzarnos como San Martín de Tucumán. Pero tenemos a nuestros jugadores concentrados, que reciben el sueldo al día. Tenemos colectivo propio, nuestro estadio y una cancha alternativa. Hay una muy buena organización y eso nos dio la posibilidad de estar donde estamos", le contó a El Tribuno Octavio Gutiérrez, titular del estanciero.

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