PUBLICIDAD

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

Fútbol después de los 35: cómo cuidar el corazón

El cardiólogo Nicolás Igarzabal explicó por qué aumenta el riesgo cardiovascular con la edad, qué síntomas no deben ignorarse y por qué el entrenamiento progresivo, los controles médicos y la RCP pueden ser claves para prevenir una tragedia durante un partido.
Domingo, 11 de octubre de 2026 16:01
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

El reciente fallecimiento del músico salteño Lucas Montanaro, integrante del grupo Canto 4, quien se descompensó mientras jugaba un partido de fútbol, volvió a poner el foco sobre los riesgos cardiovasculares asociados a la práctica deportiva en adultos. A este caso se le suman dos más que ocurrieron bajo el mismo contexto. Primero el de un hombre de 35 años que falleció mientras disputaba un partido de fútbol amateur en Tartagal, y el segundo tiene como protagonista a un hombre de 63 años, el cual perdió la vida después de descompensarse durante un encuentro de la categoría súper veteranos, en la zona de la Circunvalación Oeste.

Más allá de las circunstancias particulares de cada caso y de que una muerte súbita puede tener diferentes causas, ambos episodios vuelven a plantear una pregunta: ¿qué cuidados deberían tener las personas que continúan jugando al fútbol después de los 35 años?

Practicar fútbol y otros deportes después de los 35 años puede ser totalmente compatible con una vida saludable, pero requiere mayores cuidados. En diálogo con El Tribuno, el cardiólogo Nicolás Igarzabal explicó que con el envejecimiento cardiovascular aumenta la predisposición a desarrollar enfermedades degenerativas, entre ellas la formación de placas de colesterol en las arterias.

Estas placas pueden romperse, generar un coágulo y obstruir el flujo sanguíneo hacia el corazón, provocando un infarto. El especialista señaló que, aproximadamente, la mitad de los infartos pueden debutar con una muerte súbita, asociada a una arritmia.

La situación es diferente en personas más jóvenes. En los pacientes de entre 20 y 30 años, los episodios de muerte súbita suelen estar más relacionados con enfermedades congénitas o genéticas, como algunas miocardiopatías, enfermedades valvulares o canalopatías. “Después de los 40 años cambia la prevalencia de estas enfermedades y toman mucho más peso las obstrucciones coronarias por placas de colesterol”, explicó.

Sentirse saludable no significa estar libre de riesgo

Uno de los principales problemas es que una persona puede sentirse completamente sana y, sin embargo, tener una enfermedad cardiovascular que lleva años desarrollándose de manera silenciosa. De hecho, el especialista remarcó que en muchos pacientes el primer síntoma de una enfermedad coronaria puede ser directamente un infarto.

Por eso, recomendó prestar atención a los factores de riesgo: presión arterial, colesterol, glucemia, peso, tabaquismo y antecedentes familiares de infarto o ACV. “Los factores de riesgo son como los numeritos de la lotería: cuantos más numeritos tenés, más probabilidad de ganarte el premio. Y en cardiología el premio nunca es bueno”, graficó.

Los chequeos médicos son una herramienta de prevención

Para quienes practican actividad deportiva, especialmente después de los 35 años, el especialista recomendó realizar controles médicos periódicos. Un chequeo puede incluir análisis de laboratorio, electrocardiograma, ergometría y, cuando corresponde, un ecocardiograma.

Cada estudio permite observar un aspecto diferente del corazón. El electrocardiograma analiza la actividad eléctrica en reposo; la ergometría permite observar la respuesta durante el esfuerzo; mientras que el ecocardiograma brinda información sobre la estructura y el funcionamiento del corazón.

Sin embargo, el especialista aclaró que ningún estudio garantiza que una persona esté completamente exenta de sufrir un evento cardiovascular.

Una prueba de esfuerzo se realiza en condiciones controladas, que no necesariamente reproducen las situaciones de un partido de fútbol: altas temperaturas, deshidratación, falta de sueño, estrés o esfuerzos prolongados.

La recomendación general planteada durante la entrevista fue realizar un chequeo clínico anual, aunque la frecuencia y los estudios necesarios pueden variar según cada persona.

El riesgo de jugar un partido intenso sin entrenamiento

Uno de los escenarios que genera preocupación es el de las personas que llevan una vida relativamente sedentaria durante la semana y concentran un esfuerzo físico intenso durante el fin de semana.

El especialista explicó que los esfuerzos muy intensos en personas no habituadas pueden favorecer eventos cardiovasculares, particularmente cuando existen placas de colesterol. Por eso, la actividad física debe incorporarse de manera progresiva y constante, en lugar de pasar de un estado de inactividad a un partido de 90 minutos a máxima intensidad.

La recomendación general mencionada fue acumular entre 150 y 300 minutos de actividad física semanal de intensidad moderada, adaptada a las condiciones de cada persona.

Alimentación, descanso e hidratación también importan

La prevención cardiovascular no depende solamente del ejercicio. La alimentación también juega un papel importante. El especialista recomendó adoptar un estilo de vida saludable, con una alimentación variada que incluya carnes, pescado, frutas, verduras y frutos secos, además de mantener un equilibrio entre el consumo de alimentos y el gasto energético.

También destacó la importancia de evitar factores que pueden actuar como desencadenantes durante una actividad deportiva, como el consumo de alcohol, la falta de sueño, el estrés y la deshidratación.

Respecto a la hidratación, explicó que no existe una cantidad máxima universal de agua que todas las personas deban consumir, y que las necesidades varían según cada organismo y las condiciones de actividad.

Dolor de pecho, palpitaciones y mareos: las señales que no hay que ignorar

Durante un partido existen síntomas que deberían considerarse señales de alarma. Entre ellos se encuentran:

  • Dolor o presión en el pecho.
  • Fatiga que aparece de manera inesperada o desproporcionada.
  • Palpitaciones inexplicables.
  • Falta de aire fuera de lo habitual.
  • Mareos.
  • Sensación de desmayo o desvanecimiento.

Un dolor torácico opresivo, especialmente si se acompaña de sudoración o se irradia hacia el brazo, los hombros o la espalda, requiere una evaluación médica para descartar un evento coronario.

La falta de aire, en cambio, no necesariamente significa que exista una enfermedad cardíaca: también puede deberse al sobrepeso o al bajo estado físico. Sin embargo, ante la duda, la recomendación es consultar.

Un desmayo durante el deporte nunca debe minimizarse

El desmayo puede tener múltiples causas. Puede producirse por una caída de la presión arterial o un reflejo vasovagal, pero también puede ser consecuencia de una arritmia o de una enfermedad cardíaca preexistente.

Por ese motivo, el especialista recomendó actuar ante un desmayo como si se tratara de una situación potencialmente grave hasta determinar cuál fue la causa.

Lo mismo ocurre con los mareos durante el ejercicio: no deberían ser ignorados, especialmente si aparecen junto con otros síntomas.

La muerte súbita: cuando la reacción rápida puede salvar una vida

La prevención individual es solamente una parte del problema. El entorno deportivo también debe estar preparado para responder ante una emergencia.

Cuando ocurre una muerte súbita, el tiempo es determinante. La posibilidad de supervivencia disminuye rápidamente si no se inicia una reanimación cardiopulmonar.

Doctor Nicolás Igarzabal

Por eso, el especialista destacó la importancia de que clubes, ligas y entidades deportivas cuenten con desfibriladores externos automáticos (DEA).

Estos dispositivos analizan el ritmo cardíaco y, cuando corresponde, indican al operador cómo realizar una descarga. Además, proporcionan instrucciones para continuar con las maniobras de reanimación.

“Es como tener el teléfono prendido y con el 911 del otro lado”, explicó para graficar la facilidad de utilización de estos equipos.

Saber RCP debería ser un conocimiento básico

Más allá de contar con un desfibrilador, el especialista consideró fundamental que las personas sepan realizar maniobras básicas de reanimación cardiopulmonar.

La compresión torácica y la respiración forman parte de las maniobras fundamentales para mantener con vida a una persona mientras llega la asistencia médica.

En ese sentido, sostuvo que estos conocimientos deberían enseñarse desde la escuela y no limitarse únicamente a los integrantes de los equipos deportivos.

En un plantel amateur, consideró que al menos el capitán, el entrenador y el cuerpo técnico deberían estar capacitados para actuar frente a una emergencia.

“La reanimación inmediata nos da tiempo a tomar medidas más avanzadas, pero si no tenemos la reanimación básica, nunca vamos a poder llegar a esas medidas”, explicó.

Las ligas también tienen una responsabilidad

La exigencia de estudios médicos para habilitar a los jugadores a competir fue considerada por el especialista como una medida fundamental.

El objetivo no debería ser cumplir simplemente con un requisito burocrático, sino detectar condiciones que puedan representar un riesgo para el deportista.

“Lo que está haciendo no es un trámite burocrático para que me dejen jugar. Me estoy cuidando a mí y al resto de mi equipo”, sostuvo.

Además, destacó que la prevención debe involucrar tanto al jugador como a las instituciones, que deberían contar con los recursos necesarios para responder rápidamente ante una emergencia.

Seguir jugando después de los 40, 50 o 70 años

La edad por sí sola no significa que una persona deba abandonar la actividad deportiva. Sin embargo, a medida que pasan los años aumenta el riesgo cardiovascular y, por lo tanto, también la importancia de los controles y de mantener una actividad física constante.

La recomendación central del especialista fue evitar el esquema de permanecer inactivo durante la semana y concentrar todo el esfuerzo en un partido el fin de semana.

Para quienes quieren seguir jugando durante décadas, la clave está en combinar actividad física regular, controles médicos, alimentación saludable, descanso adecuado y conocimiento de las señales de alarma.

Pero también existe una responsabilidad colectiva: que quienes rodean al deportista sepan cómo actuar ante una emergencia.

“La prevención es el autocuidado de la persona, pero no está exenta de fallas. Para esas situaciones, el conocimiento de cómo hacer RCP y tener los medios para hacerla son fundamentales”, concluyó.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD